Irma, Artemisa y yo: “Donde hay hombre no hay fantasma”

Estándar

Aquel viernes 8 de septiembre se nos fue la corriente por primera vez. Así comenzó la incertidumbre, la preparación y la espera en La Cuchilla, el barrio donde vivo en el reparto Toledo de Artemisa.

Empezaron con el quita y pon de corriente como a las 10:00 p.m. ¡Qué clase de calor! Llegó como a las 12:30 p.m. Por suerte Humberto anunció a esa hora que iban a repetir el parte de Rubiera. Me puse nervioso por primera vez en la vida ante tal tipo de fenómeno hidrometeorológico, como se les conoce ahora a los huracanes en el argot periodístico. Felo, el vecino del frente, despierto a esa hora me sacó conversación.

– Hay quien se queda como tú, despierto la noche entera. Cualquier cosa cruza para acá.

– Tranquilo Felo. Vamos a ver como se encamina esto.

Como dije, 8 de septiembre. Ese día yo debía ir a casa de Mayi (Omaira Scott Alfaro) en Carambola, al norte de Candelaria, a celebrar el día de la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, alma y luz de la religión cubana. Apenas un par de semanas atrás estuve allí a visitar a Los Taita, a tomar Ponche Mambí con jengibre, miel de abeja y aguardiente y a comer ajiaco con maíz. Le prometí que este año no me perdía esa celebración en su casa, y ella displicente y dispuesta como siempre no dejó de repetir que en su bohío siempre tengo las puertas abiertas. Dicen que ese día hasta tuvieron que cancelar la peregrinación en su santuario de El Cobre en Santiago de Cuba. Bueno, el 17 de diciembre será, aunque en Cubadebate dijeron que ni San Lázaro pudo con Irma.

Los huracanes son efímeros le comenté a alguien. Estos van a ser tres días muy estresantes. El estrés, ese enemigo-amigo de la vida. Por esos días Alberto se había aparecido por la casa con un artículo de Juventud Técnica sobre esa patología o enfermedad o estado normal de un ser humano en momentos de tensión física o sicológica. Ahora resulta que estar estresado es algo normal. Es la madurez la que nos hace entender cuestiones como el estrés, o como Irma, o como el estrés que me provocó Irma. Cuando era fiñe uno pensaba “qué rico ciclón, no hay clases”. Ahora de grande, “de pin… porque ese bicho no cogió por otro lado”.

Ahora resulta que Irma fue una creación de los yumas. Esa gente lo inventan to´ caballero. Es por la competencia del sistema capitalista, me dijo Fausto el albañil de la esquina de la casa,¿quién le habrá puesto ese nombre a él? La cuestión es que según el físico MichioKaku en entrevista transmitida por la CBS, los recientes huracanes son “hechos a medida” como resultado de un programa gubernamental de modificación del clima en el que los cielos fueron rociados con nanopartículas y las tormentas activadas mediante el uso de láseres. Si te quieres acostar amigo lector, puedes hacerlo. ¡¿y eso que eeee?! Si Carlos Díaz o el Toti hubieran escuchado las confesiones de ese tipo se hubiera levantado y salía corriendo, “no, no, no, no, ni una más Caballo”, me lo imagino chancleteando por el pasillo del apartamento de F y tercera.

Pero, idea de los yanquis o no, en tremendo corre corre que nos puso. 72 horas en categoría cinco de la escala Saffir-Simpson. Más de 290 km/h en los vientos por unas 36 horas. Devastó Santa Lucía y se ensañó con Barbuda. Jodiendo después entendimos que Irma no puede ser creación de los malos, sino de los europeos, porque hizo de turista al visitar todas las islas de las Antillas mayores, la Cayería norte de Cuba y fue a terminar la borrachera en Miami.

Los tres días de zozobra comenzaron para Cuba el 8 de septiembre, pero terminaron el 11, día trágico en la historia: golpe de estado a Salvador Allende en Chile y atentado terrorista suicida contra las torres gemelas.

El sábado fue de preparativos en artemisa, la gente para la calle a resolver comida para guardar, las galletas se habían acabado en los mercados, sacaron un camión de pomos de refrescos que voló, el pollo y los ahumados se trasladaban en jabitas de nylon para refrigeradores que esa misma noche no tuvieron electricidad con que trabajar.

Durante la mañana me dediqué a amarrar el techo de fibras de 5007, a recoger todo lo que pareciera basura en un saco, a asegurar el tubo de la antena, a vaciar el tanque con la ayuda del puro que vino de Las Terrazas preocupado porque yo iba a pasar el ciclón solo. “Donde hay hombre no hay fantasma”, y me volvió Paco Myfriend a la mente. Pero no, la noche del sábado no se podía pasar dopado, por ello me negué a toda invitación de tragos.

