La desorientación como exceso

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desorientacion_1“Estoy completamente desorientado, soy todo lo que está completamente desorientado, así se lamenta el hombre moderno”.

Comenta Friedrich Nietzsche en el primer párrafo de una de sus obras más conocidas, “el Anticristo”. Este filósofo alemán fue malinterpretado por los racistas nazis, lo cual provocó un Holocausto llamado Segunda Guerra Mundial. Hoy sigue siendo desentendido. Tanto así, que su obra es mencionada pero no conocida, incluso en altas esferas de la cultura (-quizás por prudencia).

Pero, lo que supo Nietzsche y lo que no sabemos muchos, es que su obra retrató a la modernidad, al hombre enajenado por la tecnología, a los amores materialistas, y a la juventud desorientada.

La revolución industrial trajo como consecuencia que el siglo XX se convirtiera en el de la televisión. Según datos tomados del periódico El País, cada día se cierran más de 2,5 librerías solo en España. En la actualidad, en ese país de más de 50 millones de habitantes solo sobreviven cerca de 3600 librerías.

En el municipio Artemisa existe solo un establecimiento para la venta de libros, libros que además tienen una impresión que pone en peligro su perdurabilidad.

Atendiendo a estos datos, Nietzsche no fue un catastrofista, porque retrató la catástrofe que agobia al intelecto humano de la actualidad.

Semanas atrás, una colega ponía en pugna al Gabo versus Samsung Galaxy. Hablando con otro colega entendimos que el siglo XXI, es el de las pantallas unipersonales a través de las que podemos colgar cosas en nubes (discos duros localizados a miles de kilómetros de nuestro aparato), compartimos fotos en las redes sociales y podemos mantener comunicación con familiares y amigos en cualquier parte del mundo viéndose lascaras al instante a través de video-llamadas.

Recientemente el programa “a mi aire” del telecentro Artv, trató el tema: “el lenguaje en los jóvenes”, quizás el sector social más desorientado. Viéndolo, reflexioné que el maltrato en sí, de lo que sea, el lenguaje o la pareja, es un síntoma de desorientación de la personalidad para querer ser lo que no se es. Aunque la desorientación también depende del contexto en que crecemos y del ámbito con el que interactuamos. Mientras más subdesarrollamos nuestra mente y nuestra sociedad, más nos desorientamos.

La desorientación es la tolerancia ante todo lo que nos convierte en seres a-pensantes. Vive desorientado quien no piensa en sí mismo ni en los demás. Se mantiene así quien no enriquece su espíritu, también quien dice gritando. Dijo Séneca que el hombre que sabe lo que dice no necesita alzar la voz. De esa forma, incurrimos en lo que llamamos faltas de respeto. En la actualidad todo parece ser una gran falta de respeto.

Hay quien se refugia en el alcohol para olvidar, fuma para aliviar, abandona su aspecto o descuida el lenguaje.

Los seres humanos somos una proyección de la vida que llevamos. Con ayuda divina o no, estamos hechos para errar y perfeccionar. Una vez dije que desorientado es quien no sabe enmendar.

“En cualquier proyección artística o puramente comunicativa, los excesos pueden arruinar las mejores intenciones”, comentó una vez Rolando Pérez Betancourt en el diario juventud Rebelde.

El hombre moderno, nosotros, debemos medir las consecuencias de nuestras acciones, porque a veces no hay marcha atrás.

Somos lo que queremos ser.

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