La felicidad como símbolo

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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

Escuchaba a Tom Waits, un músico bien atrevido, en el mismo momento en que leía una entrevista realizada por la agencia EFE a la cantante Omara Portuondo, donde declaraba sentirse “un símbolo de Cuba”. Tom Waits canta sonoridades propias del sur de los Estados Unidos; Omara, es conocida como “la novia del feeling”.

Ambos son símbolos por su música. Cierto es que Omara, Chucho, Eliades, Compay, Ferrer, el Buena Vista Social Club completo son embajadores de la cultura cubana. Ellos han internacionalizado nuestra música por todo el mundo. La verdadera música cubana.

Sin embargo, por estos días escuchaba un programa de la televisión cubana dedicado a Alberto Luberta. Uno de los conductores, con voz radial, dijo: “porque la música campesina también es parte de Cuba”. También es un adverbio que se utiliza para expresar conformidad entre una cosa y otra. Su sinónimo es además.

Su expresión era como una sumatoria dentro de una ecuación matemática, -si tuviera completa su frase, podría juzgarlo con mayor severidad. Sumaba con ella al estigmatizado ajiaco que nos conforma como cubanos, una música más, otro condimento en polvo. Claro, debo precisar que dicho vocero está acostumbrado a espectáculos tales como Lucas y otros programas de farándula.

Ya lo dijo Tony Ávila, nos consume la competencia y vendemos la cubanía en timbiriches. Promovemos en grandes espectáculos lo que no somos, lo que copiamos. A esos mismos conductores que no cuidan el uso de las palabras dentro de la oración les encantan los sombreros de yarey, la carne de cerdo, el congrí y la fría cerveza, -aunque vistan de traje y no con guayaberas.

El ajiaco cubano es guajiro. La música cubana es criolla. Cuba entera es campesina. Como dice la canción “aquí el que más o el que menos tiene un pariente en el campo”. Los mambises fueron campesinos, terratenientes y esclavos. Peleaban en la guerra con guitarras para el bonche y machete para la carga, un tabaco en el bolsillo y el amor de una guajira en el corazón. Campesinos también fueron a la Sierra guiados por un guajiro de Birán, holguinero y sabanero.

El cubano es jaranero, enchuchador, fiestero, cuerista, algunas veces se acompleja pero siempre está sonriente. Así son sus expresiones musicales. Ritmos que son más aplaudidos por el extranjero que por el residente. Géneros que llevan en sí máximas expresiones de poesías. Poderosas interpretaciones que en muchas ocasiones arrancan al cantante una punzante improvisación. Ese poder es único en nuestra música.

La creatividad en los cubanos es amplísima. Inténtelo usted amigo lector. Haga su décima, su poema, su canción, su carta, envíemela y recibirá acuse de recibo por mi parte. Porque la música, las buenas letras, la palabra correcta son símbolos de esta nación, y hacen de este país un lugar más vivo y feliz.

Rescatar a los símbolos que nos hicieron los seres felices que somos no es homenajear a Omara, ni dedicarle unos segundos de un espectáculo luminoso a la también cubana música campesina. La sonoridad es sanguínea, y genética. El son, quizás no nació en Cuba, pero les aseguro que nadie en el mundo lo toca, lo baila, ni lo canta como lo gozan los cubanos.

Tom Waits

Tom Waits

Omara Portuondo

Omara Portuondo

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