La familia, secreto de la diversión

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Centro Mixto República Oriental del Uruguay

Por ARLENIS DUARTE DIEGO (arlenis@artemisadiario.cu)

MANUEL ALEJANDRO HERNÁNDEZ BARRIOS (manu.hdez32@gmail.com)

Cada visita predice una relectura del paisaje donde el visitante siempre encuentra nuevos detalles entre todo ese imaginario. En el Eco-museo Comunidad Las Terrazas confluyen historia, tradición y cultura entre la naturaleza del idílico paraje de la serranía.

Una vez allí los recorridos perecen no tener itinerario previsto. Las expectativas del visitante quedan satisfechas con la simple acogida de los habitantes del poblado, la pureza del aire que se respira o con la deliciosa amargura de un café al Aire Libre.

Escuela y comunidad

Una parada intencional al Centro Mixto República Oriental del Uruguay predice la sostenibilidad de ese proyecto social.

La singular y típica estructura de esta escuela asombra por su sencillez arquitectónica en contraste con la calidad de su claustro, el cual cuenta con 16 master de 52 profesores. Además, confluyen en el plantel las enseñanzas primaria, secundaria y técnico-profesional con una matrícula general de 272 estudiantes. Conjuntamente cuentan con un aula anexa de la escuela especial José Luis Tasende del municipio Candelaria.

Desde 1998 esta institución educativa pertenece al plan de escuelas asociadas a la UNESCO por lo que prioriza diferentes proyectos como la Ruta del esclavo, Aprender para el futuro y otros vinculados con el cuidado del medio ambiente al encontrarse enclavados en la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario.

De las instituciones escolares de Artemisa, ésta pudiera ser la que más cumple con el propósito de convertirse en el centro cultural más importante de la comunidad. No hay lugar del poblado donde no se hable de la relevancia de la misma para cada evento que allí acontece. Los habitantes refieren que el trabajo desarrollado por alumnos y maestros logra la interacción necesaria entre la escuela, la comunidad y el medio ambiente.

Centro Mixto República Oriental del Uruguay

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Noche con mi familia

“La familia unida por la semejanza de las almas es más sólida, y me es más querida, que la familia unida por las comunidades de la sangre”, sentenció José Martí.

Con ese precepto, José Miguel Guzmán, asesor del programa de la Unesco en el centro, desarrolla el proyecto Noche con mi familia, una experiencia comunitaria que surge por la necesidad de ampliar el horizonte recreativo y crear vínculos entre la mencionada institución educativa, los niños y los padres.

A través de distintas dinámicas y juegos trabajan en el fortalecimiento de los lazos familiares, el amor y el respeto. Su principal objetivo es integrar a la familia y a la comunidad al proceso docente-educativo y así apoyar el trabajo del consejo de padres.

Dentro de las propuestas que presentan incluyen la preparación integral del ser humano desde una mirada social, ambientalista, intercultural e integracionista, haciendo énfasis en la formación de valores.

En dicha actividad nocturna participan estudiantes de primaria y secundaria con sus respectivas familias. Como su frecuencia es mensual, cada mes le corresponde a una de las enseñanzas realizar juegos, durante aproximadamente una hora, donde la interacción entre unos y otros permite distinguir cuánta comunicación existe entre padres e hijos.

Distintas son las secciones que conforman el guión del evento: Para conocernos mejor, Yo imito a…, Lo tomas o lo dejas. Al mismo tiempo, se presentan de libros para fomentar la lectura y se debaten diferentes temas según la concepción del tema programado.

La Casa Club comunitaria acoge el proyecto de forma tal que se vean involucradas la mayor cantidad de personas posible.

Y así transcurre otra noche terracera en la que se renuncia a la rutina casera para ayudar a construir un mundo mejor y sostenible en el que todas las edades sean partícipes de la diversión.

