Entrevista a Miguel Terry

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Las lecciones del vampiro, Silvestre el conquistador y otros relatos significativos en tu obra.

Mencionaría en primer lugar la pieza dramática La piedra en la boca, un homenaje a Virgilio Piñera, nuestro más grande dramaturgo, un hombre que murió en el más inmerecido reconocimiento y al que le hicimos la vida muy difícil, no solo porque era homosexual, sino porque su teatro era muy incómodo y nada elemental. Contrariamente a lo que pensó alguna gente torpe, su teatro nunca fue contrarrevolucionario, sino muy revolucionario. En segundo, la pieza Páginas finales de la náusea, un homenaje a la obra de los más grandes narradores latinoamericanos. La historia comienza cuando son robados los restos del general de las guerras de independencia Francisco Rodríguez O´Brien y entonces el alcalde de la ciudad, Aquiles Luis Cifer, decide cercarla con miles de soldados para que nadie pueda llevarse la preciosa carga. A partir de ese minuto, la vida de los habitantes de la ciudad de Santa Ovejilla de los Lamentos se convertirá en un calvario. Es una obra que tiene de la Historia de Venezuela, México, España, Cuba…Al fin y al cabo no es un prisma sobre un país determinado, sino sobre todo un continente.

Si tuvieras que salvar diez libros de tu biblioteca personal, cuáles salvarías.

Las bibliotecas personales van, sobre todo, en el corazón. Las de madera no cuentan. De esa biblioteca del corazón yo escogería a Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, Concierto barroco, de Alejo Carpentier, A sangre fría, de Truman Capote, Las ratas y Los santos inocentes, de Miguel Delibes, La peste, de Albert Camus, La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, La tierrita de Dios, de Erskine Caldwell, y Sin novedad en el frente, de Erich Marìa Remarque…Creo que te puse 11.

Escritor y periodista o periodista y escritor. ¿Cuál es la profesión y cuál el oficio?

No puedo desprenderme de lo uno ni lo otro. Aunque es cierto que la escritura literaria te reporta una libertad única. Nadie puede cambiarte ni una coma si tú no accedes a ello. Además, voy a serte sincero: yo también pensé que un buen día podría dejar el periodismo y dedicarme por entero a la literatura. Hasta me imaginé publicando en Planeta, Alfaguara, Tusquets…Cosas veredes, Sancho. Pero ¨la dura, áspera y entrañable realidad¨, como escribió Camilo José Cela en el prólogo de su novela La colmena, terminó por imponerse.

En ese tiempo escribía como un poseso, a veces más para la literatura que para el periodismo, pero la vida da muchas vueltas y hoy escribo muy poca literatura y mucho periodismo…y estoy en camino de escribir más. Pero en algo no quiero mentirte: el periodismo me lo tomo con una seriedad tan absoluta como la literatura. Una falta de ortografía en una sencilla nota periodística, un mínimo error, me insultan tanto como una falta o una pifia en una obra de teatro o en un cuento.

Con estos datos a mano, elige tú cuál es la profesión y cuál el oficio.

¿Cuándo se escribe mejor?

Me gusta escribir temprano en la mañana y en la noche. Ahora escribo menos. Pero antes lo hice hasta de madrugada. La tarde, sinceramente, no creo que sea buena para este asunto. Tal vez para darse una buena siesta nerudiana…y punto. Aunque ahora recuerdo que, en horario vespertino y sentado al filo de la autopista, alguna vez me senté a escribir con un entusiasmo de campeón olímpico de la literatura.

¿Cuándo se lee mejor?

A las mismas horas en que se escribe. Pero si haces una cosa, no puedes hacer la otra….Por cierto, un inviernito suave es fabuloso para escribir y para leer una buena cantidad de literatura.

La novela, el teatro y el cuento han sido publicados y premiados. ¿Cuándo veremos publicada la poesía de Terry? ¿Qué le falta por escribir?

