El asesino asesinado

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 Juan Roa Sierra arrastrado por la multitud

El cadáver del asesino Juan Roa Sierra arrastrado por la multitud.
Fotografía W. Torres – El Tiempo.

– Agente – suplicó casi sin voz-, no deje que me maten.

A partir de entonces nadie podría olvidarlo. Tenía una barba tupida y su físico mostraba un cuerpo más muerto que vivo. En sus ojos sobresaltaba el terror. Llevaba jeans y camisa vaquera a rayas verticales, casi rotos por los tirones de los agentes policiales y de los civiles que los rodeaban y perseguían. Tenía el pelo revuelto y no faltó una mujer que intentara arrancarle algún mechón.

-Hijo de Puta –le gritó sin voz y agarrando nada con el puño en el aire-, ¡lo mataste!

La turba se lo arrancó a los guardias y a golpes de manos abiertas y cerradas, patadas y cajones, lo remataron en medio de la calle. Sus gritos no le defendieron. Sus carceleros no pudieron protegerlo para que fuera acusado en un tribunal por cuasi magnicidio. Al cuerpo macerado solo le quedaban un calzoncillo, un zapato y un par de corbatas inexplicables anudadas en el cuello. Fue dejado frente al Palacio Presidencial.

Las masas son un piélago de fantasmas que se arrastra con un silencio sobrenatural hasta donde el arrebato las precipite.

El asesino de Eliécer Gaitán nunca será recordado.

(Con información tomada de Vivir para contarla, Gabriel García Márquez, Editorial DIANA, México, 2002).

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Albert

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Albert Speer

Albert Speer

Albert Speer nunca lo supo. Su esposa lo pudo haber engañado que él no se enteraría. Mantuvo el rostro frío el día del juicio. ¿Cómo iba a saberlo?, se preguntaba. Incluso, después, cuando concedió una entrevista a la revista Playboy, todavía se lo preguntaba. El emperador confiaba en él. Por eso lo llamó el día antes de suicidarse. Ambos, sabían que todo estaba perdido. La frialdad de su rostro no cambió para recordarle su fidelidad sin importarle la decisión. El jefe lo perdonó y al otro día Alemania caía ante Rusia mientras se pegaba un tiro en la sien. Albert no supo mas nada hasta el día en que lo condenaron. Sentía que su destino era morir solo y viejo en el salón de su casa. Nunca supo de aquellos crímenes. Mientras gobernaba como segundo al mando, nunca escuchó la palabra Fascismo. No se le pudo comprobar complicidad. Pasaría su vejez leyendo y con algunos libros comprendió, pero no quiso saber. Albert, el Arquitecto, murió sin querer saberlo.

El que ama es el que renuncia, no el que emprende (monólogo desordenado…)

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MNingún hombre inteligente sabe un método para conquistar a una mujer. Todos probamos y aprendemos de las memorias de nuestros amigos y de las apariencias de aquellos que dicen ser unos grandes conquistadores. Nos abrazamos a unas reglas que nos hacen naufragar intentando descifrar al amor como sustantivo y, aunque nos lo repitan y con ello nos den en la cabeza y suspendamos las más perceptibles pruebas, no logramos comprender que es un verbo. Buscamos un buen amor, pero no buscamos solo el amor. Soy partidario del criterio de que es más difícil amar todos los días a una sola mujer que a una distinta cada día. Algunos necesitamos la libertad para poder vivir, otros se aferran como el toro al rojo pañuelo.

Caminaba y le huía a la lluvia, pero no a ella. Caminando abrí el pomo de ron, no la invité. Estaba destrozado porque ese pudo ser un gran día. Le pase un mensaje al móvil y no lo leyó. Sé que tiene que borrar esos textos cortos que le escribo caminando por ahí. Por las noches apaga su móvil para que mi imprudencia no la vaya a descubrir. Me duele su partida y su horario, su tía y su abuela, su madre y hasta el avión que se la llevó. Está en mi mente fija y a toda hora, devorando mi fantasía, pura como un rayo de sol. Suena en mi boca la melodía de su nombre. Me lamento, encorvo los labios y cuento los minutos. No está, pero la pienso.

A veces he sido “tronco de hijo e´puta, tremendo descaraó e inmensamente sinvergüenza” –como ella dice-, pero no soy nadie en especial, soy común como mi nombre, pero he tenido éxito en amarla hasta donde me ha permitido la extraña circunstancia de tenerla solo los lunes.

