Denys San Jorge rescata todo el pasado de Cayo de la Rosa

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Denys San Jorge Rodríguez puede viajar en el tiempo. El escritor Miguel Terry Valdespino lo llamo una vez pintor arrepentido, suponiendo el posible abandono del caballete por una empresa de físicos y astrofísicos. El concepto de desplazamiento hacia delante o atrás en diferentes puntos del tiempo, así como lo hacemos en el espacio parece cosa de locos o de coloquiales esquizofrénicos, más si se trata de un cubano.

La cuestión es que Denys ha estudiado tanto el pasado causal en el relativo presente causal que hasta se ha propuesto definir un probable futuro causal, sin ser fanático de H. G. Wells, de Isaac Asimov o de Albert Einstein, aunque sí lector de a ratos de Mark Twain y sus disparatadas aventuras de un yanqui de Connecticut en la corte del Rey Arturo, o del Charles Dickens que narró las ensoñaciones del devenir de Ebenezer Scrooge en Canción de Navidad. Continuar leyendo

“Merci, ¿café?”

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Serafina Hernández Rodríguez empezó a limpiar su mundo desde muy temprana edad. Agarró su primer escobillón en el año 1987, y desde entonces no ha dejado de barrer. Su filosofía, el sentir común; su meta, el bienestar social; su vicio, el café.

Merci, como cariñosamente la llaman los vecinos, se levanta todos los días de lunes a sábado a las cuatro de la madrugada, y ya a las cinco está arañando la calle hasta la media mañana. Luego en la tarde, pasada la una, se incorpora en otra sesión de trabajo, pero menos ardua.  Comentaba medio en broma, medio en serio que “a veces remolonea un poco y empieza más tarde porque así ya la gente está despierta y puedo saludar y hablar un poquito”. A ella le entusiasman los saludos mañaneros.

Recibe un par de guantes cada seis meses y el escobillón se lo cambian a cada rato. Se adorna con un pañuelo en la cabeza, se cubre bien todo el cuerpo con botas de gomas o de material, en dependencia de la lluvia y el clima, y luce además una prenda que le cubre la boca y la nariz protegiéndola de posibles infecciones o de alguna fetidez amarga. Lleva en su carro de hierro dos sacos para esconder todo lo que recoge y lo maneja con la destreza que forja la experiencia. Es como si Merci en vez de salir a trabajar saliera a pasear.

No es que el trabajo de un barrendero sea aburrido, sino que es socialmente útil y en Candelaria, los pobladores han sabido concientizarse al respecto y respetan la labor que hacen hombres y mujeres como Serafina, quien ha sido reconocida muchas y nunca suficientes veces por la Asamblea Municipal del Poder Popular, y por la circunscripción que atiende.

Por el esfuerzo que realiza desde hace 30 años y por la calidad de su trabajo ella es la encargada del casco urbano, unos cinco mil 500 metros cuadrados que contienen al parque, y a las principales instituciones políticas y de gobierno locales. Todo el mundo quiere que sea Merci quien barra su calle, aunque de ella los demás trabajadores del sector de comunales de Candelaria ha aprendido que la sistematicidad y la entrega hacen valedero el trabajo, por eso bien pudiera nombrarse a Candelaria municipio destacado en el cuidado y mantenimiento de la limpieza.

“Los días de fiesta son los peores, por el reguero que se arma, pero yo me levanto a las tres para que cuando salga el sol sea menos el trabajo y para que la basura no se acumule”, cuenta Serafina, una mujer que ha logrado con su espíritu jovial, su carisma de veinteañera, la dedicación y el respeto por los demás ganarse más de un buche de café todas las mañanas cuando sale a limpiar el mundo que comparte con los demás.

 

 

 

Dique sur: prioridad número UNO

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Los viernes de cada semana se realiza en el Consejo de la Administración Provincial de Artemisa la reunión de evaluación de los avances en la rehabilitación del Dique Sur, una prioridad dentro del plan anual de cada territorio e institución asociada a esta labor.

La obra Dique Sur se construyó entre 1985 y 1991. Alcanzó una longitud total de 51.7 kilómetros a lo largo de la costa desde playa Majana y hasta el surgidero de Batabanó en Mayabeque. El terraplén que lo constituye tiene un promedio de ocho metros de ancho, y una altura puntal de un metro sobre el nivel del terreno para dificultar el escurrimiento de las aguas superficiales hacia el mar, además impide la penetración del mar que parcialmente no se mezcla con el flujo de aguas subterráneas y no provoca su salinización.

