Se venden ladrillos (Diario de la FARRA) (Manifiesto, expresado)

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Hace poco un ladrillo calló en mi techo para provocar la debacle que puso en peligro la Farra. Quizás no tan malintencionado como lo pensé en ese momento, pero el peso y la dureza de ese barro seco destruyeron en segundos la integridad de un salario cubano (-porque fueron dos las tejas afectadas), de un ágape de amigos. Continuar leyendo

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Terry, el conquistador

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Para Miguel Terry Valdespino, y para M por saborear este tipo de lecturas.

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Miguel Terry Valdespino ha conquistado parte de mi tiempo. La primera vez que lo vi fue en el salón de Internet y Diseño del semanario “el artemiseño”. Pantalón de algodón y camisa por fuera. Mirada entretenida. Dedos largos, como de pintor. Semanas después me enteré que no pinta con acuarelas, sino con palabras.

Joel Mayor me lo presentó. Al fin lo conocía. Mucho tiempo pasó desde que leí por primera vez sus artículos periodísticos hasta aquel apretón de manos. Aquel septiembre fue fabuloso, y no solo porque conocí a este escritor, sino porque también comencé mi vida laboral. Pero esas son otras cuestiones también abordadas en otros post de este blog. Continuar leyendo

5007

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el muchachon de la cuchillaA las doce y cinco de la madrugada yo no llamaría a casa de nadie. La media noche es una hora romántica. En ese momento, ya se descansa, se duerme, se mira una película, se leen unos párrafos, pocos los que a esa hora todavía escuchan música, algunos se hacen el amor y otros trasnochan.

La media noche también es la hora del escritor, o al menos de aquel que intenta decir algo a través de la escritura. Es la hora en que escribo este post. Es la hora de los que aman, de los que sueñan y de todos esos lugares comunes del romanticismo. Pero no es la hora de llamar a una casa. Continuar leyendo

Una parte de las vacaciones de Rafael

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Rafael González Escalona realizó un viaje a Las Terrazas, y solo le bastó un párrafo de su blog para demostrar las sensaciones que sintó: “Entonces vino Las Terrazas, y el río San Claudio. Un lugar que solo recogen los precisos mapas topográficos de la reserva forestal y que para llegar hay que caminar más de lo que uno en principio está dispuesto a dar por disfrute. Pero los 5 locos lo caminamos y disfrutamos de la más absoluta desconexión por unas horas largas. Fue una noche, luego de cansarnos de mirar a los camarones taquígrafos y los peces practicantes de deportes extremos, que, apoyados en un pequeño aliviadero, con el agua corriendo a nuestras espaldas, fumamos unos puros extraños y miramos un cielo con demasiadas estrellas. No sé qué, pero ahí pasó algo; aunque ninguno tuvo el valor de decirlo en voz alta”.