Fidel: cadavre exquis

Estándar

Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

Hay cosas con sentido de diversas tonalidades que pueden resultar fugaces, instantáneas; predecibles, exquisitas. Hay cosas sin sentido, como un cadáver, como la muerte; impredecibles, sin sabor.

La peña Mi cadáver exquisito a la que convida todos los terceros viernes de cada mes la escritora Olga Montes en la Galería de Arte Angerona, es un espacio para pulir cicatrices intelectuales, cruzar las fronteras del miedo escénico, o perfilar sentimientos en la piel ajena. Conocer el objetivo de vida de otras personas puede resultar una valiosa guía. La satisfacción y la felicidad que regalen otros pueden ayudarnos a seguir.

Son momentos para escuchar a algún invitado especial, comentar su trayectoria, hurgar en su presente o chismear sobre su futuro. La del pasado viernes 16 tuvo un invitado espiritual, estuvo dedicada al Comandante Fidel. Según su conductora habitual “se leyeron allí varios textos dedicados a él y se confeccionó, como de costumbre, un poema colectivo con todos los participantes”. Continuar leyendo

Anuncios

El hombre de Fidel

Estándar

Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

“Cuando hay hombres sin decoro, hay otros q llevan en si el decoro de muchos hombres”.

José Martí

El héroe de la República de Cuba Ramón Labañino Salazar llegó durante aquella media mañana calurosa al teatro de la Universidad Mártires de Artemisa como vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC) a realizar un intercambio prometido con los estudiantes de esa institución.

Llegó saludando alumnos como a viejos conocidos. Sonriendo de emoción, visualizándolo todo. Confundido entre la multitud, se disfrazó de juventud a pesar del cansancio acumulado por 15 años de aguda prisión en “Tierra Sangrienta”, que es como se le conoce a la prisión donde estuvo. Las leves dolencias que no puede ocultar todavía no lo alejan del contacto directo y se entremezcla con todos y con todo. Continuar leyendo

Los necios

Estándar

Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

La casualidad negra de la vida, diría Baragaño. Ayer fue el cumpleaños de mi mejor amigo. El 29 de noviembre también cumple años Silvio Rodríguez. Ambos, fidelistas. Uno informático, el otro poeta. Jeacny Reyes, también conocido como Alberto, Ingeniero Informático graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas, creada por Fidel sobre las ruinas de lo que fuera la Base Militar Lourdes. Silvio Rodríguez, el poeta de la Revolución cubana, por estos días citado por unos, criticado por otros. Éstos critican su actitud ante el “buenos días” de Cristina, aquellos repiten El necio igual que yo.

Ambos, Jeacny y Silvio, dos necios que andan por ahí. Recuerdo aquella noche cuando Silvio, en su gira por los barrios, llegó hasta el “llega y pon” de Artemisa, que “por cosas del destino también se llama San Antonio”, como la tierra del autor de Ojalá. El viento cálido de aquella noche no nos hizo pensar en nada. Solo queríamos ver a Silvio y a Niurka, que se llama como mi Madre. Embobecernos con la flauta de la una y filosofar con los versos del otro. Nos quedamos locos cuando vimos su nave espacial, un Toyota Prado que es una belleza, una carroza brillante como la de Cenicienta. Aquella noche creíamos en la locura de la vida y de la garganta de Silvio, que no es más que el recurso con que mejor expresa lo que piensa. Aquella noche, como de costumbre, yo y Jeacny éramos solteros y andábamos con una botella de Carta Blanca Cubay en la mochila, como también era costumbre. De aquella vida bohemia solo queda una resaca agotadora en el recuerdo. Continuar leyendo

Un tipo que anda por ahí

Estándar

dsc06138Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

 

“…buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con Fidel con el caballo…”

 Juan Gelman: “Fidel”. En: Gotán (1962).

“Dicen que me arrastrarán por sobre rocas…”

Silvio Rodríguez

Un hombre grande que hablaba bajito. Uno de esos caballeros en peligro de extinción. Un bromista pueblerino, pero también un estadista serio y dedicado. Marxista empedernido. Cubano criollo, fumador del buen Habano y sibarita del ron. Así era Fidel Castro Ruz. Sencillo y universal. Admirador y admirable.

Fidel, el Hombre que lo resolvía todo. Recuerdo que Rosa Miriam Elizalde contaba que su hija le decía, en medio de la batalla de ideas por traer a Elián González, que no se preocupara tanto si “Fidel va a ir y lo va a traer”. Así, también dijo el Comandante en una Tribuna: “Solo les digo una cosa: ¡Volverán!”. Y, ¿acaso lo cinco héroes no caminan hoy libres por nuestras calles?

