Mi propia letra escarlata

Estándar

Feliz 14 de febrero

La letra escarlataHoras antes de que el día 14 apareciera en el calendario de mi reloj, terminé de leer La letra escarlata, del imprescindible Nathaniel Hawthorne. Cuando hablo de esta novela los que me escuchan recuerdan la versión fílmica. Para mí esta novela fue más que un descubrimiento, fue el bálsamo que calmo la espera.

En esta ocasión también buscaba algo, como cuando encontré aquel libro Invierno Mediterráneo por aquellos días en que la M empezó a meterse en mi cabeza como letra y personaje, y en mi vida como mujer y amor. En la novela del norteamericano Hawthorne quise encontrar una justificación, pero ni siquiera Nathaniel, con el extenso prólogo autobiográfico, ni con la conclusión de la obra pudo responder a mis preguntas.

Los prejuicios de una época oscura no permiten que el amor entre dos seres humanos se concrete. ¿Otra lectura de amores imposibles? No, la mejor lectura sobre amores imposibles. La fatalidad de Ester Pryne y de Arturo Dimmesdale se convierte en una maravillosa Perla, en la que durante siete años se esconderá el secreto de una transgresión.

Lord Byron decía que la venganza es dulce, sobre todo para las mujeres. Ester no se pudo vengar de la vergüenza pública a la que estuvo sometida en el poblado de Nueva Inglaterra, pero supo vivir con honor, sin desfallecer porque Arturo solo toco su cuerpo una noche, en ese instante se convirtió en el amor de su vida.

Ester, una de esas mujeres bellas, que aunque quieran no pueden ser mejor porque la perfección no existe, protagoniza una batalla de siete largos años, aceptando bochornosas acusaciones de brujería que la asociaban con el hombre negro, del cual decían se paseaba por el bosque con un libro bajo el brazo comprando almas para el señor oscuro.

Ester tenía un pasado interesante; Arturo pudo ser un gran escritor. Ester fue obligada a llevar una letra A escarlata en el medio del pecho como señal de advertencia; Arturo se flagelaba llevándose la mano al corazón para esconder la cicatriz de su gran amor.

El hombre encuentra el amor una sola vez en la vida, las mujeres hacen del amor su historia de vida. Arturo transgredió el celibato legislado por Dios con el fin de escuchar la música sobre la verdad desconocida. Ester amó a un hombre rico, pero Arturo le dio a Perla, único sentido para su vida.

La manera en que el pueblo de Nueva Inglaterra trató a Ester, juzgándola por un comportamiento que hoy parece natural, es la mejor demostración del carácter de los habitantes de ese efímero puerto. De acuerdo con Evelyn Cunningham: “las mujeres suponen el único colectivo oprimido de nuestra sociedad que convive en asociación íntima con sus propios opresores”. Y en esa convivencia se mantuvo Ester durante siete años protegiendo el nombre del otro pecador.

Es el adulterio un tipo de amor clásico de todos los tiempos, un amor verdadero que solo podrá ser descubierto cuando dos cómplices dan y reciben mutuamente contribuyendo al suicidio del alma con las heridas que provoca el cuchillo de la afrodisíaca belleza.

Ester ganó una fama inmerecida, como si el ojo de Dios siempre la viera. Obtuvo una popularidad problemática, ganada por unos trompeteros ángeles que no paraban de señalarla. Su belleza fue reducida a una letra A color escarlata, su cabellera se escondió en una gorra y nunca más se volvió a ver su piel sino en sus manos y en su cara. Su Perla en cambio “era tan pura y bella como un lirio que hubiese florecido en el Paraíso”.

Por su parte Arturo de tanta infelicidad acumulada comienza a odiar, a despreciar. La malignidad aparece en su corazón provocando en su intelecto unos monólogos de espasmo con los que se provocaba el deseo gratuito de ser perverso, de ridiculizar todo lo bueno y santo. Se declaró enemigo del Rogelio, antiguo esposo de Ester. Y como continuación de las tentaciones se dotó de un conocimiento oculto, amargo y homicida que lo obliga a suspirar por última vez frente a todos los habitantes de Nueva Inglaterra, acostado en el tablado donde se juzgó a Ester, quien lo retuvo en sus brazos cuando la luz se encendió al final del camino.

