Out of my Window

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Afuera, del otro lado de la venta, pasa Luca Brasi en un carro de seis cifras de precio a dar una ronda. Aunque no encuentre lo que busque, la ronda hay que darla con la música por encima de los decibeles permitidos. Otra canción suena en la esquina como si le hiciera falta ese fondo musical a la cuadra. Sale por las persianas de una ventana y llena el ambiente de una presencia quizás no deseada. Más allá de mi ventana, en la esquina, los hombres juegan al cuatro esquina, al taco y al dominó, apuntan números entre rayas y círculos en cualquier pedazo de papel, se agarran a vasos plásticos o pegan la bemba en botellas espumeantes de verde cristal. Desde mi ventana veo a los fiñes jugando al fútbol, se pelean o se reconcilian y son siempre las madres salvadoras las que detienen la riña o el partido. Las niñas con pistolas invisibles interpretan a maravillosas heroínas de ficción vaticinando un empoderamiento innegable. Todas las tardes el devoto de San Lázaro saca a su santo a pasear y arrodillado como cuadrúpedo empuja la güira, que sirve de hogar al milagroso, calle arriba y calle abajo. Cristiano vs. Messi una vez más en la otra esquina. Los mayores que antes debatían que si Pinar del Río o Industriales, ahora parlotean con escándalo y estruendo si el portugués o si el argentino. A unos pasos de la ventana, entre la calle y la acera, un río corre como si huyera de la tubería de la que se escapa.

Por entre las persianas de mi ventana entra el frescor del viento, la bulla de las malas palabras, las burlas que la camarilla que comanda el que tiene la mejor mochila de la escuela primaria del barrio hacen de la jabaita de las motonetas o del cuatro ojos de los espejuelitos, también entran los rayos del sol a calentarme los libros que acumulo encima de la mesa, el polvo de los apurados carros y los ruidos de la realidad.

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Los necios

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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

La casualidad negra de la vida, diría Baragaño. Ayer fue el cumpleaños de mi mejor amigo. El 29 de noviembre también cumple años Silvio Rodríguez. Ambos, fidelistas. Uno informático, el otro poeta. Jeacny Reyes, también conocido como Alberto, Ingeniero Informático graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas, creada por Fidel sobre las ruinas de lo que fuera la Base Militar Lourdes. Silvio Rodríguez, el poeta de la Revolución cubana, por estos días citado por unos, criticado por otros. Éstos critican su actitud ante el “buenos días” de Cristina, aquellos repiten El necio igual que yo.

Ambos, Jeacny y Silvio, dos necios que andan por ahí. Recuerdo aquella noche cuando Silvio, en su gira por los barrios, llegó hasta el “llega y pon” de Artemisa, que “por cosas del destino también se llama San Antonio”, como la tierra del autor de Ojalá. El viento cálido de aquella noche no nos hizo pensar en nada. Solo queríamos ver a Silvio y a Niurka, que se llama como mi Madre. Embobecernos con la flauta de la una y filosofar con los versos del otro. Nos quedamos locos cuando vimos su nave espacial, un Toyota Prado que es una belleza, una carroza brillante como la de Cenicienta. Aquella noche creíamos en la locura de la vida y de la garganta de Silvio, que no es más que el recurso con que mejor expresa lo que piensa. Aquella noche, como de costumbre, yo y Jeacny éramos solteros y andábamos con una botella de Carta Blanca Cubay en la mochila, como también era costumbre. De aquella vida bohemia solo queda una resaca agotadora en el recuerdo. Continuar leyendo

Se venden ladrillos (Diario de la FARRA) (Manifiesto, expresado)

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Hace poco un ladrillo calló en mi techo para provocar la debacle que puso en peligro la Farra. Quizás no tan malintencionado como lo pensé en ese momento, pero el peso y la dureza de ese barro seco destruyeron en segundos la integridad de un salario cubano (-porque fueron dos las tejas afectadas), de un ágape de amigos. Continuar leyendo

Lázaro, reparador de fosforeras

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fosforera bicA los veinte años tuvo su primer hijo. Se separó de sus dos hermanos para ir a vivir con la madre de su progenitor. Su suegro le enseñó a rellenar fosforeras, y la vida a pasar trabajos y a superarse ante las dificultades. Tres años después todavía estaba sentado en el pupitre detrás de la mesita que ubicaba todas las mañanas en la acera más céntrica de la ciudad. Casi todos los fumadores lo conocían. Entonces llegó el segundo hijo. Después vino la separación y en el camino de vuelta a casa tuvo una recaída. Fue al policlínico y allí lo atendió una rubia tan alta como él. Esa noche no durmió pensándola. Al otro día compró una flor y volvió a la consulta. Ubicó el pupitre en el lugar acostumbrado. Tenía 27 años cuando la rubia dio a luz al tercero de sus hijos. Dos años después nació una rubiecita que se convertiría en el motivo de su vida, sería el mejor de reparador y rellenador de fosforeras. Comenzó a levantarse más temprano, a las 6 de la mañana ya estaba en su mesa de trabajo que escondía en un portal cuando llovía. Su mujer partió para Venezuela por cinco años, entonces tuvo que arreglárselas para ser padre y madre a la vez. La niña tenía 10 años. Abandonó el pupitre. Se encaramó en un taburete un poco más rudo. Adelgazó y sus huesos endurecieron. El tiempo es lento si esta uno vivo y esperando. Seis años más y descubrió que era feliz. Se sentía viejo, dejó de fumar y de tomar ron. Ahora solo cervezas. Comenzó a vivir en una segunda planta en una casa de tres cuartos, es fanático al Barça y de los Cazadores de Artemisa. Saluda a todos los vecinos y habla de cualquier cosa. Vive tranquilo. Es cederista destacado. Tiene una perra salchicha de la que está enamorado. Todas las tardes toma fresco sentado en un sillón en el portal junto a su mujer.
He aquí la historia casi completa de mi vecino Lázaro.