Vacié el tanque de mil litros que compramos entre mi padre y yo porque no estaba en condiciones de esperar el viento que se acercaba. Lo dejamos calzado y sin tapa en la esquina del pasillo, protegido por ese ángulo de 90 grados y ajustado de manera que el viento no se lo iba a llevar. A cielo abierto recibió unos 500 litros de agua, así que iba a tener agua de lluvia al menos por unos cuantos días y llovió duro. En Artemisa recibimos rachas de tormenta tropical y mucha lluvia. Se pudieron llenar las presas a 64.03 % y cuatro de ellas pasaron a más del 90 % de su capacidad. Una bondad del caótico desastre natural fue que alivió la sed del país después de tres años de severa sequía, aunque no resolvió del todo la situación.

En las redes sociales y en algunos trabajos especiales que hice me enteré que la situación de los acueductos de Artemisa no era favorable antes del huracán y que las afectaciones provocadas por el meteoro eran latentes pues había roturas en siete equipos de bombeo de agua y cuatro días después del paso de Irma la provincia todavía estaba al 64 % de su recuperación.

Fueron unos 22 mil 120 ciudadanos los evacuados en la provincia, la mayoría en casa de familiares y vecinos, un típico acto de humanismo del cubano. Todos mis vecinos me quisieron albergar, Odys Lázaro, Ana y Nene y Robertico. Un gesto que me conmovió, siempre añadiéndome: “cualquier cosa, ahí estamos”. Ya mi abuela me había contado que cuando los grandes Gustav e Ike ella se había escondido junto a mi abuela dentro del closet, por si acaso.

Y llegó la noche. Se cerró el cielo. El viento comenzó a arreciar. ¿Dormir? Me tiré en la cama pensando en el techo, los puros, los viejos, la jeva, en todo. Y para colmo cuando se va la corriente en Toledo se va el teléfono también, y se había ido el fluido eléctrico desde las 2:00 p.m. así que estaba incomunicado al menos por telefonía fija y casi por celular, porque los quilos que me quedaban no alcanzaban para mucho. Así, entre una racha y otra, abriendo la ventana cada cinco minutos, dando vueltas por la casa y revisándolo todo pasé la segunda noche sin dormir.

Esa noche colapsó el Sistema Electroenergético Nacional, algo de lo que me enteré el lunes. Cuba estaba oscura en su totalidad por primera vez. Candela, qué susto. Recordé aquel apagón inexplicable que tantos chismes generó aquella noche estrellada. Si hubiera sido un apagón planificado se debió informar ¿no? La cuestión es que ahora Cuba sí estaba apagada casi en su totalidad. Y, ¿cómo la íbamos a encender? Con vías alternativas, con las islas creadas durante la Revolución Energética y con los grupos electrógenos. Así se hizo rápidamente la luz en muchos lugares, y hasta llegó al reparto centro, a una casa detrás de 5007 (que está en el margen oeste del centro) el domingo en la noche y el lunes y el martes (vino con bajo voltaje) y el miércoles (vino un ratico) y el jueves (me volví a acostar sin ella) y etc…

Todas las vías son alternas, todo representa una alternativa para recuperar lo que se tenía lo antes posible, pero ¿y las soluciones a largo plazo? No he escuchado que hablen de ellas. Y si lo mejor para resolver es lo alternativo, entonces porque no resolvemos lo de la economía con el desarrollo sostenible y tecnologías alternativas, o lo del periodismo con los medios alternativos (y/o los comunitarios).

Artemisa fue la provincia número 14 en llegar hasta la fase de alarma ciclónica, que es como una alerta roja en otros países. De esta solo se escaparon Pinar del Río y la Isla de la Juventud, territorios usualmente castigados por fenómenos hidrometeorológicos.A muchos pinareños se nos dibujó una sonrisa en la cara cuando en Sancti Spíritus anunciaron a través de la televisión local que poner sacos de arena sobre los techos era una alternativa muy efectiva para protegerlos de los vientos. Pensé: “descubrieron el agua tibia en el Yayabo”.

Llegó la madrugada del domingo, cuando los vientos de Irma se extendieron desde Sancti Spíritus hasta Artemisa por 16 horas consecutivas, algo que dicen no ocurría desde el huracán del 18 de octubre de 1944.

De aquella noche muchos pueden contar que es el peor recuerdo de sus vidas. El viento soplaba con ruido. Asustaba ver guijarros rodar por las calles y sentir gajos partirse por la fuerza del aire. Solo en casa como Daniel. Y no podía llamar por teléfono.

Estuve en la caverna en que se convirtió mi casa por 36 horas hasta que salí el lunes 11 a trabajar como si ya todo hubiera pasado, porque en el clima no se sentía nada más. Sin embargo, cuando uno camina se da cuenta de los destrozos, cuando abrí el Facebook no pude cerrar la boca hasta que alguien me saludó o me dijo algo que me sacó de aquel estado. Absorto miraba una y otra vez los foto-reportaje de Cubadebate, de Cubaahora y de otros medios. No podía entender tanto desastre. Todavía no entiendo tanto desastre.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s