Exponer, ¿conocimientos o moda?

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Las exposiciones de tesis en la Enseñanza Superior -en estos tiempos- han tomado un rumbo un tanto preocupante.

Por Rosa Fernández

En una semana comenzarán la entrega de las tesis de Licenciatura de la Enseñanza Superior para algunas carreras. Junio, se vuelve el mes de la defensa de todo el conocimiento adquirido en todo este tiempo de recaudación de información, pero a algunos no les preocupa tanto el acto de exponer como toda la parafernalia a desplegar alrededor del asunto.

La exposición del ejercicio de culminación de estudios, en estos tiempos, no solo lleva intrínseca la preparación en cuanto a dones de oratoria, el dominio del tema que por todo un curso persiguió a los estudiantes en sueño y pensamiento, sino zapatos, ropa, brindis, buffete, regalo, otra vez zapatos y ropa para recoger el diploma, y algún que otro invento que hayan fijado los más adinerados.

Lo peor es que se imita la trascendencia de estos rituales y se suman fantasmas a la fecha marcada en el calendario como día crucial, pues parece que no bastara con saberse desde el capítulo teórico hasta los resultados, recitar como en un concurso de declamación cada cita o repasar mentalmente las páginas que una vez estuvieron en cero, se precisa más, una cuenta en CUC que respalde, todo el protocolo del momento.

El bufete puede ser estilo cumpleaños o más bien como un brindis de boda planeada de corre corre, puede incluir desde panecitos, dulces finos y ensalada hasta un cake gigante a repartir entre los presentes y el tribunal -por supuesto- estos deben salir contentos del lugar y les puede tocar desde un recuerdo del defendido hasta una botella a descorchar.

Los padres alientan las ideas y ya no basta reunir el dinero para la logística -propia de las necesidades de un estudiante universitario- que incluyen en el estado máximo de felicidad, una computadora, memoria flash y otros artículos que varían en dependencia de la carrera elegida, sino que con la tesis, aparece una cuenta más que destinará sus fondos a este día.

La mañana de la exposición, está presente el estrés propio de los miedos de quedarse en blanco, cancanear ante las respuestas a los oponentes o no saber lo próximo, sumado- en el caso de las mujeres- al tener que realzar la figura con tacones, como si el proyector que reproduce las diapositivas, por un segundo, se tornara en una bola de discoteca.

En acto triste, casi como por costumbre, todos reproducen esta forma de exponer, de preparar la tesis como una boda o quince, de vestir a la familia para el evento intelectual, de comprar todos los alimentos que aumentarán la lista de lo que ofertarán en el bufete, de estereotipar el asunto y convertirlo en la razón para gastar los ingresos mensuales.

El caso, es que no aplaudo presentarse en el día final de tus estudios, como un desfachatado; como un mendigo a punto de comenzar a pedir a gritos la limosna, pero tampoco encuentro atractivo alguno en tener que montar todo un teatro alrededor de un evento tal.

La nota que llevarán a casa como testigo del paso por el mundo universitario, durante cinco años, depende exclusivamente del conocimiento, de la preparación, de lo que se demuestre que se sabe, no del regalo que se llevará el tribunal o de las ofertas gastronómicas del día. Creo yo, que expondré tesis este mes de junio.

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