 

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La fantasía Crítica de “el Taco” (Primera Parte)

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La clave es el portón verde. Era todo lo que sabía del lugar en donde me iba a presentar. Al doblar la esquina, al fondo del cine municipal de Güira de Melena, uno se evapora. Sacudí el polvo de los zapatos mientras esperaba en la puerta. La noche anterior hable por teléfono con Juan Carlos Muñoz Alfonso y me había advertido que si llamaba por el frente de la casa nadie notaria mi presencia. Por seguir sus instrucciones, ese día logré que conversáramos. Detrás del portón un pasillo, y luego de un patio interior crucé la puerta de la sala de estar donde lo esperaría. Continuar leyendo

La Feria, los libros… su mirada

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Comenzó la Feria del Libro en Artemisa el pasado martes 7 de abril a las seis de la tarde. Terminó el domingo 12 bajo un intenso sol y con calurosas sorpresas. Como siempre, los libros fueron resguardados en el salón del Coppelia de la capital provincial. La calle República fue interrumpida con una pantalla gigante y varios timbiriches con venta de libros y de refrescos o algunos engrasados y calientes comestibles. Esta feria fue poco refrescante, aunque para mí fue reconfortante y en algunas ocasiones complaciente. Empecé como si esto fuera una noticia pues pretendo contar el cronograma de mi participación en ese evento regional. Continuar leyendo

Tarde

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Hombre_solo

Extraño lo que éramos

Es inevitable. Estaba sentando escuchando a los pregoneros, la conversación de Mercedes la vecina, y los diálogos de los niños que salían de la escuela. Cosa rara era que no estaba oyendo música. Tenía parado el pensamiento, y sin embargo no te pensaba. En un arranque de lucidez noté tu ausencia, era obvio que no estabas. Quise levantarme de la cama para abrir una botella de vino. No había gaseosa, ni limón y se me antojaba una sangría y un par de buenas baladas de Jazz. Me levanté con el dolor de columna que por estos días me oprime y con esfuerzo llegué hasta la puerta del refrigerador. No lo abrí. En ese instante Randy tocó la puerta, había olvidado que lo cité para repasar inglés. No quería dejarlo pasar. Esa tarde estaba muy negativo, quizás si estuvieras mejoraría mi sociabilidad. Otra vez solo. La realidad es que siempre he sido tan poeta como ha querido tu ausencia. No me resistí y lo dejé entrar. Randy me ocupó durante una hora con una sonrisa constante a la que le respondía con simples gestos faciales. Me repugna la barba de Randy. Ese día me repugnaban muchas cosas. Me levanté leyendo a John Banville y la sensual escritura de ese señor provoca que uno se repugne con cualquier cosa, incluso cualquier otro libro que no sea Antigua Luz. Mientras permanecía en la cama soñaba despierto con poder escribir algún día como Banville. Sin embargo, yo he sido menos literato, como V. S. Naipaul, pero cuando encuentro una novela como Antigua Luz, siento que escribir (pude haber dicho “ser escritor”) mejor es la posibilidad y no la consecuencia. Al fin Randy se fue detrás de su prima Betis que lo llamó al celular. Agradecí a las tetas de esa pelirroja y a su cerebro de mosquito que se le haya ocurrido llamarlo. Me gustan los pechos redondos como los de Betis. Se parecen a los tuyos, pero los tuyos saben “a jamón y tortilla de patatas”. Pensar en eso me da unas ganas intensas de arrebatarte el ajustador con esa técnica de mis dedos que tanto te molesta en público. Ahora pasa Eva. ¡Qué nalgas tiene esa mujer! Se pone pantalones apretados que sacan de sus casas a todos los vecinos de la cuadra. ¿Tendrán esas nalgas vellos rubios como tú? Te aseguro que las tuyas son el orgullo de tu divina figura. Pensando en ello, entro a la casa para escuchar esas baladas que no escuchamos juntos. Ni Betis, ni Eva son las mujeres que me gustaría tener tan cerca. Son públicas como esta ciudad y tú eres única y fijas mi rumbo en tu dirección, y mis deseos en tu caminar. Inevitablemente te extraño ¿Será que soy adicto a tí? No, es que tú me importas más de lo que crees, más de lo que te demuestro. Esta soledad de 5007 es un bosque demasiado oscuro y profundo. Es tarde y tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir. ¿Me has oído, Maravilla? Mucho que viajar antes de poder dormir.

