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La Vida

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Antes las divergencias de la maldita vida estuve. De frente me encontré ante ellas con fuerza pero sin ganas. Me faltó otra botella. ¿O me faltaron las ganas? Es imposible escribir dentro de los márgenes de la formalidad. Uno siempre quiere ofrecer los mejores valores, pero la vida le enseña más que eso.

La imaginación contra la norma, la hora actual y futura de la prensa escrita cubana

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Por: Javier Macías Ortiz, estudiante de Periodismo

                     “Más de una mano en lo oscuro me conforta, y más de un paso siento marchar conmigo; pero, sino no tuviera, no importa, sé que hay muertos que alumbran los caminos”.

                                                                                                                      Silvio Rodríguez

(Todo quiebre de la norma  es una errata, bendita sea entonces la imaginación)

periodismoPocos años después, frente a la hoja en  blanco, quien escribe había de recordar la tarde en que su padre lo acompañó a realizar la prueba de aptitud. La Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana era entonces una casona en ruinas, de aulas angostas y calurosas. El mundo era tan viejo, que todo tenía nombre. Sin embargo, había cosas que seguir señalando con el dedo (ya no para nombrarlas). Continuar leyendo

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el muchachon de la cuchillaA las doce y cinco de la madrugada yo no llamaría a casa de nadie. La media noche es una hora romántica. En ese momento, ya se descansa, se duerme, se mira una película, se leen unos párrafos, pocos los que a esa hora todavía escuchan música, algunos se hacen el amor y otros trasnochan.

La media noche también es la hora del escritor, o al menos de aquel que intenta decir algo a través de la escritura. Es la hora en que escribo este post. Es la hora de los que aman, de los que sueñan y de todos esos lugares comunes del romanticismo. Pero no es la hora de llamar a una casa. Continuar leyendo

Aire Libre Las Terrazas (Fotorreportaje)

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Añoraba leer una buena novela

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anoranza_esAñoraba leer una buena novela. Recorrí los cortos pasillos de la biblioteca Hector Sagué de Las Terrazas y en la sección novela española encontré un libro blanco, grueso y oloroso. Hijo de Editorial B, del Grupo Zeta. Perteneciente a la colección Ficcionario. Miembro del pelotón de autores que escriben sobre la guerra civil española. Pero esta vez relacionado con Cuba porque encuentran algo interesante en la isla.

Llamémosle “Añoranza del Héroe” a la desdichada novela. Escrita por el prometedor José Ovejero. Prologada por Rosa Montero, la culpable de estas palabras.

Me encantaron las maneras de describir la ciudad de La Habana, me gustó la forma en que se refirió al sufrimiento de algunos cubanos. No me gustó su historia, tan ficticia que parece real, como tampoco me gustaron sus personajes, tan quietos como estatuas, como el Martí de la plaza, parafraseando lo que se dijera en algún momento de la novela.

Neftalí Larraga me pareció el héroe que promete el título, sin embargo descubrí que el autor lo convierte en antihéroe desde el inicio y que no es hasta las páginas finales cuando, como lector, caí en cuenta de que los héroes eran quienes lo rodeaban.

Aguantar a un hombre así es vivir bajo una dictadura eterna. ¿Dónde quedó el héroe? Desaparece ante mis ojos cuando leí el momento en que desesperadamente abandona a mujer e hija prometiéndoles un futuro mejor y posible. En ese momento me sentí Harold Bloom y quise tirar el libro por la ventana pero recordé que no me pertenecía y que hay otros locos por conocer este tipo de historias donde se dicen cosas que estamos locos por escuchar, como si los cubanos viviéramos en una conspiración eterna y solo habláramos en murmullos.

El “héroe”, ahora entrecomillado porque ya saben que no me lo parece, que con tanta fuerza luchaba por recuperar al amor perdido, que se dejó llevar por la revolución triunfante, que no pudo soportar a la esposa que lo cuidó en los momentos más difíciles, como si el amor fuera agradecimiento y lástima nada más; ese héroe no es nada comparado con los miles de marielitos que salieron de este país en busca del nubloso sueño americano, ese héroe se quedó pequeño ante aquellos que todavía esperan por una Cuba realmente libre, ese héroe debió suicidarse antes que lo hiciera dejándose morir en aquel hospital, porque quien no ha cometido locuras por el amor, quien no ha cruzado mares infestados de tiburones y olvidado principios políticos y misiones militares solo para encontrar a la mujer de su vida en otra frontera.

Los héroes no se miden por su pensamiento, sino por sus acciones y este héroe se diluye ante su propia historia, sin embargo Rosa Montero me promete Rigor y perfección en la redacción de esta novela, la prologa como a los clásicos para llamar la atención hacia ella en medio del barullo informativo. Lo imprimen con fortaleza como a los libros escolares, esos que yo llamo todoterrenos, porque pasan de mano en mano todos los días del año, escritos hasta entre los reglones, con páginas dobladas y sin embargo continúan en el camino de la enseñanza. El propio libro parece más héroe que nuestro Neftalí Larraga, ese que Ovejero nos inculca, o nos obliga a entender como un dibujo calcado del paisaje social cubano.

No quiero a su héroe porque no supo luchar por su vida propia, ni por la de los demás. El verdadero revolucionario es aquel que lucha contra el que le niega la libertad. Neftalí está encerrado en el maná de una mujer a la que no quiere y además desprecia. No corre, ni brinca el muro de las lamentaciones que lo detiene en el tiempo. Que importan los cargos políticos, ni la pobreza, ni las ideas revolucionarias.

Le celebro su crítica a la sociedad española que no pudo aceptar a un cubano en el núcleo familiar solo porque no eran aceptables sus reaccionarias ideas, y porque era perseguido, y porque no tenía una peseta para comprar el pan.

