Querer decir (de la opinión y de ser optimista)

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Quiero algo decir. Otra vez. Sentí la necesidad de leer algún artículo que me aclare si la situación del domingo pasado (-de elecciones municipales) fue común en otros lugares. De los que he hablado sobre el tema, algunos no tienen ni idea, otros salieron huyendo ante mi presencia, hubo quien se manifestó en público sin tapujos, uno se quedó callado y aquel compartió como si estuviéramos hablando de marcas de autos.
En mi país hay quien se molesta por todo, o tienen miedos, o se autocensuran porque el “policía interno” les machuca las ideas y les atropella el pensamiento. Las principales fuentes de este comentario son la utilización del comentario callejero, del cotilleo en la guagua, de la conversación en la cola de la carnicería hasta las doce de la noche por el cuarto de pollo que llega una vez al mes, el chisme en la piquera de los bicitaxi mal ubicada en la esquina donde hay un PARE, el brete en la cancha de baloncesto.
Hubo de todo. Aunque, lo que escuché, lo que vi, lo que me contaron no es fiable, y mucho menos importante, solo es descriptivo, coloreado y algunas veces inventado. Injusto en ocasiones. Pero no tanto como lo que escriben los amigos de “el majadero”, de quienes ni me voy a molestar en conocer su opinión. Tampoco quiero saber la opinión de Yoani, o Eliecer, ni de Rosa María, ni de periodistas oficialistas, ni de periodistas independientes, ni de delegados o dirigentes, ni de la Oficina Nacional de Estadísticas, aunque esas murallas se abran como las piernas de una mujer fácil (o las de un hombre común). No se pregunten por mis fuentes, hay quien dice más con menos y está consagrado o recibe millones.
Escuché que en más de un colegio hubo electores fallecidos puestos en los listados, también quien no aparecía en ellos y sin embargo viven a una cuadra del colegio. Me enteré de algún delegado que cuando fue a ejercer su derecho al voto no se encontró en el listado. En una circunscripción arreglaron un problema con el agua una semana antes de las elecciones y alguien se preguntó: “entonces ¿el problema dónde está?”
Hubo lugares donde una sola persona votó por los otros cinco miembros del mismo núcleo familiar. En otros intricados parajes pocos fueron los que se presentaron al colegio porque el censo poblacional nunca ha llegado a sus casas y ponen en dudas su ciudadanía.
A pesar de la campaña televisiva, radial y digital que se realizó no se llegó al 90 % de los electores. A pesar de esa campaña, hay que repetir las elecciones en más de mil circunscripciones.
No sé por qué, pero ni la noche del sábado, ni la del viernes se podía comprar RON en los establecimientos en moneda nacional (cafeterías y bares de tercera categoría). Sin embargo, los servicios de las tiendas en divisa de CUPET no cerraron en toda la noche. Los centros nocturnos abrieron entre semana porque el fin de semana debían permanecer cerrados (¿coerción festiva?) Los negrones de mi barrio toman alcohol todos los días y hay de quien les hable mal de Cuba de frente. Ellos también son parte de la Sociedad Civil cubana y no se vieron representados en la delegación de Panamá. Sintieron pena, lo comentaron y hasta preguntaron si era posible que eso afectara a nuestro prestigio internacional.
Se comenta que hubo quien en las boletas puso, con letras bien grandes, sus problemas, aunque ya eso es una práctica común. No importa lo que hayan pedido. Importa que ellos creen que esa es una posibilidad de ser escuchados. La crónica social no cuenta que estas protestas son comúnmente descritas en la prensa elitista internacional. La crónica social contada por el periodismo cubano no cuenta lo que sucedió, describió los resultados y coloreo la información. La resolución de muchos problemas antes de las elecciones pudo resolver dos o tres votantes más.
Tal vez hubo carteles, tal vez algún que otro grupúsculo levantó sus consignas, quizás hubo quien gritó alguna ofensa, no dudo que alguien se haya abochornado intentando crear un disturbio, o una revuelta. Eso no me interesa. Rechazo tanto a los extremistas como a los izquierdistas sin argumento. En ese diálogo no se sabe quién sería peor.
Pero a pesar de todo esto, las elecciones este año fueron más: Más del 90 por ciento de las boletas resultaron válidas; hubo un 4,54 % en blanco (inferior a la ocasión anterior).
Las mujeres ganaron más espacio como delegadas con el 34,87 %, superior a la anterior votación de 33,52, y los jóvenes hicieron otro tanto pues el 14,95 por ciento de ahora mejora el 13, 84 del pasado proceso. Cerca de la mitad de los elegidos posee nivel escolar medio superior, y 4 de cada 10 son universitarios. Fueron electos 11 425 delegados.
Cuba se esfuerza porque su proceso sea valedero. Lo es, lo será. Por su veracidad, por su intencionalidad, por el beneficio que le causa al pueblo la posibilidad de elegir su representatividad. La misma que en ocasiones ni siquiera se porta por su circunscripción. Pero, seamos optimistas como lo fue Guevara el hermoso.

