La música: el regalo más grande

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Jorge Contreras es un hombre hecho para la música. Él junto a sus hermanos alegraron por mucho tiempo al pueblo de Pipián en el municipio de Madruga. Contreras era el nombre del trío que creó junto a ellos. Aunque la fama nunca alcanzó a estos músicos, la popularidad dentro de su pueblo si hizo que los reconocieran, tanto que la música se convirtió en su modo de vida. 

Hijos de una familia atípica en el pueblo, los Contreras fueron capaces de crear una filosofía de pueblo tan necesaria en esta época moderna. La música ha sido el método escogido por ellos para salir de las rutinas de la vida. Jorge Contreras ofreció estas palabras en su casa azul en la villa de Pipián.    

-¿Cuándo surge el trío Contreras?

Después de la zafra del 70 nosotros nos quedamos casi sin trabajo. La vida era dura sin azúcar. Éramos siete hermanos y todos cortábamos caña. En el 1971 todavía teníamos algunas esperanzas, pero en el 72 hubo que inventar. Entonces al del medio de los hermanos se le ocurrió la brillante idea del trío. Al principio nos llamaban “los cabilleros”. A nadie le importaba nuestra música. Un poco de amor a lo que se hace y una búsqueda constante de la calidad nos hicieron el trío más famoso de todo Pipián.

-¿Qué motivos tuvo su hermano para proponerles la creación del conjunto?

Desde chiquitos mamá cantaba cuando lavaba y en la cocina lo hacía todos los días. Papá era un poeta por naturaleza, siempre venía con frasecitas de amor para “la vieja”. A él le gustaba mucho la poesía de Miguel Hernández, el español.

El más chiquito, José María, siempre tuvo afición por la guitarra porque el vecino, que había sido profesor de ese instrumento en la capital, le enseñó algunas tonadas. Sabía hasta de los Beatles.

Dicen que yo siempre tuve buena voz, que podía ser locutor de radio y por eso quedé como la voz cantante. Ana María fue la segunda voz y a veces también la primera, aunque lo de ella eran las claves y el bongó.

-¿Cómo se las arreglaba para tocar el tres y cantar a la misma vez?

Si te digo esa técnica, entonces habrá muchos músicos cubanos interesados en conocerme y así se va a perder el aliento creativo de ellos. Es más bien un don espiritual. Al parejo del instrumento iba mi voz. Es difícil porque lo que generalmente se encuentra es un guitarrista que canta, pero no un trecero.

El tres exige mucha preparación. Tiene que estar bien afinado porque sino lo que sale del cajón musical no sirve. He conocido buenos treceros, pero ninguno canta, todos hacen coro y dedican los espacios sin voz de las canciones para hacer abuso de su maestría y demostrar lo buenos que son en ese instrumentos. Yo tenía que trabajar doble, cantar y esperar y en pocos segundos demostrar que era tan bueno con a voz como con el instrumento.

-¿Cuál fue la reacción del público cuando aparecieron por primera vez en escena?

Nadie querían creerlo. El cura del pueblo nos bendijo y agradeció a Dios por traer la alegría al pueblo en la música de semejante familia. Mi novia fue la primera en impresionarse, ella no lo sabía. Lo tuvimos muy escondido, como son los secretos de los hermanos que se quieren.

Era una tarde de fiestas populares. Nos presentó la encargada de cultura en el pueblo. Fue una sorpresa. Mi prometida hasta lloró mucho, dice que ese día se enamoró de verdad de mí y mira, ya llevamos 40 años juntos.

Todos atentos a lo que hacíamos y nadie nos molestó. El público fue sereno. Pero a partir de ese momento nos llamaron para todo, lo mismo para el cumpleaños de Albertico que para la boda de Leonel. Por eso fue que nos tildaron de “los cabilleros”.

-¿Qué es para usted la música?

A parte de lo que sale del instrumento o de la boca, la música es la vida, porque ésta sin la otra es muy aburrida. Es una estrella en la boca de una muchacha bonita como Ana María, es el amor en el instrumento de un enamorado. Es el regalo más grande que le ofreció la divinidad a los seres humanos.

-¿Todo el repertorio es de ustedes tres o incluyeron clásicos también?

Y no solo clásicos. Cada vez que a un hombre del pueblo se le ocurría algo, allá íbamos nosotros a inventarle la melodía y ponerle música y a donde primero la tocábamos era en casa del autor.

Anita cantó piezas de matamoros, como lágrimas negras. José se encargó de adaptar algunas canciones de Sindo Garay a nuestro ritmo.

-¿Qué géneros musicales prefirieron?

Ana se encargó de los boleros. José de la trova y las baladas. Yo preferí el son y el punto cubano.

-¿Qué consejo puede dejarle Jorge Contreras a todos aquellos que en algún momento decidan realizar una labor parecida a la suya y de sus hermanos?

Yo siempre uso una máxima: “canta en el estadio si tu equipo está ganando y si está perdiendo, mejor, síguele cantando”. Aprender de los errores y esperar, que desear y esperar fue lo que mis hermanos y yo siempre nos propusimos.

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