25 años… no sabe olvidar

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chica-en-el-balcon-mirando-la-luna_thumb[3]Tiene 25 años. Anoche soñó, hoy las furias no la dejan. Es una muchacha común, con recuerdos comunes, con un nombre circunstancial. Sabe de amor pero no de decisiones. Para ella cada historia empieza antes, aunque no lo recuerde.

Era de madrugada. Salió al balcón a fumar. Desnuda. Pezones en atención y clítoris seco. No sabe qué hacer. Tiene la memoria llena y 108 nudos en el cerebro. Recuerda las dos tazas de café en el mostrador de la chocolatera de la calle 50. Aquella tarde llovía y ella salió con él porque en su trabajo no había café. Se mojaron mucho. Ella quería tomar café, o estar sola con él donde no los conocieran. Días antes, debajo de un árbol de mango, él le dijo: “Tú y yo podemos ser felices toda la vida”. En su mente ella le respondió: “Desaparece por mil años para que pueda olvidarte, pero no te alejes nunca de mi lado”.

El piso de la habitación está húmedo y sus pies resbalan porque llovió. El mar está triste, o eso le parece a ella. Sus olas son como tiñosas que planean en el profundo cielo. El humo del cigarro le cubre la cara y los custodios del hotel no la reconocen. Este lugar hermoso, con una vista hermosa, la ha llenado de hermosos recuerdos.

Detrás del cristal de la puerta del balcón, acostado sobre la cama matrimonial de tres metros de ancho, está su novio. En la habitación contigua está otra amiga con el suyo. Esos tres están dormidos por el alcohol. Ella no lo logra. Al terminar el cigarro se enreda los dedos de las manos en el pelo y rompe a llorar. Se retuerce y la humedad la encoleriza. Cegada por las lágrimas busca la pared, se deja caer en el piso, inclina las rodillas encogiéndose en posición fetal y el llanto se hace más fuerte. Nadie la escucha. Los custodios se dieron por vencido y se fueron a cumplir la ronda. La muchacha no se dejaba ver. Él único que puede verla así está a cientos de kilómetros de allí.

En la mañana llegaron los demás amigos de su ágape. En su cabeza estaba el mismo recuerdo que ahora la agobia. En la piscina confluyeron las seis parejas. Ellos en el agua con una pelota anotándose tantos, ellas bajo el sol recomponiendo la vida. Todas le hablaban de lo bien que se sentían y de lo mucho que disfrutaban pasarla bien juntas. A ella le aturdía ese amor materialista, por eso se desvanecía en el silencio con esas ganas de rehacerse en los brazos del extraño en su cabeza.

La fiesta terminó pronto. Acostumbra ver salir el sol al lado del mismo cuerpo desde hace dos años. Pero esta noche es diferente, su cabeza está a un centenar de kilómetros de esos capitalistas abrazos, de esos interesados besos, de esa calculadora mirada. A ella no le va mal, le va. Y no deja de pensar en esa mirada que intenta conquistar el mundo que para él es ella.

En el balcón la abraza la noche y le susurra pensamientos el mar, por eso delira envuelta en recuerdos. Desea fugarse y salir a la deriva guiada por nada y perderse en la selva oscura de la noche. La luna es una bola de sangre que ella intenta alcanzar. Las olas del mar siguen volando y sobre el reflejo de la luna pasó algo. Ella piensa en sus alas, las que se arrancó para dejarlas junto a él. Si hubiera un barco en la arena con el que salir a navegar. Entra furtivamente en el cuarto y regresa con una botella de añejo especial Havana Club. Ahora lloverá en su alma un diluvio de ron y más lágrimas.