Sus enemigos lo criticaban porque lo admiraban, lo odiaban porque lo querían, y hasta lo escuchaban porque lo respetaban. Y celebran porque les duele. Fidel se murió cuando le dio la gana, y no en ninguno de los 638 intentos de asesinatos. Se murió porque quiso, y porque el cuerpo se gasta y más cuando se lleva una vida tan agitada como la que llevó ese eterno Guerrillero.

¿Por qué soy comunista? Se preguntaba la última vez que habló para la Asamblea, y para todo el pueblo de Cuba en televisión. Y con su pregunta nos hizo pensar, y preguntarnos, sobre todo a los jóvenes: ¿Qué somos? ¿Por qué somos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué queremos? Continuar leyendo

Adonis de la Revolución (“La imagen que yo quiero”)

Estándar
Nelson Domínguez

Nelson Domínguez

El paso de Nelson Domínguez por Artemisa puede ser adjetivado como un “soberbio acontecimiento cultural”. Parece una broma por el entrecomillado. Sin embargo, no lo fue. Me costó un par de zapatos lustrados, camisa planchada, cámara, lapicero y unas hojas para notas. El mediodía era húmedo y sudaba antes de la llegada del artista que había visto solo por televisión, en periódicos o en internet. Una proliferación de fotos y las ganas de correr sobre el teclado después de conversar unos cinco minutos con él fueron el resultado. Continuar leyendo

El hombre y la leyenda

Estándar
Ciro Redondo

Ciro Redondo

Veintiocho hijos de Artemisa llegaron a la heroica tierra de Santiago de Cuba bajo el hilo conductor de un movimiento que todavía no tenía nombre. Ese día comenzaba el epílogo de la dictadura de Batista.

Ciro Redondo llegó a aquella casa de la Granja Siboney persiguiendo el futuro. Pero, todavía hubo que esperar varios años para culminar la laberíntica lucha contra aquella República dependiente y corrupta. Ciro no pudo ver el final. El 29 de noviembre de 1957 un disparo en la frente decidió su destino. Dijo el Che que murió obsesionado con la lucha en una acción tremendamente heroica.

Fue sometido a juicio, condenado a 10 años de prisión, partió junto a Fidel a México, regresó entre los 82 expedicionarios del yate Granma, estuvo entre los que sobrevivieron en Alegría de Pío, participó en los combates de Arroyo del Infierno, Altos de Espinosa, Bueycito, El Hombrito, Pino del Agua y Mar Verde. En este último, por su lucha suicida contra la falsa república, fue ejemplo de valor más que mártir.

El 29 de noviembre de 1957 el viento muerto y las quietas aguas del mar, parecían avizorar una desgracia. Las madrugadas de húmedo frío ponen a prueba los nervios de los hombres. La oscuridad les llena el corazón de frialdad. Ciro sabía lo importante que era estar en Mar Verde. Esa noche durmió poco y sus ojos de lobo lo traicionaron.

Trasnochado se enfrentó a su destino. Las luces del futuro lo cegaron. Al final solo escuchó el ruido sordo de los disparos a su alrededor. La vida no la resumió en un minuto, ni tuvo importantes recuerdos. El instante de su muerte fue el más fugaz. En ese momento fue inmortal y su recuerdo no le permite descansar allí donde quiera que se encuentre.

Al siguiente día, la Comandancia General del Ejército Rebelde decretó su ascenso post mortem al grado de Comandante. Fidel Castro se refirió a este doloroso hecho proclamando que “considerando las virtudes de valor, disciplina y capacidad, se dispone su ascenso póstumo al grado de Comandante del Ejército Revolucionario desde esta fecha, que marca el primer aniversario de la gesta libertadora”. Tres días después se celebraría el primer aniversario del desembarco en el que el destino hizo coincidir a estos dos grandes hombres.

Ciro Redondo junto a Ramiro Valdés

Ciro Redondo junto a Ramiro Valdés

En la esquina

Estándar

Para mi bisabuela, para Pánfilo (o Luis Silva) y para M

MimaEn la esquina donde se entrecruzan las dos principales avenidas de Artemisa hay una bodega. Allí encontré a mi bisabuela (de 82 años) esperando por el pan. Eran las cuatro de la tarde. En el otro costado estaba mi abuela, en la carnicería, compraba los huevos de 15 centavos. Ambas me preguntaron por el día. Les dije que todo fue bien, que todavía estaba echándole pila a la jevita que les comenté y que estaba contento con mi blog –aunque ellas no entendieron esa palabra. También les hablé del deseo de que el periódico tuviera otra visión de cómo tratar los temas –tampoco entendieron. Continuar leyendo