Una comunidad donde prima lo singular

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ARTEMISA.— En un espacio donde confluyen en perfecta armonía la naturaleza y el hombre, crece un proyecto comunitario des­de una experiencia rural de desarrollo sostenible.

El Plan de Desarrollo Integral Sierra del Ro­sario —que tuvo entre sus objetivos reforestar áreas devastadas por la tala indiscriminada y abarcó 5 000 hectáreas en la sierra del mismo nombre— fue la antesala del nacimiento de esta comunidad, conocida como Las Terrazas, haciendo referencia al sistema em­pleado con el referido fin: el terraceo.

VUELTA A LAS RAÍCES

Según Dennelys Fuentes, directora de de-sarrollo comunitario, “este sitio surge con el objetivo de agrupar en un pequeño asentamiento poblacional a campesinos que vivían en la zona en condiciones muy precarias, razón por la cual se les fueron garantizando de forma paulatina, servicios indispensables que ya estaba aportando la Revolución en otros lugares del país, como electricidad, sa­lud, agua potable, educación y otros.

“En principio se hicieron 45 casitas a las que se mudaron algunos campesinos que creyeron en una propuesta que les aseguraba un estilo de vida diferente al acostumbrado, pero les garantizaría una mejor calidad”. Las viviendas fueron construidas a partir de sus sugerencias y poco a poco se comenzaron a notar los cambios y un desarrollo creciente.

“En 1985 la Unesco declaró el área de 25 000 hectáreas de la Sierra del Rosario en la que está enclavada esta comunidad, como la primera Reserva de la Biosfera del país, categoría que favorece el escenario en el que continúa creciendo una localidad pintoresca que inicialmente sostuvo económicamente a sus pobladores utilizando como pretexto la actividad agropecuaria y posteriormente, tras los embates de la crisis económica de los años 90, con la actividad turística”, manifiesta.

LOS TERRACEROS


Margarito Barbosa tiene 96 años y es uno de los fundadores. Fue de los que se aventuraron en este proyecto: ayudó en el terraceo y luego en las labores constructivas. En los inicios, lo nombraron responsable del funcionamiento de la comunidad y desde entonces lo llaman el alcalde. “He dedicado casi una vida a este espacio, he trabajado muchísimo y no me duele ni una coyuntura”.

Muy apegada a Margarito, a quien la unen nexos familiares, se encuentra Rita Rivero. Vino con un año de nacida, una vez casada se vio ante la necesidad de hacer su vida en otra parte y hace cuatro años regresó; desde entonces se desempeña como promotora cultural. “Como dice una amiga, algunos te­rraceros emigran, pero al final siempre vuelven”, comenta.
“Contamos con un programa de actividades culturales que tienen espacios fijos, a los cuales se insertan quienes nos visitan”. Entre estos menciona La noche cubana, La peña del grupo de Polo Montañez, y la del grupo Alabao, El jueves con mi pueblo, la discotemba, la discoteca juvenil, y otros.

La joven Dairys Cruz, su hija, dice que “en la localidad la mayoría somos como una familia, y lo tenemos todo, sin necesidad de salir. El que viene a vivir para acá, después no se quiere ir”.

Bárbara Martínez, otra de las fundadoras, tenía 17 años cuando llegó a Las Terrazas a pasar el servicio social, y desde entonces ya han pasado más de cuatro décadas. Aquí conoció a Cirilo Rodríguez —también pionero en estos parajes— y formaron juntos una familia. “Para mí este sitio ha sido una escuela. Además, la responsabilidad y disciplina en el trabajo me hicieron una mejor persona”.

Desde los 13 años José Sosa vino para este asentamiento. Ahora se desempeña como de­legado, y es la segunda oportunidad en que asume dicha función. Como parte de las su­gerencias del pueblo y con el apoyo del complejo se realizan varias acciones en estos mo­mentos. “Tienen lugar labores en la reparación de cubiertas de las viviendas, los entrepisos, así como los salideros; en la pintura de las fachadas; el remozamiento y reposición de subviaderos y la preparación del terreno para la construcción de nuevas viviendas”, asegura.


Esta es una de las comunidades de nuevo tipo de las creadas a inicios de la Revolución que todavía perdura. “Lo que la hace única además de su gente es un sistema en el que la dirección de desarrollo comunitario se en­carga de facilitar el trabajo del delegado del Poder Popular; es el puente entre este, las necesidades del pueblo y los recursos que se ponen a disposición de la localidad desde el complejo”, precisa Dennelys Fuentes.

De las utilidades que se obtienen de la actividad turística un 16 % se pone en función del desarrollo local, y adicionalmente hay con­­templado un grupo de gastos en el presupuesto de la dirección comunitaria con los mismos fines.
En saludo al aniversario, que se cumple este 28 de febrero, los pobladores de Las Terrazas se han sumado a un grupo de actividades, entre estas el taller Rescate de tradiciones; una Feria del Libro, acompañada de un programa deportivo recreativo para los más pe­queños, música infantil y variadas ofertas gastronómicas; presentación de la agrupación danzaria Ayeley de la Montaña y la actuación de Los Hermanos Morales, am­bos de la comunidad y encuentro con fundadores.

SI DE DESARROLLO SOSTENIBLE SE TRATA

La comunidad cuenta actualmente con  273 núcleos familiares y 1 300 habitantes. A lo largo de estos años se ha logrado incorporar a su infraestructura diversos servicios, de modo que las personas no se vean obligadas a salir de aquí para encontrar lo que necesitan.

