Dique sur: prioridad número UNO

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Los viernes de cada semana se realiza en el Consejo de la Administración Provincial de Artemisa la reunión de evaluación de los avances en la rehabilitación del Dique Sur, una prioridad dentro del plan anual de cada territorio e institución asociada a esta labor.

La obra Dique Sur se construyó entre 1985 y 1991. Alcanzó una longitud total de 51.7 kilómetros a lo largo de la costa desde playa Majana y hasta el surgidero de Batabanó en Mayabeque. El terraplén que lo constituye tiene un promedio de ocho metros de ancho, y una altura puntal de un metro sobre el nivel del terreno para dificultar el escurrimiento de las aguas superficiales hacia el mar, además impide la penetración del mar que parcialmente no se mezcla con el flujo de aguas subterráneas y no provoca su salinización.

El área donde está ubicada dicha instalación constituye una de las zonas agrícolas más importantes de la provincia y del país. Abarca los municipios de Artemisa, Alquízar y Güira de Melena, áreas que sustentan tanto a la población autóctona como a la de La Habana. En esta misma área está dispuesto también el Acueducto Cuenca Sur, uno de los más importantes que abastecen a La Habana.

La Cuenca Sur presentaba como problema fundamental la intrusión salina provocada por la sobre-explotación de las aguas subterráneas en algunas partes de la franja costera.

Es a partir de 2013 cuando se comienzan las acciones de recuperación en el Dique, recuerda el ingeniero hidráulico Reinaldo Casanova que “se comenzó con el desbroce de la maleza para posibilitar el trabajo de topografía e intentar llevar a la edificación a los parámetros originales de diseño.

En la actualidad varias son las problemáticas que afectan su funcionalidad. Algunos de sus 36 vertedores no permiten la salida controlada de agua por estar obstruidos los canales para ello, lo que provoca el escape de grandes volúmenes del líquido fluvial por los laterales del cimacio, y en otros casos sobrepasa la corona del dique.

El agua embalsada convierte a los canales de acumulación en áreas cenagosas, lo que eleva la peligrosidad de este trabajo de recuperación.

Por otra parte, para el cuidado de dicha estructura existe una brigada de mantenimiento menor constituida por solo ocho hombres encargados de mantener la transitabilidad del dique. A pesar de su escaso número de integrantes, ese equipo de trabajo realizó desbroce en tres etapas entre los años 2013 y 2014, evitando que la maleza cubra el dique.

Habría que estar en el lugar para ver la envergadura de una obra que hoy mueve a brigadas de unas seis provincias del país. Según los reportes presentados para el rescate del proyecto a su estado original, en la práctica esa brigada resulta insuficiente si se intenta ganarle terreno a la madre naturaleza.

El rescate del Dique Sur constituye un beneficio a largo plazo en el tiempo que debe ser atendido a corto plazo con las planificaciones económicas anuales de los territorios donde se encuentre y de las empresas de mayor envergadura intrínsecamente relacionadas con el recurso agua.

En la actualidad el trabajo de recuperación se extenderá hasta el 31 de mayo del año en curso. Los objetivos principales trazados por el proyectista de la obra, la Empresa de Investigaciones, Proyectos e Ingeniería del Instituto de Recursos Hidráulicos de Matanzas, el Dique tendrá un ancho promedio de siete metros y aumentará su cima, con roca caliza, a más de un metro y medio de alto que el del estado actual.

En el sur de Alquízar, Luis Ángel Ramos Hernández dirige una brigada compuesta por una de las cuatro retro-excavadoras de brazo largo en el país, un cilindro percutor que según los habitantes locales de Guanímar, “cuando eso trabaja la tierra tiembla”, y la principal maquinaria de una obra de este tipo, una pipa de agua, que según el jefe de obra debe ser la primera en llegar al terreno.

La extensión del beneficio sobrepasa las fronteras provinciales en el terreno y ensancha las posibilidades económicas locales. Con el dique, según especialistas del Grupo de Aprovechamiento Hidráulico de Artemisa, se han podido apreciar efectos directos de mejoría en la salinidad de las aguas al interior de la provincia al aumentar la carga hidráulica subterránea.

Las ciénagas que genera el dique elevan los niveles de agua aprovechable y constituyen una barrera contra la penetración del agua salobre del mar. Esto se ha desplazado en la horizontal tanto que se pueden encontrar zonas pantanosas hasta 16 kilómetros tierra adentro, y en la vertical las cotas de agua subterránea no superan los dos metros para su aparición.

Estos desplazamientos horizontales y verticales combinan el necesario incremento de las reservas de agua dulce aprovechable tanto para el regadío como para el consumo humano. Según investigaciones del Grupo de Aprovechamiento Hidráulico de Artemisa se aprecia al norte del Dique descenso del contenido salino de las aguas, tanto superficiales como subterráneas, de 4 gr/l a poco más de 1 gr/l. Todavía no totalmente aprovechables, pero sí manifiestamente mejoradas.

Los efectos beneficiosos de invertir en el mantenimiento del Dique Sur repercuten tanto en los cercanos pozos utilizados por los campesinos para regadío en áreas agrícolas del sur de la provincia, así como en el abastecimiento de las aguas del acueducto de La Habana.

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