Las Terrazas, a través del lente de Leslie Lister (Galería)

Galería

80 días

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Por Ramiro González

Voy a dar la vuelta al mundo montado en un burrito.

                Sancho Panza. 

La vuelta al mundo en 80 días

En una terminal de viajes de cuyo nombre no puedo olvidarme, me encontraba cierto día, con mochila de aventurero y una tonelada de ganas de conocer el mundo. En realidad no me disponía a conocer el mundo, yo pretendía algo más sencillo, algo más simple: recorrer mi país, mi terruño, mi patria; mi meta: hacerlo en 80 días.

Dispuesto a emprender el trayecto llegué en horas de la mañana a la terminal de viajes nacionales. Un pintoresco cartel de bienvenida distinguía la entrada de la misma: “Terminal de viajes nacionales La Ambidiestra”. Un nombre un poco inusual, puesto que no se encuentra en el Top Three de los nombres más usados para nombrar inmuebles estatales, en el que sí se hallan, ocupando el tercer peldaño, ¡nombres de países amigos!, en el segundo escalón, ¡fechas históricas!, y en el primer lugar, y con récord de semanas consecutivas, ¡¡nombres de héroes!!

En sus adentros se encontraban todas las características constructivas, administrativas, burocráticas, subjetivas y objetivas de una terminal de viajes bien diseñada. Contaba, entre otros departamentos, con una cafetería, un baño, un salón de espera, una taquilla de venta (donde se venden los pasajes) y una taquilla de información (donde se venden los periódicos), por mencionar algunos.

La terminal estaba adornada de manera muy acogedora. Se podían apreciar sus murales históricos-culturales, sus teléfonos públicos-rotos, sus colillas de cigarro en el piso, sus vagabundos… en fin, adornos en general.

En la cafetería se prescindía de una abundante oferta gastronómica, pan francés (de-antierrr), adornado con dos leves capitas de jamón, o con bistec de… bueno, no pude identificar de qué era el bistec, no solo por su escaso tamaño y gramaje, sino porque su sabor no me era familiar en el paladar. También se gozaba de otras opciones: cigarros, ron, tabaco, refresco al tiempo, agua al vapor, ristra de croqueta y condón al plato.

El baño era espectacular, contaba con un servicio 5 estrellas: sin agua, sin espejo, sin papel, sin descargar, pero con cobrador. Y no crean que es casualidad que describa estos dos lugares de forma consecutiva: es que saliendo de uno tuve que ir al otro. Para luego llegar al salón de espera o a la espera en el salón, da igual como ustedes quieran llamarlo, pues en este caso, como en las matemáticas, el orden de los factores –ni de casualidad– altera el producto.

Podría dar todos los detalles, pero entonces la historia sería muy prolongada. Así que, resumiendo, les diré que me dirigí hacia la taquilla de ventas y logré encontrar a la última persona de la cola después de gritar varias veces, y luego me senté al lado de un señor mayor que leía el periódico en uno de los asientos ortopédicos que quedaban libres en el salón.

Los asientos eran tan incómodos que no pude evitar imaginar el momento en que fueron comprados…

Comprador: Necesito asientos para una terminal de viajes.

Vendedor: ¿Cómo los quiere el señor? ¿Cómodos o incómodos?

Comprador: ¿Cuánto cuestan?

Vendedor: Cuestan lo mismo, señor.

Comprador: Pues… deme los incómodos, si total, no me voy a sentar yo.

