La felicidad como símbolo

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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

Escuchaba a Tom Waits, un músico bien atrevido, en el mismo momento en que leía una entrevista realizada por la agencia EFE a la cantante Omara Portuondo, donde declaraba sentirse “un símbolo de Cuba”. Tom Waits canta sonoridades propias del sur de los Estados Unidos; Omara, es conocida como “la novia del feeling”.

Ambos son símbolos por su música. Cierto es que Omara, Chucho, Eliades, Compay, Ferrer, el Buena Vista Social Club completo son embajadores de la cultura cubana. Ellos han internacionalizado nuestra música por todo el mundo. La verdadera música cubana. Continuar leyendo

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Calor, Jazz y ganas de verte

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Top_quality_black_and_white_nude_womenAlejandro aflojó un pedo y el calor mientras el calor en el aula era insoportable. Aitana se refrescaba con su abanico cuando sintió la expulsión del aire. No paró de reírse hasta que el profesor notó que algo sucedía. Alfredo se abanicaba con el ejemplar de el artemiseño que le regalé. Ahora el profe comienza a leer un diálogo entre un tipo que toca el Saxo y una mujer que ama el jazz. Trato de prestar atención. Imposible. El sueño me vence. Quiero dormir y la migraña está comenzando. Hoy llueve otra vez en esta calurosa ciudad tropical. Otra tarde para escribir, leer o escuchar algún solo de guitarra. Estoy a dos kilómetros de mi casa, quiero salir caminando bajo la lluvia pero no vale la pena si no estás tú esperándome. Después de escribir un poco me despierto otro. Si pudiera escuchar a Salif Keita para espabilarme. Incluso hasta tiraba un pasillo de baile. Me gusta bailar frente al espejo, me saca el animal tropical y caribeño de descendientes africanos que llevo dentro. Ya el mal olor de la ventosidad ha desaparecido. El profe está hablando de deducción lógica y se pone a describir a Emiddio. Con el rabillo del ojo mira a Indra. Se nota que está deseoso de tenerla. Indra es entretenida y viene a clases con unas sayas cortas que dejan ver todo lo que necesita un voyeur profesional. No dudo que el profe de vez en cuando la piense en soledad. Sin embargo, Indra no parece una mujer fácil.

-Do you play any Jazz?

-Sure. I love Jazz.

Que diálogo más sencillo, pienso. Todos en el aula atienden pero le preguntan la traducción de la palabra Jazz al profesor. “Pero que gente caballero, pero que gente”, diría Estervina. Pero, y si Etervina tampoco sabe qué es el Jazz. Entonces, quise disertar sobre Charlie Parker, Duke Ellignton, o Miles Dives. Era una batalla perdida en la guerra del Carpe Diem. Entonces nadie me entendería y yo quería irme.

Hoy le hablé al subdirector de ti. Le dije unas cuantas mentiras porque él quiere saberlo todo. Yo sé que no te gusta que diga mentiras, pero José Manuel, el primero de mis fantasmas, me enseño que “al que pregunte para saber, mentiras con él”.

Pasó el hombre que vende pay de coco y de guayaba. Si tuviera 20 pesos. Es fin de mes y debo cobrar el lunes. Dobla la esquina y desaparece. La misma esquina donde mi bisabuela compra el pan. No lo detiene la lluvia. Ayer expuso la tesis Carlos. Él no oye Jazz, ni sabe lo que es un blog. Obtuvo 4 puntos con una disertación sobre la evolución de la blogosfera en Artemisa. Estoy muy contento por él, seguro celebró en grande. Pero mis horarios ya no me permiten celebrar. Estoy guardando mi tiempo libre para cuando estemos juntos. No quiero coger vacaciones.

¡Qué calor! Quisiera tomar un mojito o un Cuba Libre con bastante limón. Nada de vino, ni Campari. Hoy es un día húmedo y a la húmedad nada la vence y me reseca la garganta. Es posible que mañana amanezca ronco.

Voy a copiar la tarea. Aitana todavía se ríe. Tengo sed y ganas de escribir. Alfredo encendió la lámpara. Ahora veo mejor para escribir. Me duele la cabeza y ya me quiero ir.

