Grabados en el tiempo, un deleite catastrófico

Flora Fong expone en Galería de Arte Angerona
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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios

manu.hdez32@gmail.com

La Galería de arte Angerona no deja de sorprender a los amantes del arte. Sobrevive como institución cultural y resulta una referencia en medio de tantas pretensiones. Esta vez, y hasta enero de 2016, decora sus paredes con la exposición “Grabados en el tiempo” de la artista de la plástica Flora Fong.

La muestra está conformada por una selección de cuadros que en el olvido la autora no pretende dejar. Los mismos son parte de otras series y reiteran elementos propios y característicos de la obra de la artista.

Hay un deleite catastrófico en la exhibición que entretiene la vista del observador. El viento de los ciclones se muestra efusivo con la naturaleza tropical de las zonas costeras, hace revolotear al papalote, saca a los peces del mar haciéndolos brillar como arcoíris con los rallos del sol, y pone a bailar a las palmas en una danza enloquecedora.

Adornan estas piezas caracteres chinos que evocan las raíces asiáticas de la artífice, creando una mezcla poética que resume en el cuadro la subjetividad de la creadora y la objetividad de la idea.

Un cuadro amarillo y negro semejante a los girasoles de Van Goh, titulado ambiciosamente “La ofrenda”, recuerda el valor decorativo que debe tener el arte, se salva entre la tormentosa muestra, y como un regalo recibe al público, otrora consumidor del barroquismo pueblerino y del kitsch de nuestras ciudades.

Este conjunto de cuadros viaja como ofrenda en medio de los festejos para celebrar el quinto aniversario de la provincia de Artemisa.

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4 fotos una palabra

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Android, IOS, Windows phone, Ubuntu, Linux, son algunos de los sistemas operativos que proliferan en Cuba ahora en laptops, tablets o smartphones. Revisándolos he notado que todos tienen una aplicación en común, el juego 4 fotos una palabra.

El objetivo del mismo es adivinar el significado de una palabra a través de cuatro fotos, las cuales tienen función de significante y denotan algo en común.

El juego es otro más dentro de la gran competencia de los Quiz o juegos de adivinación. Su técnica es sencilla, por ejemplo, si usted ve una camarera, un portero, un timbre y una puerta con un cartel de No moleste, entonces puede suponer que la palabra que se le pide es Hotel. Luego con las letras que se le ofrecen completará los espacios en blanco.

Esta nueva forma de diversión tecnológica es generadora de competencia y como tal revitaliza la actividad mental, del mismo modo en que lo intenta Baudilio en La Neurona Intranquila cuando muestra una foto para sugerir un lugar, un programa de televisión o un personaje. Pero, de esa forma hay que esperar hasta cuatro semanas para saber un resultado y un ganador.

Sin embargo, con las pantallas táctiles en nuestras manos, uno mismo es el ganador, y la competencia. Sentir la satisfacción de superar tu propio nivel es más placentero que participar en un impreciso concurso del cual no debes esperar más que la solución, aun respondiéndola sentado en la sala de la casa.

Fue Steve Jobs quien descubrió ese sentimiento competitivo e individualista propio de la modernidad. Él pensó todo lo que ahora vemos y tocamos en esas pantallas móviles que llevamos a todas partes como prenda, más que como accesorio. “Estamos en la era de los aparaticos”, decía un amigo escritor. Pienso que estamos en la era del individualismo.

Hay quien sustituye la agradable compañía del otro para superar el próximo nivel o porque tiene pendiente la palabra número 348. ¿No te parecen suficientes cinco minutos antes de dormir para resolver esos puzzles? Aun así se sustituye a la lectura de cabecera que no es para nada competencia. ¿Por qué no pedir ayuda para completar esos rompecabezas? Dejar que otros participen es uno de los conceptos más repetidos y menos comprendidos de la actualidad.

La tecnología crea adicción. Yo soy un adicto de Internet. No es que sea Kitsch jugar con el celular en casa de un amigo, en la calle, la clase, o incluso en una fiesta. Fuera de esa pantalla hay gente que necesita la compañía y la conversación de otros, que quiere saber lo que piensan otros.

Una vez me encontré tan enajenado delante de una de esas pantallas que me imaginé ridículo. Claro que hay tiempo para todo, pero Napoleón dijo una vez: “Podemos recuperar el terreno perdido; el tiempo, no”.

Mientras pasa el tiempo y los sistemas operativos, las aplicaciones y los programas se desarrollan y multiplican, he inventado mi propio juego dentro de esa avalancha. Imprimí, en blanco y negro, cuatro fotos en una hoja carta papel bond. La pegué con imanes a la puerta del refrigerador. Allí espera. Un día esas cuatro letras del más bello sentimiento humano serán descubiertas por alguien que completará el puzzle de mi vida.