Estoy loco por ella, por eso descargue todas sus fotos de Facebook y pongo su nombre en el buscador de Google. Quiero libar los besos más enamorados cual colibrí desde los carnosos labios de su boca. Ayer la vi y dije: -“ahí va mi trozo de esperanza gris”. Rompió en llanto. ¿Qué le iba a hacer? Me calma su presencia y me altera su recuerdo. Estoy desesperado. A mí no me parece, yo sé que lo estoy. Debo modificar mis ganas. De ella me quedan sus alas. Suficiente. Aunque a veces casi no duermo pensándola.

Todos los días le pido que se quede. Una mirada siempre es la respuesta, nunca una justificación. A veces creo que el disparo de su mirada me ha otorgado el don de la inmortalidad. Vivo en un eterno insomnio desde que nos miramos. La pienso con la fatiga del alcohol y con la calma de los besos ajenos. Debajo del cielo nadie la piensa más que yo. A veces es un alivio caminar solo recordándola. No veo nada, ni hablo con nadie. Solo ando. No sé cómo aliviar ese deseo de verla. En 5007 estaré solo con ganas de violar su cuerpo. Ahora debe fumar y tomar mucho ron pensándome. Anda loca y desesperada, lo sé.

Está lejos. En una fiesta. Se arregla para que la vea otro. Y la ingenua a mi lado tiene que dispararse el monólogo de amor que estoy descargando. Soy un egoísta: me emborracho cuando ella no lo hace.

Soy un conquistador pasivo. Conquisto primero el alma, después quiero sentir su extasis varias veces en mis manos, en mi boca, en el cable suelto que me define como hombre entre los seres humanos. El primer beso nos lo dimos 25 días después de comenzar a enamorarnos. Sabíamos lo que queríamos. Ninguno sobrepasó la frontera de la atracción física hasta que ambos estuvimos seguros de lo que queríamos.

Todos los problemas de las mujeres son complejos, o al menos es el más complejo entre el grupo de sus amigas. Ella no sabe qué hacer. Yo tampoco. Solo sé que “el que ama es el que renuncia, no el que emprende”.

25 años… no sabe olvidar

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chica-en-el-balcon-mirando-la-luna_thumb[3]Tiene 25 años. Anoche soñó, hoy las furias no la dejan. Es una muchacha común, con recuerdos comunes, con un nombre circunstancial. Sabe de amor pero no de decisiones. Para ella cada historia empieza antes, aunque no lo recuerde.

Era de madrugada. Salió al balcón a fumar. Desnuda. Pezones en atención y clítoris seco. No sabe qué hacer. Tiene la memoria llena y 108 nudos en el cerebro. Recuerda las dos tazas de café en el mostrador de la chocolatera de la calle 50. Aquella tarde llovía y ella salió con él porque en su trabajo no había café. Se mojaron mucho. Ella quería tomar café, o estar sola con él donde no los conocieran. Días antes, debajo de un árbol de mango, él le dijo: “Tú y yo podemos ser felices toda la vida”. En su mente ella le respondió: “Desaparece por mil años para que pueda olvidarte, pero no te alejes nunca de mi lado”. Continuar leyendo

Lo que fue del jueves…

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Nueva imagen

Hoy vino y no supe demostrarle toda la alegría que ella provoca en mí. Sentí que la felicidad tocaba a mi puerta, una hermosa dama quería entrar. Cuando entró quise aplaudir; me pareció indecente. No supe que decirle hasta diez minutos después cuando dejé de abrazarla y de apretarla con mis brazos. Puse el café. Preparó su cigarro. Después de contarme los tropeles del viaje volví a abrazarla. Todavía no he encontrado las palabras para nombrar lo que siento, pero debe estar muy relacionado con la vida, o con el alma. Se pueden vivir esos momentos y entenderlos, lo difícil es contarlos. No puedo realizar una descripción coherente de lo que hacemos cuando nos vemos, lo único que sé es que cada palabra escrita es solo la superficie de un agua profunda. Continuar leyendo

Tradición y futuro

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artemisa

Iglesia Católica de Artemisa

¿Quién no se encariña con la ciudad y la provincia de Artemisa? La gente de aquí es peculiar. Ningún cubano es exactamente igual a otro, y aquí esto se percibe enseguida. Así, tampoco ninguna generación es igual a otra. Artemisa es una de esas contrapuestas “tierras de fuego” en que hay hombres pintados con tierra roja y otros adornados con sudor y perfume. Es una ciudad forjada por agricultores. Aunque últimamente ya no abunden los hombres fuertes y recios que ese tipo de trabajos necesita. Continuar leyendo