“Merci, ¿café?”

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Serafina Hernández Rodríguez empezó a limpiar su mundo desde muy temprana edad. Agarró su primer escobillón en el año 1987, y desde entonces no ha dejado de barrer. Su filosofía, el sentir común; su meta, el bienestar social; su vicio, el café.

Merci, como cariñosamente la llaman los vecinos, se levanta todos los días de lunes a sábado a las cuatro de la madrugada, y ya a las cinco está arañando la calle hasta la media mañana. Luego en la tarde, pasada la una, se incorpora en otra sesión de trabajo, pero menos ardua.  Comentaba medio en broma, medio en serio que “a veces remolonea un poco y empieza más tarde porque así ya la gente está despierta y puedo saludar y hablar un poquito”. A ella le entusiasman los saludos mañaneros.

Recibe un par de guantes cada seis meses y el escobillón se lo cambian a cada rato. Se adorna con un pañuelo en la cabeza, se cubre bien todo el cuerpo con botas de gomas o de material, en dependencia de la lluvia y el clima, y luce además una prenda que le cubre la boca y la nariz protegiéndola de posibles infecciones o de alguna fetidez amarga. Lleva en su carro de hierro dos sacos para esconder todo lo que recoge y lo maneja con la destreza que forja la experiencia. Es como si Merci en vez de salir a trabajar saliera a pasear.

No es que el trabajo de un barrendero sea aburrido, sino que es socialmente útil y en Candelaria, los pobladores han sabido concientizarse al respecto y respetan la labor que hacen hombres y mujeres como Serafina, quien ha sido reconocida muchas y nunca suficientes veces por la Asamblea Municipal del Poder Popular, y por la circunscripción que atiende.

Por el esfuerzo que realiza desde hace 30 años y por la calidad de su trabajo ella es la encargada del casco urbano, unos cinco mil 500 metros cuadrados que contienen al parque, y a las principales instituciones políticas y de gobierno locales. Todo el mundo quiere que sea Merci quien barra su calle, aunque de ella los demás trabajadores del sector de comunales de Candelaria ha aprendido que la sistematicidad y la entrega hacen valedero el trabajo, por eso bien pudiera nombrarse a Candelaria municipio destacado en el cuidado y mantenimiento de la limpieza.

“Los días de fiesta son los peores, por el reguero que se arma, pero yo me levanto a las tres para que cuando salga el sol sea menos el trabajo y para que la basura no se acumule”, cuenta Serafina, una mujer que ha logrado con su espíritu jovial, su carisma de veinteañera, la dedicación y el respeto por los demás ganarse más de un buche de café todas las mañanas cuando sale a limpiar el mundo que comparte con los demás.

 

 

 

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