De pronto, por el sonido ambiente se escuchaba una dulce voz de mujer que anunciaba: “Procedentes del Centro de la Tierra acaba de hacer entrada el ómnibus 665; damos la bienvenida a los pasajeros y a su tripulación, deseándoles una feliz estancia”.

—¡No sabía que se viajaba al centro de la tierra!—. Lo dije pensando en voz alta, y el señor a mi lado respondió de manera instantánea levantando la vista del periódico (comprado en la taquilla de información) y clavando su mirada sobre mí.

—Has escuchado bien. Ese ómnibus no es tan conocido porque no lo utiliza mucha gente; el ómnibus más popular es el 666, que llega siempre repleto del “Oriente de la tierra”.

Ese sí lo había escuchado, aunque debo admitir que yo no conocía más nada que mi barrio, no había ido más allá del bache Pedroso, que le llaman así porque mide 8,55 m, que es la marca con la que Iván “El Saltamontes” Pedroso (para este caso bien pudiera ser “El Saltabaches”) ganó los Juegos Olímpicos de Sídney, y está ubicado al final de la calle que pasa frente al patio de mi casa particular, que llueve, y se moja como los demás.

—¿Qué destino llevas tú? —me preguntó.

—Yo quiero recorrer el país en 80 días. Me gustaría conocerlo, tengo mucha curiosidad en él. Dicen que no hay cielo tan azul como este cielo, ni luna tan brillante como aquella, que se filtra en la dulzura de la caña, y la gente que vive en las montañas, toman leche de vaca, pura y buena… y me mata la curiosidad, yo nunca he tomado leche de vaca, y la que tomaba me la quitaron a los siete años, así que ni me acuerdo… —respondí.

—Juventud, divino tesoro. A mí de joven también me gustaba viajar —me decía el hombre con la añoranza dibujada en los ojos—. Recuerdo que recorrí muchos lugares. Estuve en “La isla misteriosa”; allí estudié para marinero mercante. Y después recorrí todo el mundo en el Nautilus, que era el nombre del barco en el que trabajé toda mi vida y del cual terminé siendo él capitán. Me retiré hace cuatro años. Ya estoy mayor para travesías. Este será mi último viaje.

—Señor, ¿y cómo es “La isla misteriosa”? —pregunté, porque el misterio de aquel nombre me atrapó.

—Es una isla bella y llena de ventajas. Todas las personas hablan en voz baja, las calles están limpias, hay abundancia en comida, ropa y calzado… el transporte público pasa exactamente cada 10 minutos y nunca, nunca falla…

—Bueno, eso es una desventaja, porque se pierde la justificación de la llegada tarde al trabajo —lo interrumpí.

—Nadie llega tarde al trabajo, son muy disciplinados, y además se paga muy bien.

—Mmmm… más que una isla misteriosa me parece una isla de sueños. En cuanto termine mi viaje iré a conocerla.

—No te será posible, hemos perdido el contacto con ella. Hace años se cayó el campo magnético que nos conectaba, y por el cual recibíamos muchísimos recursos. Era nuestra hermana y solidaria isla, pero desgraciadamente desapareció del mapa, de repente y sin avisar.

—¿La isla desapareció del mapa? —dije incrédulo y sobresaltado.

—No. Desapareció el campo magnético que nos conectaba —dijo con pesar.

Además de misteriosa… era una isla mal educada, pensé. Mira que desaparecer así de repente y sin avisar. Pero eso era el pasado, y estaba en mi aventura presente. Sabía que de seguro mi nuevo amigo podría aclararme ciertas dudas. Así que cambié el tema con el fin de comprender algunas cosas, y también un poco para levantar el ánimo a aquel anciano que parecía sumergido en la añoranza de sus recuerdos.

—¿Usted sabe por qué la terminal se llama “La Ambidiestra”? —le pregunté.