Espero que pronto. He escrito un poemario, aún sin título definitivo, que salió de un tirón. Es una obra ligeramente desencantada, pero honesta hasta los tuétanos. Tal vez sea el único poemario que escriba en mi vida, pero como lo sangré y es auténtico de cabo a rabo, quiero compartirlo con los lectores, igual que he compartido con ellos mis libros de cuentos, mis noveletas y mis piezas de teatro.

En cuanto a lo que me falta por escribir, no sabría sacar la cuenta. Deben quedarme unos 12 libros más. Ojalá Dios y la providencia me den la salud y el tiempo de vida necesarios para lograrlo. Y ojalá que entre esos 12 por escribir haya un bestseller. No sé qué dirían los críticos literarios al respecto, pero ya para esa fecha a un tipo como yo le importaría el clásico pepino la opinión de los críticos.

Más allá del chiste, tengo una cuenta pendiente con la novela Caballo de Batalla, por la cual recibí un Premio Razón de Ser de la Fundación Alejo Carpentier en el año 2000. Es una novela muy ambiciosa que pasa por la Revolución Mexicana, la Guerra Civil Española y el Machadato y tiene entre sus personajes al general Pancho Villa, a Salvador Dalí, Federico García Lorca, Camilo José Cela, Dulce María Loynaz…Para mí es casi una vergüenza no haberla terminado.

Hay personas que existen para escuchar el monólogo interior de nuestras vidas. ¿Quién fue Carlos Jesús Cabrera?

Nadie está dotado para escuchar entero el monólogo interior de nuestras vidas. Antonio Machado, que debió ser un hombre con mucho monólogo interior y muy poco exterior, confesaba en el poema Retrato: Converso con el hombre que siempre va conmigo/quien habla solo espera hablar a Dios un día. Mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía…Es decir, ese “buen amigo” es su otro yo, su alter ego quizás. Yo también converso mucho con ese ¨buen amigo¨ del que hablaba Machado, me encanta conversar conmigo mismo. Otra cosa es encontrar la persona que escuche íntegramente el monólogo interior de nuestras vidas, no porque estemos llenos de pecados inconfesables, sino porque cada hombre necesita a veces conversar consigo mismo y con nadie más, ni siquiera con esos por los que estamos dispuestos a dar la vida o amamos con todo el corazón.

Carlos Jesús Cabrera fue un gran poeta y amigo, un hombre con una cultura literaria extraordinaria. A lo largo de su vida leyó toneladas de libros. Aunque esperábamos su muerte, el dolor no dejó de estremecernos de pies a cabeza cuando al fin se cerraron sus ojos el 13 de mayo de 2014. Ahora intentamos publicar varias obras que dejó inéditas y lo vamos a conseguir. Vivió una vida dolorosa, pasó largo tiempo internado en hospitales psiquiátricos, y su humor y estados de ánimos fueron siempre muy variables. No obstante, jamás me hizo un desaire. Carlos Jesús es quizás el ser humano más desinteresado, humilde y honesto que he conocido jamás. Estoy seguro que fue un hombre con mucho monólogo interior, con un monólogo interior que hubiera puesto a temblar a las mismísimas criaturas del Ulises de Joyce. El escritor Alberto Guerra lo llamó “poeta del dolor” y creo que esa definición es insuperable.

El escritor: un ganador o un perdedor.

Mario Vargas Llosa, el escritor más técnico del mundo, un tipo con un talento fuera de serie y con no poca plata y premios ganados a costa de su oficio, decía apesadumbrado: “El escritor es un derrotado de cada mañana”. Recuerdo que el director de un periódico me dijo una vez: “Te tocó estar en el bando de los perdedores”. Fíjate, un día fui al gobierno municipal de Caimito para ver si me resolvían aunque fuera un miserable saco de cemento para mejorar la miserable casa donde resido y allí me dijeron: ¡ni un saco te podemos resolver! Así me asumo: como un perdedor, un derrotado, sobre todo en un contexto donde cierto tipo de inteligencia no parece estar muy de moda. Pero yo, a fin de cuentas, quisiera escribir como ese gran perdedor que se llamó Frank Kafka o como otro perdedor llamado Giuseppe Tomasi de Lampedusa. Pero juro que no doy un centavo por parecerme a esos tipos triunfadores que están llenos de dinero y se construyen palacios horribles y enormes y tienen cuatro o cinco mujeres estúpidas y nalgonas que no los quieren para nada. Aunque vivan en el más dulce de los mundos, a veces bajo una impunidad que ni Al Capone en el Chicago de los años.., no quiero definitivamente parecerme a ellos ¡ni por un segundo! Bueno, mirando bien las cosas y si estoy pensando así, entonces parece que no soy un tipo tan derrotado como a veces pienso de mí mismo.