¿Acaso le dieron la oportunidad de mejorar su vida y la de la madre de su hija? Pienso que huyó por inmaduro y por temerle a una masacre. No he sufrido la persecución, pero Neftalí fue cobarde. Pablo de la Torriente fue a morir a España. Neftalí regresó como un león, pero con la cola entre las patas huyéndole al fascismo familiar más que a Franco. Neftalí se suicidó en un hospital de La Habana, enfermo de amor.

Mercedes, una de las hijas, creía que su padre no había sufrido en vano. Pero ¿de qué sirven dos corazones arrepentidos después de cincuenta años sin verse, sin hablarse, sin tocarse? ¿No era mejor vivir esos cincuenta años juntos?

Si de veras está basado en hechos reales perdónenme sus familiares, comprendan que Neftalí solo fue un monstruo, hijo del central Preston, y con una vida cronometrada que se hundió en Bidasoa. El resto del tiempo fue un fantasma, porque Fermina no se dio cuenta. Quizás estoy demasiado influenciado por el amor de otra Fermina, que en tiempos de cólera navegó el río junto a su héroe.

El mismo autor termina sus agradecimientos de la siguiente manera: “algunos no aprobarán lo que he escrito”.

Memorias de un sabio triste.

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memoria-de-mis-putas-tristesUn sabio triste de noventa años que desde muy joven fue poseído por los placeres del sexo cuando Castorina, la reina de una casa de placer, lo violó sobre su cama. Ese es el personaje principal de la última novela de Gabriel García Márquez: Memoria de mis putas tristes.

“Desde muy joven me di cuenta de que ninguna es impune”, dice el narrador personaje de este libro muy temprano en la novela, esta sentencia nos avisa de cómo ha sido de agitada la vida de semejante escritor.

El principal, que no tiene nombre en la novela es conocido también como el sabio, por sus dotes de escritor y por su afamada columna dominical que en un momento le intentaron cambiar de posición unos jóvenes que creían estar haciendo la revolución, pero solo consiguieron que la columna fuera mas leída y más buscada, gracias a las reflexiones a las que el sabio sometía a sus lectores. En ese intento de cambio el nonagenario respondió: “el mundo avanza, sí, pero dando vueltas alrededor del sol”.

Me queda la duda si este hombre es realmente sabio o erudito. Por sus lecturas puede ser el segundo, pero por sus experiencias, en lo que es realmente sabio es en el sexo y en el amor.

A la edad de noventa años este señor quiere hacerse un regalo casi impensado a esta edad. Acostarse con una muchacha de catorce años a la cual llamó Delgadina, porque le recordaba un bolero de su juventud. Gabo, en esta obra, rinde tributo al bolero diciendo de él que es la vida.

Delgadina, hermana mayor de una familia muy pobre, es ponedora de botones en una fábrica, labor que la agota muchísimo. Este cansancio y unos sedantes que le daba la patrona de la casa hacían que la delgada muchacha durmiera toda la noche sin darse cuenta del “papa feo” que tenía a su lado y que la amaba en la oscuridad de la noche, dedicándole lecturas, besos y pedazos de canción.

“Siempre había necesitado el silencio para escribir porque mi mente atendía más a la música que a la escritura. Entonces fue al revés: solo pude escribir a la sombra de los boleros. Mi vida se lleno de ella”. Así se ilustra el mismo anciano escritor antes y después de conocer a Delgadina, su ¿verdadero? amor.

“El amor no es un estilo del alma, sino un signo del zodíaco”, es el concepto de este sentimiento que tiene semejante personaje, lleno de aventuras eróticas en todos los burdeles de la ciudad. El Inmanuel Kant del sexo, porque nunca abandonó su ciudad, y en la misma cama que nació, murió. Además a la edad de noventa años enrumbó el tono de su columna hacia temas más suaves, pero llenos de su filosofía, creando así una crítica a la razón amorosa, tanto que una de sus complacientes en su vida anterior lo llama el rey del amor.

“La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados”. Esta filosofía del amor la descubre después de aquella primera noche junto al cuerpo maltratado y decrepito de la joven de catorce años, junto a la cual despertó el primer día de sus noventa años.

Dicen que no son buenas las comparaciones, pero muchos creen que la novela está inspirada en La casa de las bellas durmientes del japonés Yasunari Kawabata, premio nobel de literatura en 1968. El mismo Gabo nos avisa de este parecido, inicia la obra con las primeras dos oraciones de esa novela: “No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido.” En esta obra la dueña de la posada es Rosa Cabarcas, quien se encargo de encontrar a Delgadina para el sabio y la mujer que siempre apoyó este amor, sin importarle la edad de ambos y a veces ofreciéndoles gratuidades.

Castorina, me recuerda a la Betinha de José María Heredia, el poeta del Niágara. Ambas son las reinas de la posada y ambas complacen con gusto a un escritor, en el cual quizás encontraron el amor platónico.

Otro tema importante son los tipos de amor que en la obra aparecen. El más importante es el del sabio y la quinceañera. Pero el más fiel es el de Damiana, la mucama, quien dice que lloró veintiún años por él, pero la vida de éste era muy agitada. El imposible fue con Ximena Ortiz, a quien una vez vio desnuda y desde entonces se creo una atmósfera alrededor de ellos que si no hubiese sido por sus aventuras hubiera terminado casado y con siete hijos. Puedo contar también el de la secretaria que siempre le dejaba caer cumplidos delante de la gente, a los que el correspondía con respuestas rápidas e inteligentes. Incluso hasta Rosa Cabarcas sentía un amor oculto por él, pero nunca fue divulgado y los intereses de ambos o se parecían en nada.

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”. Hombre de aventuras sexuales al cual le recetaron no “morir sin probar la maravilla que es tirar con amor”.