Esta obra recrea el ambiente más o menos puritano de aquellos primeros años del siglo XIX. Algunos críticos la ubican dentro del llamado Romanticismo oscuro, movimiento en el que el más alto pedestal es ocupado por Edgar Allan Poe.

Después de la lectura de esta novela quisiera agregar como me siento en este 14 de febrero: Y ahora así ando, soltero y creyendo que sé mucho de mujeres porque no me he casado. Nutro la belleza de la cara de M cuando me contamino con estas lecturas. Yo sé que no soy su único problema, pero mientras ella llora yo la recuerdo, haciendo de ese tipo de pensamientos una función intelectual que me conduce a una dificultad.

25 años… no sabe olvidar

Estándar

chica-en-el-balcon-mirando-la-luna_thumb[3]Tiene 25 años. Anoche soñó, hoy las furias no la dejan. Es una muchacha común, con recuerdos comunes, con un nombre circunstancial. Sabe de amor pero no de decisiones. Para ella cada historia empieza antes, aunque no lo recuerde.

Era de madrugada. Salió al balcón a fumar. Desnuda. Pezones en atención y clítoris seco. No sabe qué hacer. Tiene la memoria llena y 108 nudos en el cerebro. Recuerda las dos tazas de café en el mostrador de la chocolatera de la calle 50. Aquella tarde llovía y ella salió con él porque en su trabajo no había café. Se mojaron mucho. Ella quería tomar café, o estar sola con él donde no los conocieran. Días antes, debajo de un árbol de mango, él le dijo: “Tú y yo podemos ser felices toda la vida”. En su mente ella le respondió: “Desaparece por mil años para que pueda olvidarte, pero no te alejes nunca de mi lado”. Continuar leyendo

Migajas de Feijóo

Estándar

Imagen 04w2Comenzó este año 2013 la celebración por el centenario de Samuel Feijóo, para mí el más cubano de los escritores. Todavía no he visto aparecer en las librerías las reediciones de sus obras o aquella colección de obras completas que se prometió. De la de José Lezama Lima solo pude conseguir cuatro ejemplares, parece que la poesía o los diarios no formar parte de la literatura de ese otro autor cubano.

Continuar leyendo

Terry, el conquistador

Estándar

Para Miguel Terry Valdespino, y para M por saborear este tipo de lecturas.

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Silvestre, el conquistador. Miguel Terry Valdespino

Miguel Terry Valdespino ha conquistado parte de mi tiempo. La primera vez que lo vi fue en el salón de Internet y Diseño del semanario “el artemiseño”. Pantalón de algodón y camisa por fuera. Mirada entretenida. Dedos largos, como de pintor. Semanas después me enteré que no pinta con acuarelas, sino con palabras.

Joel Mayor me lo presentó. Al fin lo conocía. Mucho tiempo pasó desde que leí por primera vez sus artículos periodísticos hasta aquel apretón de manos. Aquel septiembre fue fabuloso, y no solo porque conocí a este escritor, sino porque también comencé mi vida laboral. Pero esas son otras cuestiones también abordadas en otros post de este blog. Continuar leyendo

Añoraba leer una buena novela

Estándar

anoranza_esAñoraba leer una buena novela. Recorrí los cortos pasillos de la biblioteca Hector Sagué de Las Terrazas y en la sección novela española encontré un libro blanco, grueso y oloroso. Hijo de Editorial B, del Grupo Zeta. Perteneciente a la colección Ficcionario. Miembro del pelotón de autores que escriben sobre la guerra civil española. Pero esta vez relacionado con Cuba porque encuentran algo interesante en la isla.

Llamémosle “Añoranza del Héroe” a la desdichada novela. Escrita por el prometedor José Ovejero. Prologada por Rosa Montero, la culpable de estas palabras.

Me encantaron las maneras de describir la ciudad de La Habana, me gustó la forma en que se refirió al sufrimiento de algunos cubanos. No me gustó su historia, tan ficticia que parece real, como tampoco me gustaron sus personajes, tan quietos como estatuas, como el Martí de la plaza, parafraseando lo que se dijera en algún momento de la novela.