“En el mundo los hombres trabajan demasiado, tienen poco tiempo libre, duermen poco, gozan poco”, pero, ¿cuál es el verdadero problema del mundo literario de Miguel Terry Valdespino?

Esta frase que pones entre comillas la tomaste, más o menos textualmente de Silvestre, el conquistador, y yo, de alguna manera, la pedí en préstamo a William Faulkner. Es un problema real del mundo nuestro: la gente desde hace mucho ha vuelto a trabajar como esclavos, y en cualquier sitio del planeta trabaja frescamente más de ocho horas diarias, sin fines de semanas libres ni vacaciones. Para colmo, la gente tiene miedo de perder su trabajo y larga los pulmones por tal de conservarlo. ¡Vaya si el mundo está jodido! No dudo que en Suecia, Finlandia, Alemania…y en un corto etcétera las cosas estén mejores y hasta marchen a pedir de boca en un asunto como este, pero una golondrina, o cinco, o veinte, no hacen verano. Faulkner estaba clarísimo: ese puede ser el gran problema del mundo.

El verdadero problema del mundo literario de Miguel Terry soy yo mismo. No tengo ningún pretexto para explicar la abulia en la que he caído como escritor, mi desgano y mi pereza para fraguar nuevos textos literarios. Recuerdo que hace veinte años atrás, en mi vieja casa de Ceiba del Agua, con miles de condiciones menos, con un hambre que me trozaba el estómago, bajo el más absoluto desamparo textil, muy cerca del humo feroz de la leña con que cocinábamos, escribí algunas de las mejores obras de mi vida.

Tal vez el tiempo haya pasado y necesite un mejor estímulo, como vivir en una casa menos depauperada. A mi edad, no hubiera estado nada mal tener una cobija mejor, pero no pasó, y mi deber (así lo siento: mi deber) es escribir a como dé lugar. Todos los días me pregunto: ¿y ahora por qué no escribes? No sé. Dice Miguel de Unamuno que hay respuestas que uno busca a lo largo de toda la vida a sabiendas de que no las encontrará nunca. Tal vez este sea mi caso.

No tengo una temática en especial que me desvele. Cualquier pretexto sirve para escribir una buena obra literaria: un personaje histórico polémico, un buen cuento que escuchaste en la calle, un bolero chillón, una mujer hermosa o una muy fea…El punto de partida pueda ser cualquiera. Una nota de prensa muy escueta sirvió de pretexto a Fiodor Dostoievski para escribir un ladrillo genial nombrado Crimen y castigo, y el gesto juvenil de una mujer muy entrada en años le sirvió a Milán Kundera para escribir una novela de por lo menos seiscientas páginas nombrada La eternidad.

¿Qué evento deportivo es el que más te gusta recordar?

Las Olimpiadas de Montreal en 1976. Tenía entonces 13 años y nunca había visto ninguna. Recuerdo que entonces le dije a mi tío Lázaro: “Seguro Cuba queda en primer lugar”. Él se encargó de ponerme las cosas en claro. Disfruté esas olimpiadas con los ojos de la inocencia, que a veces resulta la mejor manera de ver las cosas. Día y noche, sin descanso las disfruté. Otras olimpiadas me han regalado grandes emociones, pero ninguna como la de Montreal 76.

¿Qué películas?

Si me dieras a escoger dos, yo tomaría Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, y Mephisto, del húngaro István Szabó. La primera porque, medio siglo después de haber ocurrido (la película se ubica en la Cuba de 1962, en medio de la Crisis de Octubre), nuestra historia del subdesarrollo y toda la inercia corrosiva que provoca sigue pesando como demonios sobre nuestras almas y porque aquella Habana que Sergio, el protagonista, entonces define ácidamente como   “La Tegucigalpa del Caribe” hoy cada vez se parece más a la capital de Honduras.