El área donde está ubicada dicha instalación constituye una de las zonas agrícolas más importantes de la provincia y del país. Abarca los municipios de Artemisa, Alquízar y Güira de Melena, áreas que sustentan tanto a la población autóctona como a la de La Habana. En esta misma área está dispuesto también el Acueducto Cuenca Sur, uno de los más importantes que abastecen a La Habana.

La Cuenca Sur presentaba como problema fundamental la intrusión salina provocada por la sobre-explotación de las aguas subterráneas en algunas partes de la franja costera.

Es a partir de 2013 cuando se comienzan las acciones de recuperación en el Dique, recuerda el ingeniero hidráulico Reinaldo Casanova que “se comenzó con el desbroce de la maleza para posibilitar el trabajo de topografía e intentar llevar a la edificación a los parámetros originales de diseño.

En la actualidad varias son las problemáticas que afectan su funcionalidad. Algunos de sus 36 vertedores no permiten la salida controlada de agua por estar obstruidos los canales para ello, lo que provoca el escape de grandes volúmenes del líquido fluvial por los laterales del cimacio, y en otros casos sobrepasa la corona del dique.

El agua embalsada convierte a los canales de acumulación en áreas cenagosas, lo que eleva la peligrosidad de este trabajo de recuperación.

Por otra parte, para el cuidado de dicha estructura existe una brigada de mantenimiento menor constituida por solo ocho hombres encargados de mantener la transitabilidad del dique. A pesar de su escaso número de integrantes, ese equipo de trabajo realizó desbroce en tres etapas entre los años 2013 y 2014, evitando que la maleza cubra el dique.

Habría que estar en el lugar para ver la envergadura de una obra que hoy mueve a brigadas de unas seis provincias del país. Según los reportes presentados para el rescate del proyecto a su estado original, en la práctica esa brigada resulta insuficiente si se intenta ganarle terreno a la madre naturaleza.

El rescate del Dique Sur constituye un beneficio a largo plazo en el tiempo que debe ser atendido a corto plazo con las planificaciones económicas anuales de los territorios donde se encuentre y de las empresas de mayor envergadura intrínsecamente relacionadas con el recurso agua.

En la actualidad el trabajo de recuperación se extenderá hasta el 31 de mayo del año en curso. Los objetivos principales trazados por el proyectista de la obra, la Empresa de Investigaciones, Proyectos e Ingeniería del Instituto de Recursos Hidráulicos de Matanzas, el Dique tendrá un ancho promedio de siete metros y aumentará su cima, con roca caliza, a más de un metro y medio de alto que el del estado actual.

En el sur de Alquízar, Luis Ángel Ramos Hernández dirige una brigada compuesta por una de las cuatro retro-excavadoras de brazo largo en el país, un cilindro percutor que según los habitantes locales de Guanímar, “cuando eso trabaja la tierra tiembla”, y la principal maquinaria de una obra de este tipo, una pipa de agua, que según el jefe de obra debe ser la primera en llegar al terreno.

La extensión del beneficio sobrepasa las fronteras provinciales en el terreno y ensancha las posibilidades económicas locales. Con el dique, según especialistas del Grupo de Aprovechamiento Hidráulico de Artemisa, se han podido apreciar efectos directos de mejoría en la salinidad de las aguas al interior de la provincia al aumentar la carga hidráulica subterránea.

Las ciénagas que genera el dique elevan los niveles de agua aprovechable y constituyen una barrera contra la penetración del agua salobre del mar. Esto se ha desplazado en la horizontal tanto que se pueden encontrar zonas pantanosas hasta 16 kilómetros tierra adentro, y en la vertical las cotas de agua subterránea no superan los dos metros para su aparición.

Estos desplazamientos horizontales y verticales combinan el necesario incremento de las reservas de agua dulce aprovechable tanto para el regadío como para el consumo humano. Según investigaciones del Grupo de Aprovechamiento Hidráulico de Artemisa se aprecia al norte del Dique descenso del contenido salino de las aguas, tanto superficiales como subterráneas, de 4 gr/l a poco más de 1 gr/l. Todavía no totalmente aprovechables, pero sí manifiestamente mejoradas.