Neftalí Larraga me pareció el héroe que promete el título, sin embargo descubrí que el autor lo convierte en antihéroe desde el inicio y que no es hasta las páginas finales cuando, como lector, caí en cuenta de que los héroes eran quienes lo rodeaban.

Aguantar a un hombre así es vivir bajo una dictadura eterna. ¿Dónde quedó el héroe? Desaparece ante mis ojos cuando leí el momento en que desesperadamente abandona a mujer e hija prometiéndoles un futuro mejor y posible. En ese momento me sentí Harold Bloom y quise tirar el libro por la ventana pero recordé que no me pertenecía y que hay otros locos por conocer este tipo de historias donde se dicen cosas que estamos locos por escuchar, como si los cubanos viviéramos en una conspiración eterna y solo habláramos en murmullos.

El “héroe”, ahora entrecomillado porque ya saben que no me lo parece, que con tanta fuerza luchaba por recuperar al amor perdido, que se dejó llevar por la revolución triunfante, que no pudo soportar a la esposa que lo cuidó en los momentos más difíciles, como si el amor fuera agradecimiento y lástima nada más; ese héroe no es nada comparado con los miles de marielitos que salieron de este país en busca del nubloso sueño americano, ese héroe se quedó pequeño ante aquellos que todavía esperan por una Cuba realmente libre, ese héroe debió suicidarse antes que lo hiciera dejándose morir en aquel hospital, porque quien no ha cometido locuras por el amor, quien no ha cruzado mares infestados de tiburones y olvidado principios políticos y misiones militares solo para encontrar a la mujer de su vida en otra frontera.

Los héroes no se miden por su pensamiento, sino por sus acciones y este héroe se diluye ante su propia historia, sin embargo Rosa Montero me promete Rigor y perfección en la redacción de esta novela, la prologa como a los clásicos para llamar la atención hacia ella en medio del barullo informativo. Lo imprimen con fortaleza como a los libros escolares, esos que yo llamo todoterrenos, porque pasan de mano en mano todos los días del año, escritos hasta entre los reglones, con páginas dobladas y sin embargo continúan en el camino de la enseñanza. El propio libro parece más héroe que nuestro Neftalí Larraga, ese que Ovejero nos inculca, o nos obliga a entender como un dibujo calcado del paisaje social cubano.

No quiero a su héroe porque no supo luchar por su vida propia, ni por la de los demás. El verdadero revolucionario es aquel que lucha contra el que le niega la libertad. Neftalí está encerrado en el maná de una mujer a la que no quiere y además desprecia. No corre, ni brinca el muro de las lamentaciones que lo detiene en el tiempo. Que importan los cargos políticos, ni la pobreza, ni las ideas revolucionarias.

Le celebro su crítica a la sociedad española que no pudo aceptar a un cubano en el núcleo familiar solo porque no eran aceptables sus reaccionarias ideas, y porque era perseguido, y porque no tenía una peseta para comprar el pan.

¿Acaso le dieron la oportunidad de mejorar su vida y la de la madre de su hija? Pienso que huyó por inmaduro y por temerle a una masacre. No he sufrido la persecución, pero Neftalí fue cobarde. Pablo de la Torriente fue a morir a España. Neftalí regresó como un león, pero con la cola entre las patas huyéndole al fascismo familiar más que a Franco. Neftalí se suicidó en un hospital de La Habana, enfermo de amor.

Mercedes, una de las hijas, creía que su padre no había sufrido en vano. Pero ¿de qué sirven dos corazones arrepentidos después de cincuenta años sin verse, sin hablarse, sin tocarse? ¿No era mejor vivir esos cincuenta años juntos?

Si de veras está basado en hechos reales perdónenme sus familiares, comprendan que Neftalí solo fue un monstruo, hijo del central Preston, y con una vida cronometrada que se hundió en Bidasoa. El resto del tiempo fue un fantasma, porque Fermina no se dio cuenta. Quizás estoy demasiado influenciado por el amor de otra Fermina, que en tiempos de cólera navegó el río junto a su héroe.

El mismo autor termina sus agradecimientos de la siguiente manera: “algunos no aprobarán lo que he escrito”.

Herramientas para un escritor-periodista

Estándar

periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.