Y prefiero a la película de Szabó porque es un retrato más que certero, con dimensión planetaria, del intelectual que juega con las mieles (y los venenos) del poder político y pierde toda clase de escrúpulos hasta convertirse en un rotundo diablo sin bandera, por el cual el poder sólo siente desprecio y las personas decentes un inevitable asco. Estoy seguro que has leído algo sobre algunos personajes de esta estirpe.

He visto en realidad mucho cine de todas partes, pero hoy lo veo menos. No obstante, lo mucho bueno que vi y lo poco bueno que veo me siguen impartiendo una gran lección humana.

A propósito, Manolo, ¿viste la película india Una nación sin mujeres? Nuestra prensa sigue sin hablar de las cosas que pone al desnudo un filme como este, como tampoco habla de que en esa China destinada a encabezar el poder mundial el trabajo infantil es una vergüenza? Si ves el cine brasileño, también te darás cuenta que ese Brasil no es la panacea que nos pintan el Granma y las telenovelas brasileñas. Balzac decía que ¨el escritor está destinado a desnudar el alma de las naciones”. Los cineastas, no lo dudes, también. Ellos explican mejor que nadie, a veces sin explicarlo, por qué las diferencias electorales entre Dilma Rouseff y sus contrincantes de derecha no son tan amplias como intentaba hacernos creer nuestra prensa cotidiana.

¿Qué lecturas?

No voy a mencionarte todos los autores que he leído, pues no son pocos. Para simplificar, puedo decirte que pertenezco a una generación de escritores para los cuales los grandes maestros de la narrativa latinoamericana resultaron imprescindibles: Carpentier, Cortázar, Rulfo, García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa…A mí, como a millones en este planeta, la lectura de Cien años de soledad me dejó turulato. Sin embargo yo, en lo particular, prefiero hablarte del libro que me hizo exclamar ¡yo quiero escribir así!: Concierto barroco, de Alejo Carpentier.

No está considerado un título mayor de Alejo (aunque eso de los libros mayores y menores puede ser muy relativo), pero ese rejuego con el tiempo que hace Alejo a mí me dejó con la boca abierta, esa idea de meter en un mismo espacio a personajes que habitaron siglos muy distintos a mí me parece una genialidad de este hombre. De hecho en una novela como Caballo de Batalla, donde le rindo pleitesía a este autor y a esta obra, hay más de un guiño y un homenaje a la novela que una noche de 1989 me dejó sin aliento.

¿Qué viaje?

Los que tengo pendientes, hermano. Pasado ya los cincuenta, cuando uno viene de vuelta de la Feria y se siente un dolor muy agudo en ciertas partes del cuerpo, como diría el poeta ruso Evgeny Evtuchenkov, uno se pregunta: ¿Y dónde está mi viaje? Sí, porque apenas si he recorrido una pizca de la Isla de Cuba en mis tantos años de existencia. Nunca nos invitan ni a la Feria del Libro de Matanzas, a pesar de que algunos contamos con currículos nada indigentes, que nos permitirían estar presentes en algunas Ferias del Libro foráneas también. No conozco casi nada de Cuba. ¿Y del extranjero? Bueno, así se llama un libro letal del novelista francés Albert Camus.

¿Qué obra de teatro?

Las brujas de Salem, de Arthur Miller, una parábola genial sobre la desmoralización que sufre Estados Unidos durante la cacería de brujas en el periodo del Macartismo. La atmósfera es tan represiva, tan asquerosamente asfixiante, que uno llega a sentirse fuertemente impactado y perder el aliento. No dudo que se hayan escrito piezas mejores que esta, pero Las brujas…ejerce un poder macabro sobre mí, quizás el mismo poder que tiene la represión cuando se ejerce contra seres humanos que, como en la canción de Sabina, simplemente querían vivir.

¿Qué obra de arte?

