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Albert Speer

Albert Speer

Albert Speer nunca lo supo. Su esposa lo pudo haber engañado que él no se enteraría. Mantuvo el rostro frío el día del juicio. ¿Cómo iba a saberlo?, se preguntaba. Incluso, después, cuando concedió una entrevista a la revista Playboy, todavía se lo preguntaba. El emperador confiaba en él. Por eso lo llamó el día antes de suicidarse. Ambos, sabían que todo estaba perdido. La frialdad de su rostro no cambió para recordarle su fidelidad sin importarle la decisión. El jefe lo perdonó y al otro día Alemania caía ante Rusia mientras se pegaba un tiro en la sien. Albert no supo mas nada hasta el día en que lo condenaron. Sentía que su destino era morir solo y viejo en el salón de su casa. Nunca supo de aquellos crímenes. Mientras gobernaba como segundo al mando, nunca escuchó la palabra Fascismo. No se le pudo comprobar complicidad. Pasaría su vejez leyendo y con algunos libros comprendió, pero no quiso saber. Albert, el Arquitecto, murió sin querer saberlo.

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