—La terminal se llama así porque aquí, si no resuelves por la derecha, resuelves por la izquierda. La vida es muy dura en estos tiempos. Esto no es como en las películas, que la gente llega a la terminal y saca su pasaje al momento, y al momento parte hacia su destino. No es así. La realidad supera siempre a la ficción. Tienes boleto, ¿verdad?

—No tengo. Estoy en la cola de la taquilla de ventas para comprarlo y salir de viaje hoy mismo —dije con normalidad.

—Los boletos se reservan con tres meses de antelación. Esa cola que estás haciendo ahora es para comprar un boleto para dentro de tres meses; o para el año que viene, porque puede que ya se hayan agotado las capacidades de este año. Es decir, que si quisieras partir hoy tendrás que hacer honor al nombre de la terminal. De otro modo te será imposible—. Lo dijo con una seguridad tan plena y absoluta que no me quedaron dudas.

Aunque habitualmente la izquierda se me da mejor, esta vez no me quedaba más remedio que quedarme en la derecha. No contaba con mucho más dinero que lo indispensable para el viaje, así que me resigné a esperar que llegara mi turno en la taquilla de venta.

Mientras tanto, seguí conversando con aquel marino retirado. Me contó acerca del último viaje que tenía previsto. Su travesía era muy interesante, un recorrido de “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Conversamos una hora acerca de sus travesías por todo el mundo a bordo del Nautilus, hasta que le tocó el turno de abordar. Antes de partir intercambiamos nombres.

—Mi nombre es Neomigildo, pero me dicen Nemo. Capitán Nemo —me dijo mientras me estrechaba la mano y partía.

—Y mi nombre es Julio Gabriel Verne, pero me llaman Julio. Ha sido un placer conocerlo —agregué mientras lo veía alejarse.

Unos minutos después de su partida tocó mi turno en la taquilla de venta. Se habían agotado ya los boletos de todo el año para el recorrido por el país en 80 días. Solo quedaba el “Viaje a la Luna”, y ese no me interesaba. La vida en la Luna se ve en cámara lenta por culpa de la gravedad. Así que me retiré de la taquilla con los hombros caídos. Ya iba camino de la salida de la terminal cuando de pronto escuché:

—¡Taxi! Vamos, arriba, que me voy —decía pregonando un hombre.

Me pareció curioso, así que me acerqué a ver de qué se trataba. ¿Taxi? No sabía qué cosa era eso. Él pregonero se dio cuenta y con una mirada fija me preguntó:

—Dime, chama, me falta uno para salir. “La vuelta al país en 80 días”: ¿te montas?

Me pareció increíble, en unos segundos ya tenía destino. El taxi más bien parecía un cucarachón gigante. Era una máquina del tiempo, pero qué importaban los lujos, lo primordial era tomar de inmediato mi destino; así que sin preguntar nada partí a como fuera hacia el primer y único viaje de mi vida.

Ahora sueño con viajes, que soñar no cuesta nada… y ustedes no imaginan cuánto me costó aquel almendró

Mi propia letra escarlata

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Feliz 14 de febrero

La letra escarlataHoras antes de que el día 14 apareciera en el calendario de mi reloj, terminé de leer La letra escarlata, del imprescindible Nathaniel Hawthorne. Cuando hablo de esta novela los que me escuchan recuerdan la versión fílmica. Para mí esta novela fue más que un descubrimiento, fue el bálsamo que calmo la espera.

En esta ocasión también buscaba algo, como cuando encontré aquel libro Invierno Mediterráneo por aquellos días en que la M empezó a meterse en mi cabeza como letra y personaje, y en mi vida como mujer y amor. En la novela del norteamericano Hawthorne quise encontrar una justificación, pero ni siquiera Nathaniel, con el extenso prólogo autobiográfico, ni con la conclusión de la obra pudo responder a mis preguntas.

Los prejuicios de una época oscura no permiten que el amor entre dos seres humanos se concrete. ¿Otra lectura de amores imposibles? No, la mejor lectura sobre amores imposibles. La fatalidad de Ester Pryne y de Arturo Dimmesdale se convierte en una maravillosa Perla, en la que durante siete años se esconderá el secreto de una transgresión.