El que ama es el que renuncia, no el que emprende (monólogo desordenado…)

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MNingún hombre inteligente sabe un método para conquistar a una mujer. Todos probamos y aprendemos de las memorias de nuestros amigos y de las apariencias de aquellos que dicen ser unos grandes conquistadores. Nos abrazamos a unas reglas que nos hacen naufragar intentando descifrar al amor como sustantivo y, aunque nos lo repitan y con ello nos den en la cabeza y suspendamos las más perceptibles pruebas, no logramos comprender que es un verbo. Buscamos un buen amor, pero no buscamos solo el amor. Soy partidario del criterio de que es más difícil amar todos los días a una sola mujer que a una distinta cada día. Algunos necesitamos la libertad para poder vivir, otros se aferran como el toro al rojo pañuelo.

Caminaba y le huía a la lluvia, pero no a ella. Caminando abrí el pomo de ron, no la invité. Estaba destrozado porque ese pudo ser un gran día. Le pase un mensaje al móvil y no lo leyó. Sé que tiene que borrar esos textos cortos que le escribo caminando por ahí. Por las noches apaga su móvil para que mi imprudencia no la vaya a descubrir. Me duele su partida y su horario, su tía y su abuela, su madre y hasta el avión que se la llevó. Está en mi mente fija y a toda hora, devorando mi fantasía, pura como un rayo de sol. Suena en mi boca la melodía de su nombre. Me lamento, encorvo los labios y cuento los minutos. No está, pero la pienso.

A veces he sido “tronco de hijo e´puta, tremendo descaraó e inmensamente sinvergüenza” –como ella dice-, pero no soy nadie en especial, soy común como mi nombre, pero he tenido éxito en amarla hasta donde me ha permitido la extraña circunstancia de tenerla solo los lunes.

Estoy loco por ella, por eso descargue todas sus fotos de Facebook y pongo su nombre en el buscador de Google. Quiero libar los besos más enamorados cual colibrí desde los carnosos labios de su boca. Ayer la vi y dije: -“ahí va mi trozo de esperanza gris”. Rompió en llanto. ¿Qué le iba a hacer? Me calma su presencia y me altera su recuerdo. Estoy desesperado. A mí no me parece, yo sé que lo estoy. Debo modificar mis ganas. De ella me quedan sus alas. Suficiente. Aunque a veces casi no duermo pensándola.

Todos los días le pido que se quede. Una mirada siempre es la respuesta, nunca una justificación. A veces creo que el disparo de su mirada me ha otorgado el don de la inmortalidad. Vivo en un eterno insomnio desde que nos miramos. La pienso con la fatiga del alcohol y con la calma de los besos ajenos. Debajo del cielo nadie la piensa más que yo. A veces es un alivio caminar solo recordándola. No veo nada, ni hablo con nadie. Solo ando. No sé cómo aliviar ese deseo de verla. En 5007 estaré solo con ganas de violar su cuerpo. Ahora debe fumar y tomar mucho ron pensándome. Anda loca y desesperada, lo sé.

Está lejos. En una fiesta. Se arregla para que la vea otro. Y la ingenua a mi lado tiene que dispararse el monólogo de amor que estoy descargando. Soy un egoísta: me emborracho cuando ella no lo hace.

Soy un conquistador pasivo. Conquisto primero el alma, después quiero sentir su extasis varias veces en mis manos, en mi boca, en el cable suelto que me define como hombre entre los seres humanos. El primer beso nos lo dimos 25 días después de comenzar a enamorarnos. Sabíamos lo que queríamos. Ninguno sobrepasó la frontera de la atracción física hasta que ambos estuvimos seguros de lo que queríamos.

Todos los problemas de las mujeres son complejos, o al menos es el más complejo entre el grupo de sus amigas. Ella no sabe qué hacer. Yo tampoco. Solo sé que “el que ama es el que renuncia, no el que emprende”.

Lo que fue del jueves…

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Hoy vino y no supe demostrarle toda la alegría que ella provoca en mí. Sentí que la felicidad tocaba a mi puerta, una hermosa dama quería entrar. Cuando entró quise aplaudir; me pareció indecente. No supe que decirle hasta diez minutos después cuando dejé de abrazarla y de apretarla con mis brazos. Puse el café. Preparó su cigarro. Después de contarme los tropeles del viaje volví a abrazarla. Todavía no he encontrado las palabras para nombrar lo que siento, pero debe estar muy relacionado con la vida, o con el alma. Se pueden vivir esos momentos y entenderlos, lo difícil es contarlos. No puedo realizar una descripción coherente de lo que hacemos cuando nos vemos, lo único que sé es que cada palabra escrita es solo la superficie de un agua profunda. Continuar leyendo