-“Un abrazo de buenas noches”

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-“Un abrazo de buenas noches”

Y, después me deseaba soñar con metales preciosos o relacionar mis sueños con cosas que brillan. No recuerdo muy bien. Se que leía y llegó ese mensaje con metáforas químicas y filosóficas confesiones. Interpretando sus palabras me dormí. No quería pensar en nada más que en ella. Me había puesto en una situación difícil, porque no conozco nada acerca de minería de los sueños.

Me faltaba ese abrazo, pero tenía el recuerdo de sus conversaciones. A veces la he olvidado, por poco tiempo, quizás por mucho, pero siempre de una u otra manera vuelve a mi mente. A veces tengo ganas de encontrarla, así, como si fuera una casualidad. Sería para actualizar nuestras vidas cotidianas, hablar de ella, de mi, de nuestro Medio Ambiente, saber si de repente han cambiado sus reflexiones de vida.

Las madrugadas están hechas para pensarte.

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Se necesitan espíritus

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Una mente sana,
Un corazón tierno
Y un cuerpo puro.
Misión Rosacruz

Corrientes espirituales en Cuba

Allan Kardec es el padre fundador del espiritismo moderno. Su verdadero nombre fue Denizard Hippolyte León Rivail, pero el seudónimo le fue concedido por un druida que conociera en una vida anterior, quien además fue su guía protector.
Gracias a los distados recibidos de su maestro y de otros espíritus, Kardec pudo escribir una trilogía sobre el espiritismo que ha devenido como una nueva religión desde el siglo XIX hasta la fecha.
A Cuba el espiritismo llega a través de las creencias africanas y europeas que al mezclarse otorgan al criollo una visión sobre la posibilidad de la existencia de la vida después de la muerte. Las familias surgen por afiliación, también los pueblos. Incluso las naciones son una gran familia de humanos afines, pero imperfectos, pues a las sociedades las caracterizan una serie de disparidades sociales que no obedecen a las leyes de la naturaleza.
Por su parte, la esperanzadora doctrina Kardeciana afirma que a medida que la humanidad progrese desaparecerán todas las desigualdades. Las actuales relaciones humanas se caracterizan por una serie de aspectos que el mundo de los espíritus supera, pues Kardec califica al espíritu como el principio inteligente del Universo. Pero los humanos no queremos reconocer que somos una conjugación espíritu/materia en extremo beneficiosa.
Entonces, nos damos cuenta que otro mundo nos ha sido revelado. Hemos escudriñado todo el planeta buscando tesoros. Hemos creado miles de religiones, lenguajes, modos de vida y sistemas políticos en la búsqueda del mejoramiento humano.
Pocos han buscado en lo profundo de sí mismo. José Martí decía que “negar lo espiritual, que duele y luce, que guía y consuela, que sana o mata, es como negar que el sol da luz”.
Hay algo dentro de nosotros porque “el cuero no es más que un siervo del espíritu”, según el apóstol de Cuba. Cuando miremos nuestro interior, se nos revelará lo que necesitamos.

(Con información del libro Corrientes espirituales en Cuba, de Natalia Bolívar, et.al.)

¿Qué buscaba en aquel libro? ¿Qué encontré?

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“Era contagioso, vibrante, una erupción de vida”.
R.D. Kaplan

Invierno Mediterráneo- Robet D. Kaplan

Invierno Mediterráneo- Robet D. Kaplan

Llegué con aquel libro en las manos. Esperanzado lo abrí en la primera página: Invierno Mediterráneo, Robert D. Kaplan. Primera Edición: abril 2004. Traducido del inglés. Escueta dedicatoria. Un mapa del mediterráneo. Los agradecimientos y por fin la primera línea: “La divinidad existe en hermosos recuerdos…”
Aquel primer capítulo fue como un garfio cuando agarra el hielo y lo arrastra por toda la nevera hasta el camión refrigerado que lo llevará al lugar donde desaparecerá. Así quedé con todo ese libro: enganchado, por dos días perdido y además destrozado por las ganas de seguir leyendo.
Llegué hasta aquellas tapas amarillas en uno de los cortísimos recorridos que realizo por ya saben que biblioteca. Hace muchos años había abandonado la idea de leer literatura de viajes, pero el tedio que es vivir solo y sin conversación en el barrio donde nací pero con vecinos irreconocibles para mis recuerdos, hizo que mis dedos agarraran aquel forro brillante como necesitados de hacerlo.

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Herramientas para un escritor-periodista

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periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.