Lord Byron decía que la venganza es dulce, sobre todo para las mujeres. Ester no se pudo vengar de la vergüenza pública a la que estuvo sometida en el poblado de Nueva Inglaterra, pero supo vivir con honor, sin desfallecer porque Arturo solo toco su cuerpo una noche, en ese instante se convirtió en el amor de su vida.

Ester, una de esas mujeres bellas, que aunque quieran no pueden ser mejor porque la perfección no existe, protagoniza una batalla de siete largos años, aceptando bochornosas acusaciones de brujería que la asociaban con el hombre negro, del cual decían se paseaba por el bosque con un libro bajo el brazo comprando almas para el señor oscuro.

Ester tenía un pasado interesante; Arturo pudo ser un gran escritor. Ester fue obligada a llevar una letra A escarlata en el medio del pecho como señal de advertencia; Arturo se flagelaba llevándose la mano al corazón para esconder la cicatriz de su gran amor.

El hombre encuentra el amor una sola vez en la vida, las mujeres hacen del amor su historia de vida. Arturo transgredió el celibato legislado por Dios con el fin de escuchar la música sobre la verdad desconocida. Ester amó a un hombre rico, pero Arturo le dio a Perla, único sentido para su vida.

La manera en que el pueblo de Nueva Inglaterra trató a Ester, juzgándola por un comportamiento que hoy parece natural, es la mejor demostración del carácter de los habitantes de ese efímero puerto. De acuerdo con Evelyn Cunningham: “las mujeres suponen el único colectivo oprimido de nuestra sociedad que convive en asociación íntima con sus propios opresores”. Y en esa convivencia se mantuvo Ester durante siete años protegiendo el nombre del otro pecador.

Es el adulterio un tipo de amor clásico de todos los tiempos, un amor verdadero que solo podrá ser descubierto cuando dos cómplices dan y reciben mutuamente contribuyendo al suicidio del alma con las heridas que provoca el cuchillo de la afrodisíaca belleza.

Ester ganó una fama inmerecida, como si el ojo de Dios siempre la viera. Obtuvo una popularidad problemática, ganada por unos trompeteros ángeles que no paraban de señalarla. Su belleza fue reducida a una letra A color escarlata, su cabellera se escondió en una gorra y nunca más se volvió a ver su piel sino en sus manos y en su cara. Su Perla en cambio “era tan pura y bella como un lirio que hubiese florecido en el Paraíso”.

Por su parte Arturo de tanta infelicidad acumulada comienza a odiar, a despreciar. La malignidad aparece en su corazón provocando en su intelecto unos monólogos de espasmo con los que se provocaba el deseo gratuito de ser perverso, de ridiculizar todo lo bueno y santo. Se declaró enemigo del Rogelio, antiguo esposo de Ester. Y como continuación de las tentaciones se dotó de un conocimiento oculto, amargo y homicida que lo obliga a suspirar por última vez frente a todos los habitantes de Nueva Inglaterra, acostado en el tablado donde se juzgó a Ester, quien lo retuvo en sus brazos cuando la luz se encendió al final del camino.

Esta obra recrea el ambiente más o menos puritano de aquellos primeros años del siglo XIX. Algunos críticos la ubican dentro del llamado Romanticismo oscuro, movimiento en el que el más alto pedestal es ocupado por Edgar Allan Poe.

Después de la lectura de esta novela quisiera agregar como me siento en este 14 de febrero: Y ahora así ando, soltero y creyendo que sé mucho de mujeres porque no me he casado. Nutro la belleza de la cara de M cuando me contamino con estas lecturas. Yo sé que no soy su único problema, pero mientras ella llora yo la recuerdo, haciendo de ese tipo de pensamientos una función intelectual que me conduce a una dificultad.