Me encantan las obras del mexicano Miguel Covarrubias en el período en que refleja el mundo del jazz norteamericano y la sensualidad de sus cultores negros.

¿Qué tipo de libros crees que se deban escribir en la actualidad? ¿Qué deben escribir los jóvenes de esta generación?

La calidad es la medida de todas las generaciones. Desde Homero hasta el último poeta de una modesta antología. Creo que deben escribirse libros de poesía, de ficciones, cocina, arte, sexualidad, ética, béisbol,   fútbol, boxeo, pandemias africanas…En fin, el mar, como dijera Guillén, pero con un mínimo de decoro y utilidad.

Los jóvenes deben escribir libremente. Una escritora amiga, Cecilia Valdés Sagué, suele recomendarles a los jóvenes escritores: “Miren a su alrededor, no se pierdan por caminos vacíos, miren cómo la realidad está llena de historias que merecen llevarse al papel¨. Yo no tengo órdenes ni recetas para ellos. Las órdenes y las recetas me saben a camisa de fuerza, y las camisas de fuerza les sientan especialmente incómodas a los jóvenes. Pertenezco a una generación que se dio a conocer en la década del 90 del pasado siglo, en pleno Período Especial, cuando los cubanos bajaban veinte y treinta libras en un santiamén y todos estábamos secos y desencantados a más no poder…Pero escribíamos, porque en medio de todo aquello queríamos nacer, ¡y nacimos!, escribiendo cosas que no se atrevieron a escribir nuestros antecesores.

Yo también fui joven. A veces lo recuerdo. Por eso nunca está de más recordarles a los jóvenes que también hubo “un antes”, nombres nada despreciables que nos antecedieron y de los cuales debemos beber hasta su sangre. No es aconsejable que los jóvenes se crean ni tan genios ni tan fieras al compararse con los ancianos que ahorita somos. No por gusto decía Valery que   “el lobo es una suma de corderos digeridos¨. Por lo demás, el mundo es enteramente de ellos y algunos viejos deberían recordarlo.

¿Qué hacer?, preguntó Lenin a los intelectuales de la Rusia Soviética. ¿Cuál crees que debe ser el papel de los intelectuales en la Cuba de los lineamientos?

A los intelectuales se les subestima muchas veces. Se les ha visto como tipos amanerados, holgazanes, inútiles. Algunos piensan que solo pertenecen a esta “categoría” los escritores, ensayistas, cineastas, dramaturgos, etc…cuando en realidad este campo es más ancho de lo que cualquiera pueda imaginarse.

En los últimos tiempos, sobre todo, he escuchado y leído propuestas muy certeras que han salido del interior de la intelectualidad cubana, propuestas destinadas a crear un país mejor, con más prosperidad y futuro para todos los nacionales, destinadas incluso a perfeccionar los Lineamientos del último Congreso del Partido, que –se supone- estén destinados a crear un país mejor. Sin embargo, muchas de sus sugerencias parecen caer en saco roto o se les responde con una tibieza alarmante, como si no estuviera en juego el destino de este país y cada estupidez y error no pesara como una montaña en un momento en que la generación histórica se acerca a su final y nadie parece tener la estatura histórica de Fidel Castro.

Revolución, Socialismo, Periodismo, o “la prensa y el periodista cubano ante el siglo XXI”. ¿Hacia dónde va el periodismo cubano?

Creo que el periodismo cubano va hacia metas mejores. Nuestros periódicos, decía Benedetti en viejos tiempos, no daban ganas de leérselos por aburridos. Ahora han cambiado en algo, están diciendo más. Pero los cambios están ocurriendo realmente en el mundo digital. Allí te encuentras periodistas que escriben con una sinceridad impresionante. No son ni disidentes ni contrarrevolucionarios, pero ponen el dedo en la llaga hasta hacer que el problema aúlle como un lobo. Te pongo un solo ejemplo: mientras nuestra prensa escrita se mueve con paños tibios con un manager de béisbol especialmente grosero, varios medios digitales reportan valoraciones profundas que dejan literalmente desnudo a este aspaventoso manager y a quienes les permiten todo, absolutamente todo. Uno entonces se pregunta: ¿y por qué esas valoraciones no están publicadas en Granma, Trabajadores y Juventud Rebelde?