En el pasado se acostumbró a dejar entrar y salir a muchos hombres. Está aburrida de tanto hombre; barbas, pálidas caras, afeitadas máscaras, sexo masculino que forma parte de una jauría hambrienta en la que nunca se ha detenido a pensar. Solo recuerda aquel septiembre fabuloso cuando lo conoció. Ella no esperaba a nadie. Se encontraba trabajando con él, indiferente, entró al departamento. Ninguno miró al otro. Nada de sonrisas. Con los ojos tapados por el pelo ella vigiló su entrada; “¿Quién se creerá este?”, pensó. Él se mantuvo erguido; “ha, la famosa M”, recordó. Afuera el árbol del plátano era sacudido por el viento que avizoraba un cambio de clima, un cambio de tiempo, un cambio de época, en fin un cambio. Cuando no hubo más que hacer ni que decir él miraba por la ventana, y ella le vigila la espalda: “!Qué bueno está!”. Ninguno percibe el futuro.

Pero ese fue el principio. Ahora llora en el balcón sentada a la turca. Sabe lo terriblemente absurdo que es estar vivo sin el alma de su cuerpo cerca, sin escuchar el latido que la mantiene viva. Comienza un soliloquio sobre sus sueños. Le asombra verse en ese lugar. Cuando llegó nadie puso atención a su cuerpo porque no es de modelo playboy. Entonces pensó y escuchó la voz del extraño en su cuello. Tembló y sacudió su espalda. La luz de los jardines le llega difusa, como en un teatro. Por alguna razón lo extraña. Todo a su lado es espléndido, y ahora se siente muy sola.

Desde el primer beso en la sombra del árbol del mango duerme con su nombre en la boca (un amor en las sombras). Palpita la tierra y suda una humedad milagrosa que no la deja olvidar. No hay mal que cure ese absurdo momento, pero tampoco hay bien que dure cien años. Hace días que no lo ve. Lo odia por no verlo. Todo en su vida es nada sin él. No le huye, pero tampoco lo encuentra. Exprime la botella buscando el elixir, encuentra absurdo ese momento, intenta ponerse de pie. El alcohol ahora hace su función, pero ella no le hace caso, intenta entender a su absurdo mundo y a su estúpida vida. No lo logra. Resbala y su frente se golpea con el cristal. Y ahora, ¿qué?

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4 comentarios en “25 años… no sabe olvidar

  1. la foto fue tomada de este blog:
    http://eternamentelunaaa.blogspot.com/

    ….A veces la música tiene licencia…
    permiso para dolerte por dentro,
    ….y para acariciarte el alma
    a veces te baja a las sábanas
    sin pedirte permiso,
    sin saber hasta donde
    ni hasta cuando,
    a veces la música te cuece dentro
    y otras veces se convierte en magia
    porque hay quien sabe hacer magia
    aunque nunca llegues a verla…

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  2. de otro blog: http://sureando-sureando.blogspot.com/2012/07/insomnio.html

    Madrugada, verano, fumando
    en el balcón. Una ventana,
    al otro lado de la plaza,
    se ilumina. Oigo el clic
    de un encendedor.
    Un tipo. Me mira, desviamos
    la mirada. En la calle,
    una conversación deshilachada
    entre borrachos. En el cielo,
    la luna, amarilla, inmensa.
    Sobre ella, la estela
    de un avión… Te acercas.
    Me abrazas por la espalda.
    Me susurras al oído unas
    palabras. Imposible decir no

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  3. Wendy

    Acepto que este también me encantó, sabes… me parece que estas queriendole decir a alguien que no pierda el tiempo porque después va a extrañar a quien verdaderamente ama, es o no es????
    Buen consejo. No dejes de escribir, siempre nos recuerda algo o nos ayuda a apreciar lo que tenemos.

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    • Manuel Alejandro Hernández Barrios

      Decir, que pequeño verbo me dices. Si dejo de escribir muero. Debo decir que la ficción es otra escusa para soñar. Y como diría Charles Bukowski: “me gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y arrugadas y las caras pringosas de maquillaje barato. Me gustan más las pervertidas que las santas”.

      El tiempo le gana constantemente la carrera al hombre. Todos los días se pierden. Y esa perdida es ell significado de extrañar. Se extraña lo que no se tiene. Ese es el gran dilema del hombre, aunque al decir del escritor Miguel Terry Valdespino, “…el gran problema del mundo es que los hombres trabajan demasiado, tienen muy poco tiempo libre, duermen muy poco, tiemplan muy poco, gozan muy poco…”.

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