Añoraba leer una buena novela

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anoranza_esAñoraba leer una buena novela. Recorrí los cortos pasillos de la biblioteca Hector Sagué de Las Terrazas y en la sección novela española encontré un libro blanco, grueso y oloroso. Hijo de Editorial B, del Grupo Zeta. Perteneciente a la colección Ficcionario. Miembro del pelotón de autores que escriben sobre la guerra civil española. Pero esta vez relacionado con Cuba porque encuentran algo interesante en la isla.

Llamémosle “Añoranza del Héroe” a la desdichada novela. Escrita por el prometedor José Ovejero. Prologada por Rosa Montero, la culpable de estas palabras.

Me encantaron las maneras de describir la ciudad de La Habana, me gustó la forma en que se refirió al sufrimiento de algunos cubanos. No me gustó su historia, tan ficticia que parece real, como tampoco me gustaron sus personajes, tan quietos como estatuas, como el Martí de la plaza, parafraseando lo que se dijera en algún momento de la novela.

Neftalí Larraga me pareció el héroe que promete el título, sin embargo descubrí que el autor lo convierte en antihéroe desde el inicio y que no es hasta las páginas finales cuando, como lector, caí en cuenta de que los héroes eran quienes lo rodeaban.

Aguantar a un hombre así es vivir bajo una dictadura eterna. ¿Dónde quedó el héroe? Desaparece ante mis ojos cuando leí el momento en que desesperadamente abandona a mujer e hija prometiéndoles un futuro mejor y posible. En ese momento me sentí Harold Bloom y quise tirar el libro por la ventana pero recordé que no me pertenecía y que hay otros locos por conocer este tipo de historias donde se dicen cosas que estamos locos por escuchar, como si los cubanos viviéramos en una conspiración eterna y solo habláramos en murmullos.

El “héroe”, ahora entrecomillado porque ya saben que no me lo parece, que con tanta fuerza luchaba por recuperar al amor perdido, que se dejó llevar por la revolución triunfante, que no pudo soportar a la esposa que lo cuidó en los momentos más difíciles, como si el amor fuera agradecimiento y lástima nada más; ese héroe no es nada comparado con los miles de marielitos que salieron de este país en busca del nubloso sueño americano, ese héroe se quedó pequeño ante aquellos que todavía esperan por una Cuba realmente libre, ese héroe debió suicidarse antes que lo hiciera dejándose morir en aquel hospital, porque quien no ha cometido locuras por el amor, quien no ha cruzado mares infestados de tiburones y olvidado principios políticos y misiones militares solo para encontrar a la mujer de su vida en otra frontera.

Los héroes no se miden por su pensamiento, sino por sus acciones y este héroe se diluye ante su propia historia, sin embargo Rosa Montero me promete Rigor y perfección en la redacción de esta novela, la prologa como a los clásicos para llamar la atención hacia ella en medio del barullo informativo. Lo imprimen con fortaleza como a los libros escolares, esos que yo llamo todoterrenos, porque pasan de mano en mano todos los días del año, escritos hasta entre los reglones, con páginas dobladas y sin embargo continúan en el camino de la enseñanza. El propio libro parece más héroe que nuestro Neftalí Larraga, ese que Ovejero nos inculca, o nos obliga a entender como un dibujo calcado del paisaje social cubano.

No quiero a su héroe porque no supo luchar por su vida propia, ni por la de los demás. El verdadero revolucionario es aquel que lucha contra el que le niega la libertad. Neftalí está encerrado en el maná de una mujer a la que no quiere y además desprecia. No corre, ni brinca el muro de las lamentaciones que lo detiene en el tiempo. Que importan los cargos políticos, ni la pobreza, ni las ideas revolucionarias.

Le celebro su crítica a la sociedad española que no pudo aceptar a un cubano en el núcleo familiar solo porque no eran aceptables sus reaccionarias ideas, y porque era perseguido, y porque no tenía una peseta para comprar el pan.

¿Acaso le dieron la oportunidad de mejorar su vida y la de la madre de su hija? Pienso que huyó por inmaduro y por temerle a una masacre. No he sufrido la persecución, pero Neftalí fue cobarde. Pablo de la Torriente fue a morir a España. Neftalí regresó como un león, pero con la cola entre las patas huyéndole al fascismo familiar más que a Franco. Neftalí se suicidó en un hospital de La Habana, enfermo de amor.

Mercedes, una de las hijas, creía que su padre no había sufrido en vano. Pero ¿de qué sirven dos corazones arrepentidos después de cincuenta años sin verse, sin hablarse, sin tocarse? ¿No era mejor vivir esos cincuenta años juntos?

Si de veras está basado en hechos reales perdónenme sus familiares, comprendan que Neftalí solo fue un monstruo, hijo del central Preston, y con una vida cronometrada que se hundió en Bidasoa. El resto del tiempo fue un fantasma, porque Fermina no se dio cuenta. Quizás estoy demasiado influenciado por el amor de otra Fermina, que en tiempos de cólera navegó el río junto a su héroe.

El mismo autor termina sus agradecimientos de la siguiente manera: “algunos no aprobarán lo que he escrito”.

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Herramientas para un escritor-periodista

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periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.