Si queremos realmente construir el socialismo en Cuba, debemos contar con un periodismo mejor que lo defienda, no puede ser un periodismo donde yo me cuestione al bodeguero, al panadero y al cuentapropista y no pueda cuestionarme más allá. Mira cómo se pone cierta gente cuando uno expresa su desacuerdo por tener un periódico en medio del campo y no en el centro de la ciudad, como todos los periódicos del mundo más civilizado y menos civilizado. Si no vamos de lo simple a lo profundo, como decía un bolero, todo estará perdido entre invasiones tecnológicas de todo tipo y de toda pelambre. Habría que recordarles a algunos que la censura es ya una palabra casi imposible. Lo que hoy censures en la prensa nuestra, lo traerá “el paquete” dos días después, sabrá Dios bajo qué manipulaciones.

¿Miguel Terry se queda en la brecha digital o se convierte en un inmigrante digital?

Tengo varias deudas con el mundo digital y espero pagar algunas de ellas. Ahora me estoy animando con mi blog Cubano de La Loma y pretendo darle más vida cuando la conexión personal esté terminada. Es un mundo realmente impresionante y si lo asumes como viejo, pues como viejo quedarás. Un gran poeta le dijo casi avergonzado a Pablo Neruda el día que lo conoció: “Mucho gusto, Neruda, pero yo soy un poeta solamente conocido en el municipio”, y Neruda le respondió: “El gusto es mío, poeta municipal”. Si quieres ser municipal, pues municipal serás. Internet y las redes sociales te llevan mucho más allá de la municipalidad para ponerte en el centro del mundo. Antes no te leían un peruano o un español, ahora pueden hacerlo. Está en ti, y no en otros, la posibilidad real de que lo hagan. Han intentando encontrarles no se sabe cuántas monstruosidades a Internet, pero este medio de comunicación es como las lenguas de Esopo: lo mejor y lo peor. Si miras lo peor, no irás a ninguna parte. Es como el cine, por ejemplo: existe el cine porno, el de violencia gratuita y salvaje, la comedia vacía, pero está el de Chaplin y el de Bergman, el de Buñuel y Pereira dos Santos, el de Solás y Titón, el de Kusturica y Tarantino…y el de muchos otros cineastas que nos llevan a decir que el cine no es ni pornografía, ni violencia gratuita ni comedia vacía, sino arte.

En cuanto a publicaciones, ya sabes cómo es Internet: a veces tú no publicas aquí y allá, sino que te publican. Lanzas el trabajo, y de pronto aparece en el sitio o el blog que menos imaginas. Casi nadie paga derechos de autor y tal vez nadie los pague nunca. Hace varios años un sitio árabe en español reprodujo uno de mis artículos sobre (más bien contra) la guerra en Iraq. ¿Qué voy a pedirle al autor de ese sitio? El orgullo de que lo hubiera elegido es el mejor de los pagos posibles. Cubaliteraria también me saqueó, pero esa es una historia para otra película.

Es muy curioso: la obra que muchas veces un joven no lee en formato de papel, resulta que sí la lee en formato digital. Quizás la gente no lea menos, sino que lee de manera distinta. Parece que estamos cambiando de civilización, como aseguró un filósofo francés, y si te sientes viejo y no subes al carro con la chapa S-XXI, pues ya sabes: mucho gusto, poeta municipal.

Frase poética favorita.

La escribió el poeta peruano César Vallejo: “El traje que vestí mañana no lo ha lavado mi lavandera”. Escribió muchos versos magistrales y fue un genio en el empleo de la paradoja. Para algunos, incluyendo a Carpentier, es el poeta más grande del siglo XX. Mientras uno lee y relee a Vallejo recuerda, no sé si por desgracia, las mismas palabras que pronuncia El Patriarca de la novela de García Márquez cuando escucha recitar a Rubén Darío: ¨Parece mentira que este indio pueda escribir una cosa tan linda con la misma mano con que se limpia el culo¨.

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