Calor, Jazz y ganas de verte

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Top_quality_black_and_white_nude_womenAlejandro aflojó un pedo y el calor mientras el calor en el aula era insoportable. Aitana se refrescaba con su abanico cuando sintió la expulsión del aire. No paró de reírse hasta que el profesor notó que algo sucedía. Alfredo se abanicaba con el ejemplar de el artemiseño que le regalé. Ahora el profe comienza a leer un diálogo entre un tipo que toca el Saxo y una mujer que ama el jazz. Trato de prestar atención. Imposible. El sueño me vence. Quiero dormir y la migraña está comenzando. Hoy llueve otra vez en esta calurosa ciudad tropical. Otra tarde para escribir, leer o escuchar algún solo de guitarra. Estoy a dos kilómetros de mi casa, quiero salir caminando bajo la lluvia pero no vale la pena si no estás tú esperándome. Después de escribir un poco me despierto otro. Si pudiera escuchar a Salif Keita para espabilarme. Incluso hasta tiraba un pasillo de baile. Me gusta bailar frente al espejo, me saca el animal tropical y caribeño de descendientes africanos que llevo dentro. Ya el mal olor de la ventosidad ha desaparecido. El profe está hablando de deducción lógica y se pone a describir a Emiddio. Con el rabillo del ojo mira a Indra. Se nota que está deseoso de tenerla. Indra es entretenida y viene a clases con unas sayas cortas que dejan ver todo lo que necesita un voyeur profesional. No dudo que el profe de vez en cuando la piense en soledad. Sin embargo, Indra no parece una mujer fácil.

-Do you play any Jazz?

-Sure. I love Jazz.

Que diálogo más sencillo, pienso. Todos en el aula atienden pero le preguntan la traducción de la palabra Jazz al profesor. “Pero que gente caballero, pero que gente”, diría Estervina. Pero, y si Etervina tampoco sabe qué es el Jazz. Entonces, quise disertar sobre Charlie Parker, Duke Ellignton, o Miles Dives. Era una batalla perdida en la guerra del Carpe Diem. Entonces nadie me entendería y yo quería irme.

Hoy le hablé al subdirector de ti. Le dije unas cuantas mentiras porque él quiere saberlo todo. Yo sé que no te gusta que diga mentiras, pero José Manuel, el primero de mis fantasmas, me enseño que “al que pregunte para saber, mentiras con él”.

Pasó el hombre que vende pay de coco y de guayaba. Si tuviera 20 pesos. Es fin de mes y debo cobrar el lunes. Dobla la esquina y desaparece. La misma esquina donde mi bisabuela compra el pan. No lo detiene la lluvia. Ayer expuso la tesis Carlos. Él no oye Jazz, ni sabe lo que es un blog. Obtuvo 4 puntos con una disertación sobre la evolución de la blogosfera en Artemisa. Estoy muy contento por él, seguro celebró en grande. Pero mis horarios ya no me permiten celebrar. Estoy guardando mi tiempo libre para cuando estemos juntos. No quiero coger vacaciones.

¡Qué calor! Quisiera tomar un mojito o un Cuba Libre con bastante limón. Nada de vino, ni Campari. Hoy es un día húmedo y a la húmedad nada la vence y me reseca la garganta. Es posible que mañana amanezca ronco.

Voy a copiar la tarea. Aitana todavía se ríe. Tengo sed y ganas de escribir. Alfredo encendió la lámpara. Ahora veo mejor para escribir. Me duele la cabeza y ya me quiero ir.

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4 comentarios en “Calor, Jazz y ganas de verte

  1. oangel1405

    Luz, papel y lápiz es lo único que se necesita cuando se desea hacer trazos curvilíneos que algunos llaman escritura, pero en si, lo dejan es una huella del pensamiento para posteridad, que aun sin jazz, calman la mente, el alma y el espíritu. No es así?

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