Los efectos beneficiosos de invertir en el mantenimiento del Dique Sur repercuten tanto en los cercanos pozos utilizados por los campesinos para regadío en áreas agrícolas del sur de la provincia, así como en el abastecimiento de las aguas del acueducto de La Habana.

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Apuntes: Diferencias generacionales…

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No hablamos de diferencias entre generaciones, incluso algunos hasta nos lo prohíben creyendo que como todos somos iguales, siempre hemos sido iguales y ya está, sin embargo, siempre mencionamos como ejemplo a la generación del centenario. ¿Por qué a una generación sí, y la nuestra no? ¿Por qué no aceptamos la existencia de varias generaciones de cubanos, llenas de diferencias? Y la diferencia no creo q sea tan simple como que unos son de la generación Y, otros de la Z, ni tampoco tan simplista como lo es llamar a una en específico generación perdida solo porque no los dejaron actuar en consecuencia. Si no actuaron fue porque estaban ciegos, o por miedo.  Continuar leyendo

Notas: Ley de prensa…

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Serguéi Kara Murza, Manipulación de la Conciencia: “Desde luego en ninguna sociedad puede haber total libertad de expresión, siempre hay algo censurable. Como dijo Thomas Jefferson, ningún gobierno puede existir sin censura, donde la prensa es libre, nadie es libre”.

Karl Marx: “Lejos de ser la ley de prensa una medida represiva contra la libertad de prensa, un mero medio para prevenir con la pena la repetición del delito, lo que debería es más bien considerarse que la ausencia de una legislación sobre la prensa excluye a la libertad de prensa de la esfera de la libertad jurídica, pues la libertad jurídicamente reconocida existe en el estado como ley y solo como ley. Las leyes no son reglas represivas contra la libertad, lo mismo que la ley de los graves tampoco es una regla represiva contra el movimiento, porque, aun cuando como ley de la gravitación ciertamente impulsa los eternos movimientos de los cuerpos en el mundo, como ley, empero, de la caída, se abate sobre mí si la violo y me empeño en danzar en el aire. Las leyes son, antes bien, las normas positivas, luminosas, universales, merced a las cuales la libertad ha ganado una existencia impersonal, teórica, independiente del capricho del individuo. Un código de leyes es la biblia de la libertad de un pueblo.”

(MARX,K. “Debatten über Preßfreiheit und Publikation der Landständischen Verhandlungen”, Rhenische Zeitung, 12 mai 1842 [MEW, Vol. I].)

 

 

La AHS y el futuro de política cultural

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30-ahsNo Tenemos más que nuestras vidas y una inmensa obra por realizar…

                                                                                              Luis Saíz

La Asociación Hermanos Saíz celebró tres décadas de fundada como la organización donde se albergan los jóvenes creadores, artistas y escritores para ejecutar y servir a la política cultural del país. Por ello su papel es también regulador, pues el país dispone de miembros para garantizar la calidad del arte y la literatura cubana.

Dicha organización en Artemisa ensayó, durante todo el año terminado, un repensar estratégico del cual se obtuvieron experiencias de trabajo que guiaran su labor en este 2017.

Sintieron la satisfacción de bañarse en las aguas del deber cumplido, con oleaje externo o marejadas internas según sus necesidades, pero nunca sin ahogar la creación, ni las ganas.

Ahora, más fuertes, retoman aquellos once acuerdos que rectoraron el 2016, tomados en la Asamblea Provincial de la AHS del 19 de septiembre de 2015 en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella del municipio de Caimito. Continuar leyendo

Apuntes: Cuatro estaciones de La Habana (To be continued…)

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perugorria-jorge-cine-cuatro-estaciones-la-habanaEn los momentos en que celebra a La Habana, vuela el dron por la calzada de 10 de octubre, la que me gusta llamar la calzada de las columnas, como la continuación más serpenteante de toda la calzada de Infanta. Allá abajo, por esas estrechas calles donde las máquinas transitan por arriba de la raya amarilla, cercano a La Víbora, por La Palma, o más para el corazón habanero de Centro Habana, están los barrios que divierten a los escritores, esos que utilizó Eliseo Diego, Cintio Vitier, el rey Alejo, o los barbudos Daniel Chavarría y Leonardo Padura. Calles repletas de columnas, portales negros de hollín, vigas explotadas por el óxido, gente que hace mímica con las manos, pasillos hacia solares como barrios independientes, ese es el ecosistema donde los escritores ponen personajes como los cuatro jinetes, o Mario Conde. Tipos que a veces son demasiado hombres que se suicidan por mariconería, o buenos padres de familia, hijos agradecidos, o vagos peleadores que en la luchita encontraron un motivo y también la desgracia. Otros, los secundarios, gente común que pasan toda su vida en silencio sin los 15 minutos de fama a los que supuestamente estamos destinados. En fin, personajes que encarna las historias escuálidas y conmovedoras que se repiten en la ciudad maravilla.

