Más allá del espacio, la luz determina el plano

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La galería de arte Angerona en coordinación con la Fototeca de Cuba abrió al público artemiseño una exposición fotográfica sobre la obra de Joaquín Blez, el primer fotógrafo cubano que trató el erotismo femenino.

Esta exposición no trata lo que fuera su más polémica temática, el erotismo, la femineidad, la desnudez y el cuerpo de una mujer. Pretende exponer la obra de un autor de imágenes que supo utilizar los espacios en función de su arte. La perspectiva de sus imágenes posibilitan ver la acción más allá del lente, incluso se pudiera decir que se ve el viento. El romanticismo explícito de las imágenes nos regalan segundos espléndidos de realidad. Tormentoso y romántico era el panorama de la Cuba de los años 50.

La femineidad es tratada a través de la sensualidad natural de la mujer. Dos imágenes tomadas en México, y otra en un portal habanero ilustran la convivencia del lenguaje de la expresión femenina con distintas poses y caras. La mujer siempre es la misma figura sensual en cualquier parte del mundo, y nos gusta verlo como el sexo débil, como la otra naranja o como “la traidora”, la que nos abandona, ¿entonces quién es el débil?

Joaquín Blez retrata la ciudad, que es el espacio donde la mujer vive, con el hombre o sin él. La metrópolis neoyorquina es tratada como espacio de libertad, y propone alumbrados valores en los detalles de la estrategia de ubicación en el plano escogido. La luz con su sombra determinan el plano, el espacio es el mensaje, el lente es el balcón desde donde se focaliza la realidad.

Joaquín Blez fue un fotógrafo creativo, especializado en retrato de estudio. Su obra es un insustituible testimonio en la evolución del retrato de la burguesía republicana, sobre todo reflejando a la alta sociedad cubana. Leer más…

 

Expo Joaquín Blez Galería Angerona

Expo Joaquín Blez Galería Angerona

Expo Joaquín Blez Galería Angerona

Expo Joaquín Blez Galería Angerona

Exposiciones de los presentes para los ausentes (con identidad))

Rubén Suarez Quidiello
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Volví al pueblo de San Antonio el último domingo de este mes de enero. Era un día de cielo gris y humedad, sin embargo los ariguanabenses tenían el alma cálida y alegre. Hablando con algunos se puede corroborar que así sucede siempre, durante la fiesta que es el encuentro de los ausente con el ecosistema natal. Continuar leyendo

Exponer, ¿conocimientos o moda?

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Las exposiciones de tesis en la Enseñanza Superior -en estos tiempos- han tomado un rumbo un tanto preocupante.

Por Rosa Fernández

En una semana comenzarán la entrega de las tesis de Licenciatura de la Enseñanza Superior para algunas carreras. Junio, se vuelve el mes de la defensa de todo el conocimiento adquirido en todo este tiempo de recaudación de información, pero a algunos no les preocupa tanto el acto de exponer como toda la parafernalia a desplegar alrededor del asunto.

La exposición del ejercicio de culminación de estudios, en estos tiempos, no solo lleva intrínseca la preparación en cuanto a dones de oratoria, el dominio del tema que por todo un curso persiguió a los estudiantes en sueño y pensamiento, sino zapatos, ropa, brindis, buffete, regalo, otra vez zapatos y ropa para recoger el diploma, y algún que otro invento que hayan fijado los más adinerados.

Lo peor es que se imita la trascendencia de estos rituales y se suman fantasmas a la fecha marcada en el calendario como día crucial, pues parece que no bastara con saberse desde el capítulo teórico hasta los resultados, recitar como en un concurso de declamación cada cita o repasar mentalmente las páginas que una vez estuvieron en cero, se precisa más, una cuenta en CUC que respalde, todo el protocolo del momento.

El bufete puede ser estilo cumpleaños o más bien como un brindis de boda planeada de corre corre, puede incluir desde panecitos, dulces finos y ensalada hasta un cake gigante a repartir entre los presentes y el tribunal -por supuesto- estos deben salir contentos del lugar y les puede tocar desde un recuerdo del defendido hasta una botella a descorchar.

Los padres alientan las ideas y ya no basta reunir el dinero para la logística -propia de las necesidades de un estudiante universitario- que incluyen en el estado máximo de felicidad, una computadora, memoria flash y otros artículos que varían en dependencia de la carrera elegida, sino que con la tesis, aparece una cuenta más que destinará sus fondos a este día.

La mañana de la exposición, está presente el estrés propio de los miedos de quedarse en blanco, cancanear ante las respuestas a los oponentes o no saber lo próximo, sumado- en el caso de las mujeres- al tener que realzar la figura con tacones, como si el proyector que reproduce las diapositivas, por un segundo, se tornara en una bola de discoteca.

En acto triste, casi como por costumbre, todos reproducen esta forma de exponer, de preparar la tesis como una boda o quince, de vestir a la familia para el evento intelectual, de comprar todos los alimentos que aumentarán la lista de lo que ofertarán en el bufete, de estereotipar el asunto y convertirlo en la razón para gastar los ingresos mensuales.

El caso, es que no aplaudo presentarse en el día final de tus estudios, como un desfachatado; como un mendigo a punto de comenzar a pedir a gritos la limosna, pero tampoco encuentro atractivo alguno en tener que montar todo un teatro alrededor de un evento tal.

La nota que llevarán a casa como testigo del paso por el mundo universitario, durante cinco años, depende exclusivamente del conocimiento, de la preparación, de lo que se demuestre que se sabe, no del regalo que se llevará el tribunal o de las ofertas gastronómicas del día. Creo yo, que expondré tesis este mes de junio.