Denys San Jorge rescata todo el pasado de Cayo de la Rosa

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Denys San Jorge Rodríguez puede viajar en el tiempo. El escritor Miguel Terry Valdespino lo llamo una vez pintor arrepentido, suponiendo el posible abandono del caballete por una empresa de físicos y astrofísicos. El concepto de desplazamiento hacia delante o atrás en diferentes puntos del tiempo, así como lo hacemos en el espacio parece cosa de locos o de coloquiales esquizofrénicos, más si se trata de un cubano.

La cuestión es que Denys ha estudiado tanto el pasado causal en el relativo presente causal que hasta se ha propuesto definir un probable futuro causal, sin ser fanático de H. G. Wells, de Isaac Asimov o de Albert Einstein, aunque sí lector de a ratos de Mark Twain y sus disparatadas aventuras de un yanqui de Connecticut en la corte del Rey Arturo, o del Charles Dickens que narró las ensoñaciones del devenir de Ebenezer Scrooge en Canción de Navidad.

Ninguna actitud pesimista puede definir al espíritu idealista y violento de Denys San Jorge Rodríguez (Bauta, 1984). Su actitud intelectual profesa una fe constante al rescate de toda la historia de Cayo de la Rosa. Ni sus pelos son largos y grasientos, ni habla solo y mucho menos tiene manías. Su empeño como activista social de la comunidad donde vive casi opaca su esfuerzo artístico, que deja de ser notable a pesar de tantos premios y reconocimientos recibidos, cuando su ímpetu cederista le arrebata el protagonismo al delegado, ladrando quejas a las cien mil vírgenes, si fuera necesario, por algo que esté mal hecho, inconcluso, peligra o tiene un indeterminado futuro. Ya lo dijo el escritor caimitense, Terry Valdespino, Denys es “la criatura más voluntariosa que cualquiera pueda conocer”.

Entre tanto quehacer ha escrito una novela para la posteridad que ha llamado Avenida Dayton Hedges, en la que narra una historia que se niega a morir en el olvido, provocado por el desgano depredador de la contemporaneidad cubana. También prepara el documental Cayo de la Rosa: un paraíso textil. Ambos materiales han sido logrados por la tanta información que maneja el artista, quien ha sido declarado exprofeso, tesorero de la historia de la textilera y del batey. En ellos los obreros cuentan el impacto de las modernas lanzaderas de los telares Draper, los tejidos Gingham y los driles del Ariguanabo.

A él acuden longevos textileros con anécdotas como aquella cuando Míster Hedges llegó una mañana a la fábrica y los trabajadores se manifestaban en huelga y ante ellos pasó dando saludos y apretones de mano, como si entendiera sus reclamos. Tanto ha rescatado de testimonios como ese que cuando habla sobre el tema pareciera que estuvo allí, como si hubiera viajado en el tiempo y regresado para contárnoslo.

En su guarida del Callejón de los Perros, su barrio de nacimiento, tiene archivado todo lo que ha rescatado del pasado textil de aquel batey con orgullo y afecto. Apilados en un estante confluyen datos y nombres rescatados, libros de empresarios y empresas cubanas del pasado, revistas Ariguanabo y periódicos del territorio dando eco de la industria, un calendario pergamino de 1957, medallas, botones, retazos, cientos de fotografías, incluso arcaicas lanzaderas de aquellos telares de la Draper Corporation, materiales con los que, de quererlo, pudiera maquetar la que fuera la textilera más importante de América Latina hace más de 60 años y todo el batey de Cayo de la Rosa a su alrededor.

Con su imaginación se puede geo-posicionar cada casa con sus habitantes originales, trazar cada calle, camino o trillo del pasado e incluso enumerar en una cronología cada suceso, acto o visita. Quizás por tanta información es que a veces le duele la memoria, cuando un día planteó la periodista de la radio Maricela Menéndez, que esa migrañosa fantasía pretende “contar toda la verdad de lo que significó Hedges para Bauta y sus alrededores”. Pues, según Denys, “Cayo de la Rosa, fue la más poderosa Company Towns no azucarera que existió en Cuba”.