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13 comentarios en “Querer decir (de la opinión y de ser optimista)

  1. Séneca dijo una vez: “el hombre que sabe lo que dice no grita”

    Amaury Pérez: “En la Cuba futura, la que promueve con fuerza, vigor e inteligencia nuestro General Presidente, hay que valorar, al menos por nuestra parte la civilidad que nos legaron nuestros antepasados”.

    Guía de ejemplos donde encontrar civilidad:
    Memorias de la vagancia en Cuba, José Antonio Saco
    La mejorana (Martí, Gómez y Maceo)
    Vindicación de Cuba, José Martí
    Indagación del Choteo, Jorge Mañach
    Ese sol del mundo moral, Cintio Vitier
    Por el camino de la mar o nosotros los cubanos, Guillermo Rodríguez Rivera
    Las metáforas del cambio en la vida cotidiana: Cuba 1898-1902, Marial Iglesias
    El poder y el proyecto, Julio César Guanche

    http://cartasdesdecuba.com/amaury-perez-tambien-opina-sobr…/

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  2. Guanche habla sobre en su ensayo sobre el sistema electoral

    Así el ciudadano vota por personas y no por programas políticos, elige sin saber lo que piensa el candidato sobre los temas de su interés. En vez de entregar un mandato “se cede confianza a otro -el representante- para tomar la decisión”, dice Guanche.

    Otro problema de representatividad son las Comisiones de Candidatura que deciden quien será candidato en las elecciones. Se dice que el partido no postula pero lo cierto es que sus militantes ocupan el 90 % de los escaños, dejando muy poco espacio al resto de la ciudadanía.

    El académico señala que ese acceso al poder debería ser universal lo que implica dar “la posibilidad de ingreso a la toma de decisiones estatales de corrientes de opinión que, respetando el ordenamiento legal, sean diferentes a las estatales/gubernamentales”.

    Es cierto que existen mecanismos no institucionales como los debates en las organizaciones sociales pero Guanche concluye que son solo “consultivos” porque el ciudadano no tiene poder real de “decisión, control, evaluación y revocación”.

    Recuerdo que a inicios de los 90 hubo una de estas consultas y en todas las reuniones que participé la gente pedía la reapertura de los preuniversitarios en las ciudades. Sin embargo, estos continuaron en el campo 15 años más sin que nadie diera la menor explicación.

    Más recientemente, se debatió púbicamente la agenda del VI Congreso del Partido Comunista pero no se informó cuáles fueron las opiniones o críticas que se recogieron. Así que al cubano solo le queda tener “fe” en que los dirigentes lo tomarán en cuenta.
    Julio Cesar Guanche sostiene que en el parlamento debería haber espacio para otras corrientes de opinión diferentes a las del gobierno.

    Julio Cesar Guanche sostiene que en el parlamento debería haber espacio para otras corrientes de opinión diferentes a las del gobierno. Foto: Raquel Pérez

    Es verdad que en un congreso de los comunistas son sus militantes los únicos con voz y voto pero en el caso de Cuba el ciudadano merece un mayor espacio de participación porque se trata de un partido único que decide el rumbo de toda la nación.

    Otro aspecto importante del análisis de Guanche es la necesidad de crear un órgano constitucional “para la defensa de derechos, que invoque en todo caso la supremacía de la Constitución ante lesiones de derechos o ante contradicciones legales”.

    Serviría para controlar que los poderes del Estado no violen la ley de leyes y también para que el ciudadano presente una demanda si les prohíben entrar a un hotel, le niegan la posibilidad de emigrar a la capital o cualquier otro derecho constitucional.

    El peligro que se enfrenta cuando no hay mecanismos de control sobre el gobierno, es que este termine situándose por encima de la ley y marginando del poder al único soberano genuino que puede tener una nación, su propio pueblo.

    Es un principio que teóricamente todos aceptan pero en la práctica los gobiernos van a la guerra, “salvan” bancos o limitan la libertad de viaje sin consultar a la gente. Son puestas en escena que olvidan el espíritu con el que un día se escribió el guión.

    El trabajo de Guanche tiene 120 páginas, por su profundidad no pueden ser sintetizado en un post, solo pretendo despertar el interés de mis lectores porque, más allá de cuánta razón tenga, creo que representa un análisis objetivo y profundo.

    Ojalá sea útil también a los diputados y delegados porque son ellos quienes deberían resolver algunas de estas contradicciones para lograr que la representación que se les entregó responda, por encima de todo, al mandato soberano del pueblo.
    Julio Cesar Guanche, ciudadanía y poder

    En: http://cartasdesdecuba.com/julio-cesar-guanche-ciudadania-y-poder/

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