Memorias de un sabio triste.

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memoria-de-mis-putas-tristesUn sabio triste de noventa años que desde muy joven fue poseído por los placeres del sexo cuando Castorina, la reina de una casa de placer, lo violó sobre su cama. Ese es el personaje principal de la última novela de Gabriel García Márquez: Memoria de mis putas tristes.

“Desde muy joven me di cuenta de que ninguna es impune”, dice el narrador personaje de este libro muy temprano en la novela, esta sentencia nos avisa de cómo ha sido de agitada la vida de semejante escritor.

El principal, que no tiene nombre en la novela es conocido también como el sabio, por sus dotes de escritor y por su afamada columna dominical que en un momento le intentaron cambiar de posición unos jóvenes que creían estar haciendo la revolución, pero solo consiguieron que la columna fuera mas leída y más buscada, gracias a las reflexiones a las que el sabio sometía a sus lectores. En ese intento de cambio el nonagenario respondió: “el mundo avanza, sí, pero dando vueltas alrededor del sol”.

Me queda la duda si este hombre es realmente sabio o erudito. Por sus lecturas puede ser el segundo, pero por sus experiencias, en lo que es realmente sabio es en el sexo y en el amor.

A la edad de noventa años este señor quiere hacerse un regalo casi impensado a esta edad. Acostarse con una muchacha de catorce años a la cual llamó Delgadina, porque le recordaba un bolero de su juventud. Gabo, en esta obra, rinde tributo al bolero diciendo de él que es la vida.

Delgadina, hermana mayor de una familia muy pobre, es ponedora de botones en una fábrica, labor que la agota muchísimo. Este cansancio y unos sedantes que le daba la patrona de la casa hacían que la delgada muchacha durmiera toda la noche sin darse cuenta del “papa feo” que tenía a su lado y que la amaba en la oscuridad de la noche, dedicándole lecturas, besos y pedazos de canción.

“Siempre había necesitado el silencio para escribir porque mi mente atendía más a la música que a la escritura. Entonces fue al revés: solo pude escribir a la sombra de los boleros. Mi vida se lleno de ella”. Así se ilustra el mismo anciano escritor antes y después de conocer a Delgadina, su ¿verdadero? amor.

“El amor no es un estilo del alma, sino un signo del zodíaco”, es el concepto de este sentimiento que tiene semejante personaje, lleno de aventuras eróticas en todos los burdeles de la ciudad. El Inmanuel Kant del sexo, porque nunca abandonó su ciudad, y en la misma cama que nació, murió. Además a la edad de noventa años enrumbó el tono de su columna hacia temas más suaves, pero llenos de su filosofía, creando así una crítica a la razón amorosa, tanto que una de sus complacientes en su vida anterior lo llama el rey del amor.

“La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados”. Esta filosofía del amor la descubre después de aquella primera noche junto al cuerpo maltratado y decrepito de la joven de catorce años, junto a la cual despertó el primer día de sus noventa años.

Dicen que no son buenas las comparaciones, pero muchos creen que la novela está inspirada en La casa de las bellas durmientes del japonés Yasunari Kawabata, premio nobel de literatura en 1968. El mismo Gabo nos avisa de este parecido, inicia la obra con las primeras dos oraciones de esa novela: “No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido.” En esta obra la dueña de la posada es Rosa Cabarcas, quien se encargo de encontrar a Delgadina para el sabio y la mujer que siempre apoyó este amor, sin importarle la edad de ambos y a veces ofreciéndoles gratuidades.

Castorina, me recuerda a la Betinha de José María Heredia, el poeta del Niágara. Ambas son las reinas de la posada y ambas complacen con gusto a un escritor, en el cual quizás encontraron el amor platónico.

Otro tema importante son los tipos de amor que en la obra aparecen. El más importante es el del sabio y la quinceañera. Pero el más fiel es el de Damiana, la mucama, quien dice que lloró veintiún años por él, pero la vida de éste era muy agitada. El imposible fue con Ximena Ortiz, a quien una vez vio desnuda y desde entonces se creo una atmósfera alrededor de ellos que si no hubiese sido por sus aventuras hubiera terminado casado y con siete hijos. Puedo contar también el de la secretaria que siempre le dejaba caer cumplidos delante de la gente, a los que el correspondía con respuestas rápidas e inteligentes. Incluso hasta Rosa Cabarcas sentía un amor oculto por él, pero nunca fue divulgado y los intereses de ambos o se parecían en nada.

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”. Hombre de aventuras sexuales al cual le recetaron no “morir sin probar la maravilla que es tirar con amor”.

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