Caña con sabor a chocolate

Estándar

El domingo le hice un estrago a la economía del país. Vivo a dos kilómetros de un cañaveral y hasta allí me llegué con mi tío “el tuto” en su tractor. Siete cañas le robé al estado y nadie me vió, por suerte.
Cuando era más pequeño de estatura iba con mi primo Sergio todos los domingos por la mañana a ese mismo cañaveral. Caminabamos los dos kilómetros con mucho apuro y regresabamos masticando bagazo de la buena Media Luna, una caña gorda y suave que a veces se enfermaba con una raya de sangre a lo largo del tayo.
Confieso que este domingo sentí un poco de miedo volverme a adentrar en esa jungla de hierba. Los cañaverales son muy traicioneros y dejar marcas es por gusto. Hay que guiarse por el sol o dejar a alguien afuera que te hable cada un minuto. Todas las cañas son iguales. Estuvimos una hora sentados en el borde del cañaveral. Mi tío entraba un rato y yo después. Así uno se mantenía masticando y vigilando. Al que cojan en esta gracia le ponen multa.
Cortamos varios trozos de la variedad cristalina. Me sorprendió la fortaleza de la cáscara, que según me contaron unos especialistas esa nueva variedad es más resistente a la mordida de ratón.
Será resistente a los débiles dientes de esos roedores, pero ni a mi cuchillo vaquero, ni a mis dientes se les resistió. No dejo de reconocer que es más dura, pero el domingo tenía tantas ganas de recordar que aquel pedazo de bagazo para mí sabía a Chocolate brasileño, procesado en Suiza y degustado en París.
Así sabe la caña de Cuba, a chocolate suizo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s