Piedras en techo ajeno

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-Preparen, apunten, fuego.

Media hora antes de este grito de guerra: Estaban todos en el banco del parque ubicado frente a la fuente. Al más grande se le ocurre jugar, el aburrimiento hace unas horas que los tiene sentados en ese banco a pesar de la música y la algarabía. Hoy hay pocos muchachos de su edad y no tienen a quien mortificar. Son tres chiquillos que en las noches de sábado van al parque porque en Las Terrazas ellos no tienen otro lugar a donde ir ese día.

Hoy al mayor se le ocurrió un plan, el cual los otros dos cumplirán al pie de la letra. 20 minutos después: -Desde aquí tenemos una visión perfecta, vamos a hacerlo como en la película que vimos ayer en casa del tío- dice el mayor cuando se encontraban detrás de la casetica que protege la bomba de agua. No se percatan de la luz del parque, que los delatará al culminar su acción si no salen corriendo rápido. Ya en posición y con tres seborucos cada uno se preparan para desarrollar su plan. El blanco es el techo de la casa de la familia Díaz.

Son las doce y media. Todo está tranquilo detrás de la Casa Club, no se ve ni el Custodio de la plaza. -No aguanto más- dice el mayor, tenso y nervioso, su cerebro está lleno de adrenalina- preparen, apunten, fuego. Una lluvia de piedras cayó sobre el techo de los Díaz. Todo siguió tranquilo. El estruendo fue grande, pero todo sigue tranquilo. El mayor sale corriendo, pero los otros, curiosos, se quedan para ver lo que pasa. La señora Díaz sale desesperada y preocupada. Cada teja de ese techo le ha costado sacrificio. Detrás, medio dormido todavía, sale el señor Díaz. Él ha tenido que trabajar duro para arreglar el techo y así deshacerse de las molestas goteras que lo inundaban cuando amenazaba tormenta. Con su aguda mirada los distingue detrás de la casetica la señora Díaz. No les dice nada, sabe quienes son. Piensa en lo penoso que será el día que corre. Levantarse temprano y llamar a los padres de esos muchachos será algo que ella no tiene valor de hacer, pero sus nervios y su desespero la obligarán a denunciar a los “malhechores”. Ella no los califica despectivamente, pero piensa que esto puede ser el inicio de una vida de malandrines. Sabe que son compañeros de aula de su hijo menor y no le gustaría que el suyo saliera por las noches a repartir piedras por ahí, en los techos de otras familias que como ellos disfrutaban de un sueño fresco en esta noche primaveral. Mañana será otro día. Espero que estás palabras hagan reflexionar a ese muchacho que salió corriendo y que le enseñe a sus hermanos a tirar piedras de palabras dulces a las muchachitas y no piedras duras a los techos de las casas.

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2 comentarios en “Piedras en techo ajeno

  1. fidel hernández figueroa

    Manu. estás cada vez más agudo. Me ha gustado mucho tu trabajo “piedras en techo ajeno”, sigue así que nos gusta ver tus comentarios acerca del entorno, donde vivimos, aunque existan personas que realicen fechorías como esas. No obstante, sé que te mueve solamente el objetivo de ayudar para que estas muchachos se conviertan en hombres de bien. con tu ayuda y la de otros lograremos este objetivo.
    ánimo y suerte te deseo.
    fidel

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