El hombre de Fidel

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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

“Cuando hay hombres sin decoro, hay otros q llevan en si el decoro de muchos hombres”.

José Martí

El héroe de la República de Cuba Ramón Labañino Salazar llegó durante aquella media mañana calurosa al teatro de la Universidad Mártires de Artemisa como vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC) a realizar un intercambio prometido con los estudiantes de esa institución.

Llegó saludando alumnos como a viejos conocidos. Sonriendo de emoción, visualizándolo todo. Confundido entre la multitud, se disfrazó de juventud a pesar del cansancio acumulado por 15 años de aguda prisión en “Tierra Sangrienta”, que es como se le conoce a la prisión donde estuvo. Las leves dolencias que no puede ocultar todavía no lo alejan del contacto directo y se entremezcla con todos y con todo.

El local repleto retumbaba con las risas que arrancaban al público las anécdotas de Ramón. Estudiantes y profesores lo aturdían con preguntas cada vez más complejas y sentimentales. Él no dejaba de responderlas, ni de pedir más. Cuenta sus relatos como disparos rápidos y certeros, como un cuentero. El espíritu jaranero del cubano no lo puede ocultar.

“Mi nombre es Luis Medina, nací en Houston Texas, vivo en Puerto Rico”, contó en su primera anécdota. ¿Cuántos años fingiendo ser alguien más? ¿Para qué? “Si de algo se me puede acusar es de salvar vidas. Y estoy muy orgulloso de que se me acuse de ello. Nosotros solo realizábamos trabajos con limpieza. Protegía a nuestro pueblo. Defendíamos a Cuba sin la utilización de métodos violentos. Penetrábamos grupos terroristas. Luchábamos contra el terrorismo”.

Desde el público le pregunta un poeta ¿qué condiciones pueden llevar a un hombre a darlo todo? Su respuesta parecía aprehendida: “Todos tenemos momentos difíciles en la vida en los que uno se tiene q definir. Me agarré de la reserva moral de Martí y de Maceo, y creía realmente que yo podía ser como el Che. Esa es una riqueza espiritual de la que podemos coger cuanto queramos. Cuando eres un hijo fiel de tu Patria tienes que hacer por ella. No importa donde estés ni la misión que estés cumpliendo. Lo más importante es ser de los hombres de Fidel”.

En el acto se le entregó la Pluma de Villena, una distinción que otorga el centro a destacadas personalidades como reconocimiento a su labor y a los aportes a la Patria. No hay manera de agradecer el deber cumplido. Los estudiantes lo hicieron suyo y se fotografiaban con él. Se hacían selfies. No podía responderles a todos, no los abarcaba a todos.

La Patria irrumpió en la universidad artemiseña aquel día como un ciclón, pero de aire puro en los pulmones. Era Ramón, uno de los cinco hombres que hoy representan la dignidad del pueblo cubano. Era Ramón, un hombre de Patria o Muerte. Un hombre de Fidel.

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