Terry, el conquistador

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Para Miguel Terry Valdespino, y para M por saborear este tipo de lecturas.

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Miguel Terry Valdespino ha conquistado parte de mi tiempo. La primera vez que lo vi fue en el salón de Internet y Diseño del semanario “el artemiseño”. Pantalón de algodón y camisa por fuera. Mirada entretenida. Dedos largos, como de pintor. Semanas después me enteré que no pinta con acuarelas, sino con palabras.

Joel Mayor me lo presentó. Al fin lo conocía. Mucho tiempo pasó desde que leí por primera vez sus artículos periodísticos hasta aquel apretón de manos. Aquel septiembre fue fabuloso, y no solo porque conocí a este escritor, sino porque también comencé mi vida laboral. Pero esas son otras cuestiones también abordadas en otros post de este blog.

La tarde de mi primer cobro organizamos la primera tertulia en el pasillo de nuestro periódico. Allí me prometió un libro. Me ilusioné. Conoció mis intereses literarios y yo no supe descifrar los suyos. El viernes, de esa misma semana, ocurrió la segunda tertulia. Comenzó con una improvisada conversación sobre Roberto Bolaños y sus declaraciones sobre la poesía y sus aforismos de otros escritores. Le prometí un libro de ese chileno. Él no dijo nada.

Y si continuo cronológicamente esta narración, entonces llega la semana en que le traje el libro Los detectives salvajes y luego la próxima semana en que él se apareció con La Guerra del fin del Mundo del peruano Vargas Llosa y con un pequeño ejemplar de su autoría editado por UNICORNIO, con una Carátula verde olivo, y adornado con una ilustración en portada de Mario Pérez.

El pesado ejemplar de Alfaguara sobre el conflicto ocurrido en Canudos ha tenido que esperar. Al otro día me levanté directo a preparar el café. En la mesa me esperaba aquella pequeña novela dedicada por su autor el 24 de noviembre de 2013. Minutos después, y aún con lagañas en los ojos, devoraba aquel descarnado estilo, como dijera Carlos Jesús Cabrera, de la novela corta Silvestre, el conquistador.

Par de horas después, aquellas 62 páginas estaban en plena digestión. Me decidí a preparar un post en agradecimiento a Terry, pero otros pensamientos no me dejaban escribir.

“El terrícola”, como lo llama cariñosamente Mayví, merecía algo mejor que el impulso que queda después de una buena lectura. No sé por qué pero en ese instante recordé a Rolando Pérez Betancourt.

Con aquel libro aprendí que hay otras formas de ganarle al racismo. Ni Esteban Morales, ni Roberto Zurbano han leído a Terry, y eso lo puedo asegurar sin preguntarle a ninguno de los tres. Con aquel libro recordé que yo también tuve una Osdalgys, una negra “a la altura del hambre del hombre”, “un cuadro de valor incalculable”. En la vida de muchos cubanos hay “negras divinas, negras campeonas” que no se borran de la memoria.

Miguel Terry se burla de la negritud de chistes, piropos o dicharachos cubanos rayanos al racismo. Ha llevado al límite del absurdo ese sustantivo con humos y fina ironía.

Otro de los recurrentes problemas sociales que trata es la emigración interna de los habitantes del Oriente del país para La Habana. Un tema muy despreocupado por nuestra prensa nacional.

Sus personajes tienen destinos trágicos pero finales felices, así también lo noté cuando leí Lecciones del Vampiro. El contexto no es actual, nunca lo es. La trama es inusual, unos locos cuadrados en busca de la salvación. Los ambientes son geográficamente diversos: La Habana, el centro del país y el Oriente Guantanamero casi haitiano.

Estoy de acuerdo con Carlos Jesús Cabrera: esta obra es otro tanto a favor en la ascendente trayectoria de este narrador, quien siempre nos inquieta y nos hace meditar. Y también estoy de acuerdo con el pensamiento del narrador omnisciente de la novela cuando en una reiteración advierte que “…el gran problema del mundo es que los hombres trabajan demasiado, tienen muy poco tiempo libre, duermen muy poco, tiemplan muy poco, gozan muy poco…”

Solo me queda convidar a mis lectores a que busquen la literatura de este autor artemiseño, y se conviertan en lectores de él también. Cuando terminé de leerlo, parafrasee el siguiente injurio: “A la mierda el racismo, quiero leerme otro libro de Terry”.

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2 comentarios en “Terry, el conquistador

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