Criticando(me) el criterio

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chiste

“…

Tienes razón Fidel: sólo en la brega hay derecho al
Descontento,
Sólo de adentro ha de salir la crítica, la búsqueda de fórmulas
Mejores,
Sí, pero de adentro es tan afuera a veces,

Acepto
La crítica de veras, la que viene de aquel que aguanta en el
timón,
de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo
alto o en lo bajo,
y reconozco la torpeza de pretender saberlo todo desde un mero
escritorio
y busco humildemente la verdad en los hechos de ayer y de
mañana,”

Policrítica a la hora de los chacales, Julio Cortázar

 

“Ven y critícame”, canta Calle 13, pero que un crítico critique a otro es frecuente; que un crítico se critique a sí mismo, no tanto. Por su parte Séneca dijo: “Nunca hables bien de ti, no te creerán; ni mal, porque te creerán enseguida”.

En otros tiempos la crítica era la piedra de toque, generadora de comentarios, fuerza pública. Entiendo el acto de criticar como la posición más fácil. Sin embargo, el papel del crítico conlleva una preparación prematura que antecede una opinión fundamentada, ya que, ser crítico no es hablar por hablar.

En el pasado se criticaban los libros y la gente salía corriendo a buscarlos. En el presente criticamos para ofrecer un plan de trabajo a los peores ciegos que, como sabemos, son aquellos que no quieren ver.

Pero la crítica ya no sucede fundamentada en el análisis e interpretación de datos, sino en la mera descripción de hechos. Todo está en crisis y la crítica no se salva de esa totalización.

La inmediatez, las condiciones de vida, la falta de medios y recursos, todo contribuye a que el trabajo de la crítica se realice sin criterio propio y con complicidad.

Hay quien critica un libro buscando reseñas anteriores, quien describe un hecho con el guion del acto, y quien crónica sin estar presente. Así nunca se sabrá a ciencia cierta por donde andan las cosas en realidad. Entonces se produce una situación desconcertante en la que hablamos sobre la actualidad sin saber elementos que en nada se parecen a la actualidad.

Esa falta de profesionalidad contesta a una agenda impuesta que nada tiene que ver con la opinión pública.

Quien decida criticar nunca debe ajustar su opinión a declaraciones públicas, porque sucederá que pocos se reconocerán en esas cosas inteligentes que se intentan decir cuando se quiere impresionar. Por ello, critico al crítico desarmado de esta nueva era, por su falta de inteligencia, por su efímero método, por su escasa autenticidad. Por eso critico mi trabajo, por su falta de subjetividad.

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Adonis de la Revolución (“La imagen que yo quiero”)

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Nelson Domínguez

Nelson Domínguez

El paso de Nelson Domínguez por Artemisa puede ser adjetivado como un “soberbio acontecimiento cultural”. Parece una broma por el entrecomillado. Sin embargo, no lo fue. Me costó un par de zapatos lustrados, camisa planchada, cámara, lapicero y unas hojas para notas. El mediodía era húmedo y sudaba antes de la llegada del artista que había visto solo por televisión, en periódicos o en internet. Una proliferación de fotos y las ganas de correr sobre el teclado después de conversar unos cinco minutos con él fueron el resultado. Continuar leyendo

Gracias pueblo, así será tu periódico

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journalism_and_its_discontentsLo menos que puede hacer un dirigente político de cualquier nivel es agradecer a los ciudadanos, obreros y campesinos por los esfuerzos y sacrificios que han compartido en su periodo de mandato. Es hora de que muchos lo hagan, porque a veces da la impresión de que son seleccionados por determinado índice calificador y no por compartir los intereses reales del pueblo de donde provienen.

Cada día se puede escribir una crónica, un artículo o un comentario sobre los éxitos financieros, los hechos sociales, la vida cultural, los cambios económicos, las decisiones políticas, etc… El empobrecimiento informativo no existe en el mundo real. Sin embargo, el periodismo actual sufre heridas de muerte. Continuar leyendo

Herramientas para un escritor-periodista

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periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.