Denys San Jorge rescata todo el pasado de Cayo de la Rosa

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Denys San Jorge Rodríguez puede viajar en el tiempo. El escritor Miguel Terry Valdespino lo llamo una vez pintor arrepentido, suponiendo el posible abandono del caballete por una empresa de físicos y astrofísicos. El concepto de desplazamiento hacia delante o atrás en diferentes puntos del tiempo, así como lo hacemos en el espacio parece cosa de locos o de coloquiales esquizofrénicos, más si se trata de un cubano.

La cuestión es que Denys ha estudiado tanto el pasado causal en el relativo presente causal que hasta se ha propuesto definir un probable futuro causal, sin ser fanático de H. G. Wells, de Isaac Asimov o de Albert Einstein, aunque sí lector de a ratos de Mark Twain y sus disparatadas aventuras de un yanqui de Connecticut en la corte del Rey Arturo, o del Charles Dickens que narró las ensoñaciones del devenir de Ebenezer Scrooge en Canción de Navidad. Continuar leyendo

24 de diciembre de 2013

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Abandoné al escritor frente a mi máquina de escribir. No acepté sus consejos porque no se los pedí. Me escapé de su coloquio para ir detrás de la mujer amada. Un almuerzo al lado de una mantilla caliente es más placentero que hablar sobre mis errores de redacción. Ese día quise escribir otro cuento romántico, otra historia de amor. Por eso pedí al escritor que leyera aquel trabajo que se pierde en las fronteras de los géneros periodísticos, porque en la actualidad nada es más confuso que la complejidad que nos abarca. Complejidad que se entremete en nuestras vidas. Esa complejidad fue la que me sacó de al lado del escritor y me llevó detrás del más perfecto culo femenino, ese que se aleja echándote en cara lo mucho que lo deseas. Esa parte y sus pechos, en el cuerpo de ella, crean una balanza, pues sus pesos son directamente proporcionales. Su naturaleza es así también, ella es tan amada por mí como yo por ella. El escritor sabrá perdonar mi imprudente actitud de novel, ella no me hubiera perdonado si no la acompañaba ese día hasta el almuerzo. Estoy extrañando a una mujer. El día lo pasaré así. Es noche buena y ella no está. ¿Qué será del amigo escritor? Se ha mostrado elegante y asume el papel involuntario del tutor que necesito. Su amistad queda probada con su callado perdón. ¿Cómo sabré agradecerle? Estos escritores a veces no necesitan el agradecimiento, con solo pensarlos basta. Hoy leo un tomo de caratula negra que con letras plateadas se titula ¿Quiénes escriben en Cuba? De Cuba me decepcionan algunos escritores, que por culpa de ese libro ahora juzgaré de manera diferente. Escritores tocayos del David de Senel Paz que no sobrepasaron la frontera del Coppelia para leer a Mario Vargas Llosa. Sin embargo mi amigo escritor me reconforta, me obliga a leer a Fermín Gabor autor de la sección La lengua suelta de la Revista La Habana Elegante. Por suerte encontré todos esos artículos, así que por unos días abandonaré a La Joven Cuba, y a toda la comunidad bloguera del país que tanto disfruto los lunes, los jueves y los viernes, días en los que me toca trabajar como Editor Web de un Semanario sin página Web todavía. Por ahí también está el segundo número de la Revista Cultural La Diana. Es la revisión original realizada por el Editor de dicha revista. Creo que así me entero de las mañas de un viejo editor; alguien de quien siempre se puede aprender. Cerca de mis manos tengo Páginas finales de la náusea, del escritor abandonado por mí.
Descubriendo a Fernando G. Campoamor, periodista artemiseño, descubrí que padezco de la cualidad bonhomía. Pero nunca me había dado cuenta sino es porque M me lo hace saber, solo que ella no sabía la palabra exacta, y yo tampoco. Fue leyendo a Leonardo Depestre quien me enteró de esa cualidad, pues Campoamor la padecía con mucha singularidad.

Terry, el conquistador

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Para Miguel Terry Valdespino, y para M por saborear este tipo de lecturas.

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Miguel Terry Valdespino ha conquistado parte de mi tiempo. La primera vez que lo vi fue en el salón de Internet y Diseño del semanario “el artemiseño”. Pantalón de algodón y camisa por fuera. Mirada entretenida. Dedos largos, como de pintor. Semanas después me enteré que no pinta con acuarelas, sino con palabras.

Joel Mayor me lo presentó. Al fin lo conocía. Mucho tiempo pasó desde que leí por primera vez sus artículos periodísticos hasta aquel apretón de manos. Aquel septiembre fue fabuloso, y no solo porque conocí a este escritor, sino porque también comencé mi vida laboral. Pero esas son otras cuestiones también abordadas en otros post de este blog. Continuar leyendo

Herramientas para un escritor-periodista

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periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.