Yoko

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Ha muerto mi Perro. El 23 de mayo murió uno de mis mejores amigos. La última vez que lo vi fue hace como tres mese. Ya estaba enfermo, comía menos o no, caminaba hasta cinco metros y se hechaba a descansar. Dice mi madre que pudo ser un infarto. Dice mi padre que los riñones ya no le funcionaban bien. Pero ¿y, si fue de tristeza? Hacía por lo menos seis meses que no jugaba con él. Me lamento como si hubiera sido un familiar.

Recuerdo que lo regañe en varias ocasiones, las cuales ahora me parecen muchas. Lo hice ser muy dependiente de mí. Se llamaba yoko. Me lo regaló Yoyi, un veterinario famoso de Artemisa, hace nueve años, cuando murió Leo, un salchicha marrón que enfrentó una gastroenteritis que acabó con su vida.

Yoko ya era un perro viejo, pero fuerte. Un chow chow amarillo y de carácter muy independiente. La vida es así, unos van y otros vienen. Ahora tengo un dálmata de ocho meses y buen tamaño.

Mi tristeza es inmensa y no sé qué homenaje hacerle. Dicen que los perros no se lloran, pero yo no pude aguantar las lágrimas porque su vida significó ocho años de complicidad, de amistad.

Ese día nada me entretuvo. Ni la música lo lograba. Y en la lectura no me concentraba. Mi madre me dio la noticia en casa de mi abuela. Aguanté las lágrimas, creyendo ser más hombre que nadie. Al final, no pude resistir y lloré un poco.

Yoko me disculpó cien veces y me aguantó algunos regaños, pero como los perros se parecen a los dueños, en ambas manos permanece su recuerdo, en sendas mordidas que me propinó cuando apenas era un cachorro. Yoko sintió mi arrepentimiento, pero no sentirá mi dolor. Si hubiera estado ahí para acompañarte en el último respiro.

Recuerdo cuando meneaba la cola, por quien único lo hacía era por mí. Y sin embargo, yo no le daba la comida ni lo malcriaba, solo le hablaba mucho. Se lo contaba todo. Recuerdo que Osniel me decía que me lo iba a llevar para la escuela porque yo siempre hablaba de mi perro como si fuera de un hermano menor. Yoko odiaba a Yunior, todavía no sé porqué. Lo regañaba siempre que venía a visitarme.

Solo yo lo dejaba dormir dentro de la casa. No fue un perro feliz. Mis padres trabajan de 8 de la mañana a cinco de la tarde. Entonces Yoko solo tenía una hora por la mañana para salir a realizar sus necesidades fisiológicas y otras dos horas por la tarde para “mataperrear” un poco.

De sus 27 hijos con nueve perras no queda ninguno. Todos murieron porque sus dueños no los supieron cuidar.

Ahora tengo a Orión a mi lado. Otro perro que está destinado a la soledad debido a mis horarios de trabajo.

El 23 de mayo fue uno de esos días en que uno se arrepiente de todo y pare que nada vale la pena. Por suerte estaba ella.

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2 comentarios en “Yoko

  1. Terracero, la verdad es que lamento mucho la partida de Yoko. Por lo que he leído lo querias mucho y por eso sufriste, pero debes admitir que lo dejaste solo (3 mese). Si fuera tu, trataría a Orión (tu nuevo perro) de mejor manera, no puedes dejar a un perro solo: debes dejar que “mataperree” un poco y pasar más tiempo con él.
    Un perro no es una persona, pero tiene sentimientos, y tu deber como dueño es tratarlo bien y darle atención.
    Espero que mis consejillos te sirvan para que no te se sientas arrepentido cuando Orión se vaya (somos seres vivos y en algun momento debemos irnos )

    Saludos desde Montevideo, Uruguay

    Rodrigo Guerra y Betania Nuñez

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