Reavivar el recuerdo de los héroes

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el terracero en plena labor

el terracero en plena labor

Al fondo del cementerio artemiseño se encuentra el Panteón a los caídos. Hasta allí llegó un mar de pueblo en la calurosa mañana del pasado 7 de diciembre. Estudiantes, obreros y campesinos confluyeron sobre el pasto del camposanto para celebrar el vigésimo cuarto aniversario de la gloriosa Operación Tributo.

La cita se realiza para recordar la caída en combate del General Antonio Maceo y la llegada a la Patria de los restos de aquellos que perdieron la vida cumpliendo un deber revolucionario: luchar contra el Imperialismo que mantenía el régimen del Apartheid en varios países de África.

En el umbral del panteón se ubicaron los familiares de los internacionalistas caídos en combate. Uno de ellos, con mediana estatura, más de cuarenta años y cabellos oscuros, lucía unos espejuelos negros con los que miraba al vacío. Era Rodobaldo Álvarez Martínez quien en 1990 llegó a Angola como parte de una brigada de Aseguramiento de buques mercantes que llevaban la logística a la misión cubana en ese país. Continuar leyendo

El hombre y la leyenda

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Ciro Redondo

Ciro Redondo

Veintiocho hijos de Artemisa llegaron a la heroica tierra de Santiago de Cuba bajo el hilo conductor de un movimiento que todavía no tenía nombre. Ese día comenzaba el epílogo de la dictadura de Batista.

Ciro Redondo llegó a aquella casa de la Granja Siboney persiguiendo el futuro. Pero, todavía hubo que esperar varios años para culminar la laberíntica lucha contra aquella República dependiente y corrupta. Ciro no pudo ver el final. El 29 de noviembre de 1957 un disparo en la frente decidió su destino. Dijo el Che que murió obsesionado con la lucha en una acción tremendamente heroica.

Fue sometido a juicio, condenado a 10 años de prisión, partió junto a Fidel a México, regresó entre los 82 expedicionarios del yate Granma, estuvo entre los que sobrevivieron en Alegría de Pío, participó en los combates de Arroyo del Infierno, Altos de Espinosa, Bueycito, El Hombrito, Pino del Agua y Mar Verde. En este último, por su lucha suicida contra la falsa república, fue ejemplo de valor más que mártir.

El 29 de noviembre de 1957 el viento muerto y las quietas aguas del mar, parecían avizorar una desgracia. Las madrugadas de húmedo frío ponen a prueba los nervios de los hombres. La oscuridad les llena el corazón de frialdad. Ciro sabía lo importante que era estar en Mar Verde. Esa noche durmió poco y sus ojos de lobo lo traicionaron.

Trasnochado se enfrentó a su destino. Las luces del futuro lo cegaron. Al final solo escuchó el ruido sordo de los disparos a su alrededor. La vida no la resumió en un minuto, ni tuvo importantes recuerdos. El instante de su muerte fue el más fugaz. En ese momento fue inmortal y su recuerdo no le permite descansar allí donde quiera que se encuentre.

Al siguiente día, la Comandancia General del Ejército Rebelde decretó su ascenso post mortem al grado de Comandante. Fidel Castro se refirió a este doloroso hecho proclamando que “considerando las virtudes de valor, disciplina y capacidad, se dispone su ascenso póstumo al grado de Comandante del Ejército Revolucionario desde esta fecha, que marca el primer aniversario de la gesta libertadora”. Tres días después se celebraría el primer aniversario del desembarco en el que el destino hizo coincidir a estos dos grandes hombres.

Ciro Redondo junto a Ramiro Valdés

Ciro Redondo junto a Ramiro Valdés