Herramientas para un escritor-periodista

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periodista-cubano-por-cueta-propia“Al alcance de la mano tengo  mis libros cómplices: los dos tomos del Primer Dicccionario Ilustrado de la Real Academia, de 1903; el Tesoro de la Lengua Castellana o Española de don Sebastián de Covarrubias; la gramática de don Andrés Bello, por si hubiera alguna duda semántica, como es de rigor; el novedoso Diccionario ideológico de Don Julio Casares, en especial por sus antónimos y sus sinónimos; el Vocabolario della Língua Italiana de Nicola Zingarelli, …, y el diccionario de latín, que por ser este madre de las otras dos lo considero mi lengua natal”.  Así se ilustra Gabriel García Márquez en el segundo capítulo de Memoria de  mis putas tristes.

Para ser escritor y sentirte eso, lee todo lo que tengas a la mano; compara, los clásicos están muertos y no se ofenderán por tus comparaciones. Hablando de clásicos, esos son los que debes leer con más detenimiento, marcando, rayando, aprendiéndote frases de memoria, y citándolas en tus escritos. Citar: no puedes citar sin autoridad, pero trata de hacerlo lo menos posible, crea el concepto de algo en tu mente, hazte una propia imagen de las cosas y enséñaselas a los demás; les gustó, bien; no les gustó, mejor, lo mejoraras. Hay que cantar en el estadio si el equipo va ganando y si va perdiendo mejor, hay que seguir cantándole.

Cuando veas una hoja en blanco, no le tengas miedo, dale duro a esa cosa, como dice Charles Bukowski, pero no sigas mucho los consejos de ese escritor, te incita a tomar cerveza y te lo digo, la cerveza se te enreda en el paladar y ese gusto después no hay literatura que te lo quite.

Trata siempre de tener a mano el diccionario de sinónimos de Roque Barcia, algún texto de Literatura preceptiva, el Curso Superior de Sintaxis Española de Samuel Gili Gaya para aclarar semánticas también.

Lee todo los que puedas en tu lengua original, pero no olvides nunca a los franceses: son los mejores. Lee Oscar Wilde, los sonetos y el Hamlet de Shakespeare, el Fausto de Goethe, Rayuela de Cortázar, Crimen y Castigo de Dostoievski (es el preferido de Condoleezza Rice), la guerra y la paz de Tolstoi, los poemas de T. S. Elliot. Lee a Carpentier, Lezama y Martí, pero no olvides a los franceses. Aprende algo de política y trata de no equivocarte en las cuentas, tal vez un día te joden por no saber que ganaste vendiendo un libro de diez mil copias.

Escucha música, cómprate un mp3, un mp4 o un iPod, están baratísimos en cualquier lugar del mundo. La música “inspira” para escribir. La inspiración para un escritor no debe existir, menos para un periodista, pero la música es un empujón que quizás como principiante necesites.

Dice Gabo que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Tú no eres nadie para determinar si es oficio o profesión, lo tuyo es escribir. El Gabo es, quizás, el único escritor millonario de este mundo, el puede decir lo que le de la gana. Por eso empecé con él.

Aprende filosofía. Lee a los clásicos griegos, a los alemanes y su profunda escritura donde cada palabra es solo superficie y el lector interpreta una profundidad de ideas que provocan después libros de ensayos. Eso también, lee los ensayos te ayudan a comprender y entender.

Enamórate al menos una vez al mes. Si encuentras a la pareja indicada, enamórate todos los días de ella, escríbele y no pares de hacerlo, o sí, cuando le estés demostrando tu amor. Dedícale muchos poemas a muchas mujeres, no se que le puedes dedicar a un gay, tal vez a ellos no le gustan los poemas y sí las escenas eróticas, pero trata de que en cada escrito ilustres un personaje que eres tú y una utopía que es tu pareja. Lo imposible resulta más placentero que lo fácil.

Aprende más de un idioma, el francés por ejemplo. Para que puedas leer en el idioma original. Lee y escribe como Jean Paul Sartre, en su autobiografía Las palabras. Critica y has conclusiones, dialoga (para aprender a dialogar está Platón), interpreta y recoge con letras tus sueños, tus imaginaciones, tus realidades. Escribe sin miedo, pero antes de hacerlo demuestra que has leído mucho. No olvides a los franceses.