Desde 2013 la impaciencia del artista se ha puesto en práctica en un andar entretenido por encontrar cada retazo de la latente historia del pasado capitalista local en su comunidad, cuyo protagonista fuera el norteamericano Dayton Hedges. Lo que comenzó con un sueño y parecía que se perdía en el tiempo se convirtió en un proyecto creativo del que hablara con picardía y afecto el escritor Miguel Terry en el artículo Soñador en la Avenida Dayton Hedges, en su blog Cubano de la Loma cuando planteó: “Y no le dio por una novela con una historia sencilla, con bodegueros y bodegueras, panaderos, boleristas, viejos locos y puticas de barrio. No. Le dio por narrar la historia de la Textilera Ariguanabo, en el Cayo de la Rosa, ahora convertida en poco menos que cenizas, pero hace 60 años atrás la más importante de América Latina”.

Y estaba en lo cierto el colega. A Denys no le dio por escribir de mujeres al estilo del narrador Francisco García González, ni de las que inspirarían a Pedro Juan Gutiérrez, ni tampoco abordó temas polémicos de la sociedad cubana que catapultan con facilidad a la fama, ni se dejó llevar por la clave del éxito de Leonardo Padura de exprimir a un personaje en tantos escenarios sea posible. No cuenta los amoríos que surgen en el malecón habanero, ni las bachatas en los bares tercermundistas. Encontró un material con punta y le da filo cada día. El batey o aquella Company Townsde Cayo de la Rosa y el complejo industrial Textilera Ariguanabo, son el escenario de la novela Avenida Dayton Hedges que, aún terminada, permanece inédita. Publicarla es su anhelo, y hasta llevarla al cine, como mismo se hizo con Moscú Rojo, aquel corto inspirado en un cuento homónimo de su autoría.

Ya lo dijo Terry Valdespino: “Bauta entera guardaba, de manera cómplice, una historia que se negaba a morir entre la abulia y el desgano del depredador y el “bostezador” contemporáneo de la Isla de Cuba”. Ese sería el material perfecto, el capitalismo local que impulsó a Denys. Sus fuentes primarias, los vivientes y longevos textileros que conocieron al emprendedor Dayton Hedges, dueño del enclave industrial Textilera Ariguanabo, donde se sintió el progreso y el bienestar de sus impresionantes y descontextualizadas leyes, como el pagarle un centavo diario a los niños por asistir a clases –si tenemos en cuenta el tipo de gobierno existente en el país-, donde también funcionaba un fuerte sindicato que convocaba a sus obreros a necesarias huelgas contra el propio Hedges, las que dieron como resultado los mejores salarios de Cuba y se promulgara la maternidad obrera por primera vez en el país, en un lugar donde muchos de sus obreros llegaron a lucir flamantes autos de fabricación estadounidense y vivían una gran parte de estos, en este criollo batey residencial. El resultado, una novela, un documental, un libro de ensayos, una serie de retratos, grabaciones testimoniales, en fin, un valioso resguardo oral y escrito, que ha sabido proponerse con sus sueños.

El 26 de septiembre de 2016, Denys posteara en su blog un artículo titulado “Ariguanabo, aquel algodón, aquella fábrica…[1], en donde publicara un agradecido testimonio: “…has desempolvado mi pasado sin temor, sin los prejuicios que tuvimos nosotros, has revivido mi niñez, has amado mi fábrica igual que yo, no sabes el tesoro que tienes en tus manos y no sabes cuánto te lo agradezco…” 

Tan relevante y motivador ha resultado el tema que la revista Palabra Nuevade la Iglesia Católica, premió al colega Miguel Terry Valdespino por su artículo ¿Un Socialista llamado Dayton Hedges?, aparecido en el número de julio-agosto de 2016, donde comenta también sobre estas obras de Denys.

De aquella música de maquinarias y telares Draper que se expandía por el valle y fluía por la cuenca del Ariguanabo, solo queda la obra recreada por las ensoñaciones de Denys. De aquella fábrica desaparecida solo quedan los recuerdos que Denys ha recopilado en su investigación encaramado en máquinas y camiones, detrás de diseminados testimonios, una tarea a la que se entregó por pasión y sin presupuesto.

En la actualidad Avenida Dayton Hedges se conserva, en la misma gaveta desprejuiciada entre los materiales históricos de antes de 1959 y otros posteriores, como si el artista no quisiera perder ningún detalle del devenir bautense.

[1]https://denysanjorge.wordpress.com/2016/09/26/ariguanabo-aquel-algodonaquella-fabrica/

 

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