Cuatro estaciones de La Habana es esa serie de ficción que queremos que sea Tras la Huella, o Unidad Nacional Operativa. Pero, en las tres el problema siempre es el mismo: el héroe. El talón de Aquiles, se repite con el ICRT, el ICAIC, o NETFLIX. No hay un principal al que quieras imitar, no hay un antihéroe que te descojone de la risa con sus ironías, no hay un timbalú que ripee el guion como le dé la gana y haga suyo el personaje. Perugurría con unas paradas a lo Brad Pitt no logró adueñarse de “el Conde” de las Cuatro estaciones como uno espera. Mi novia defiende la idea que el tipo para ese personaje era Luis Alberto García, que desgraciadamente hace del flaco, un personaje que en los libros tiene vida propia, y en la serie no es más que un paño de lágrimas.

El policía a lo CSI que uno espera se parece bastante a lo que fue Carlos Enrique Almirante en la serie. Perugurría quedó demasiado Marlowe y cansado. Sigue siendo el sobre explotado y sobrevalorado actor que todo lo gana para perderlo en el camino. Carlitos en su papel de un Manuel Palacios barbudo no concuerda con la moda policial de afeitado y sin patillas, pero tiene la fuerza y la voluntad de la juventud que rellena un poco el gran vacío que deja el dúo. Cuida al Conde precipitadas persecuciones, y hasta se enreda en un sótano con Maikel Yunior (Leo), un fornido narcotraficante que mayorearía al Conde cincuentón sin sobresfuerzos.

Mario Conde, con sus botas de cuero, pantalones de corte recto y camisas remangadas a tres cuartos con descuido representa un sex symbol criollo, solterón, fumador y tomador de sospechosos alcoholes que no hacen espuma. Afiliado de una cofradía de amigos de la generación perdida a la que Perogurría acude como acicate para su carrera actoral. Este Mario Conde se parece cantidad a una pila de cincuentones que conozco, aunque los que frecuento si están casados, o al menos tienen hijos para donar a la tan opacada, desde arriba, lucha generacional.  Todavía me pregunto, ¿por qué Padura creo un Conde tan solitario cuando él mismo lleva un montón de años con la misma mujer? ¿No ha dicho él mismo que el Conde es su Alter ego?

Me molesta de este Conde televisivo sus resentimientos políticos y la vuelta repetida al tema de la generación perdida, algo que convierte en su manido discurso en las disquisiciones políticas semi-filosofales en las que se acababa el ron se dispersaba el grupo y alguna patadita de niño malcriado se soltaba para recordar que en ese momento debía parecer molesto, que el tipo era policía con ganas de ser escritor, no un escritor que ayudaba a la policía. Tenía que ser primero escuálido, después conmovedor. No reírse ante la cámara y repetir consignas de protestón, niño malcriado y bocón. Sí, el Conde de esta serie me pareció infantil.

Presumo que la serie está ambientada en los años ochenta cubanos, antes de la caída en picada de la economía cubana. Si no es así, entonces cómo se explica tanta comida en la mesa de la madre del flaco. La imaginación no puede ser tan poderosa. El Conde literario es más alcohólico, en él todo justificaba un buen trago, casi siempre con el flaco. También presumo ese contexto por el radio que se repite, por las chapas de los automóviles, las balizas de luces en los Lada y lo más determinante, el uniforme policial. Conozco muy bien ese uniforme porque es el mismo que se usaba en la serie Su propia guerra, donde Alberto Camilo Pujol Acosta interpretó quien hubiera sido el Conde que yo esperaba, el Tavo, salvando las distancias entre el investigador y el oficial operativo. Además, mi padre utilizó ese uniforme cuando fue capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el conocido ejército cubano que fuera temido en toda África y respetado en el Medio Oriente. En las charreteras, tienen el mismo escudo entre las ramas de olivo y laurel, las estrellas y la línea roja tejida en el centro que determina los cargos de los oficiales.