La población económicamente activa al­canza la cifra de 629 personas, de ellas, el 62 % trabaja en el turismo, el 30 en el área de los servicios comunitarios y el ocho restante en la actividad forestal.

“Los comunitarios son los primeros en disfrutar de los productos turísticos que se ofertan en el área, pues donde viven es el escenario en el cual se desarrolla esta actividad. Son los guías naturales de aquí, ya que los turistas intercambian directamente con ellos”, asevera la directora de desarrollo co­mu­­ni­tario.

“El desarrollo sostenible trata de favorecer a las generaciones presentes sin comprometer a las generaciones futuras. Ha­cemos sostenible este lugar además de trabajar en forma creciente en mejorar la calidad de vida de los habitantes, también laborando en función de favorecer la protección al medio ambiente, la producción agrícola, la introducción de alternativas para el ahorro de energía, entre otras”, agrega.

“La comunidad es la esencia de una experiencia rural de desarrollo sostenible, única en el país, que exhibe resultados favorables, no solo en el orden económico, medioambiental, sino también y fundamentalmente en el orden social, con la inserción en este escenario de las nuevas tecnologías y su utilización de la manera más apropiada, el trabajo en función del desarrollo de la cultura local, el fortalecimiento del patrimonio histórico me­diante las instituciones encargadas; motivos de atracción para quienes nos visitan”.

Tomado de Granma

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La naturaleza, templo universal

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Por Manuel Alejandro Hernández Barrios

manuel@artemsiadiario.cu

La naturaleza, templo universal, alberga la vida como un eterno presente. A veces uno camina por ella sin admirar ese coloreado tapiz, y la ensucia, y tira un papelito o el envoltorio del caramelo o la lata, porque hay ruidos que llaman la atención.

En Artemisa el rojo de las llanuras contrasta con el verde de las montañas en una matriz agroecológica conformada por espacios para el cultivo y la ganadería y por áreas dedicadas a la protección del medio ambiente y a todas las especies de animales y plantas que lo conformen.

Desde 1985 la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario se encarga de la conservación y la gestión ambiental de 25 mil hectáreas de bosques tropicales y semideciduos al norte de esta provincia. Ese espacio es administrado por los especialistas de la Estación Ecológica radicada en las afueras de la Comunidad Las Terrazas, desde donde se realizan proyectos de investigación que indagan en los aspectos de la interacción naturaleza-comunidad y su vinculación con el turismo, descubriendo en esa coexistencia una relación sostenible.

La Estación desarrolla estudios y monitoreos de la biodiversidad y su medio ambiente en el territorio. Ha realizado el inventario de la flora y la fauna de la Reserva, y es la institución rectora de la conservación y cuidado al medio ambiente. Además, sus especialistas realizan estudios de impacto ambiental y actúan como vanguardias de la educación y divulgación ambiental.

Esta Área Protegida de Recursos Manejados abarca los municipios de Artemisa, Candelaria, Bahía Honda y Mariel y es administrada por una Junta de Administración. En ella habitan el llamado lagarto de río, especie exclusiva de la región; la que pudiera ser la rana más pequeña del mundo; más de una veintena de especies de aves endémicas de Cuba y otro centenar pueden ser observadas allí, por ello fue declarada además como Área Importante para la Conservación de las Aves (IBA).

Son los murciélagos los mamíferos con mayor número de especies en la Sierra del Rosario. También, aunque en escasas poblaciones, puede verse el venado y la jutía, ambos en veda permanente.

De las ocho comunidades distribuidas en la Reserva, la mayor y más original es el Complejo Las Terrazas, que aporta un agradable contraste insertada en el paisaje natural, con modernas viviendas de techos de tejas y ventanas que abren hacia el exterior. Los atractivos naturales y culturales se combinan allí de manera armónica, siendo éste un sitio donde mejor se puede ver una sostenible interacción hombre-naturaleza en Cuba.

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Café

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Mantengo una costumbre que no sé cómo llegué a obtener. Quizás fue en las mañanas de verano en el cuarto de mi abuela Ofelia, o en la mesa de carpintero de mi abuelo desconocido. Un vicio aprendido me levanta todos los días a las seis de la mañana. Mientras escribo lo huelo y su sabor acompaña mis mejores conversaciones. Debería existir un ritual para esa adicción universal.

Café, noble bebida que según el apóstol Martí “mantiene un misterioso comercio con el alma”. Degustado por devotos y ateos en cientos de formas. Inspiración de poetas, misa de novelistas, personaje de dramaturgos.

Degustarlo es el momento más espiritual de mi día. Es la esencia que aviva mi cuerpo.

El café cubano, ese que por las mañanas cuela una cafetera italiana, es carretero, montañés, fuerte o mulato; no es expreso, es amargo. Es la primera cortesía que se recibe durante las visitas. Su pariente más cercano, el té, se restringe a espacios más íntimos o selectivos.

Cafetera italiana o Moka

Cafetera italiana o Moka

Recuerdo cuando recogíamos café en las lomas de Pico prieto. Olíamos la fragancia de las blancas flores, de los frutos amarillos o rojos, o masticábamos las semillas para vivificar al cuerpo –algo tan sabio como aquello que dicta: “a falta de pan, casabe”.

Allí permanecíamos desde antes de salir el sol hasta las tres de la tarde seleccionando cafetos debajo de la humedad, con una camisa de mangas largas y algunas santanillas en el cuello. En las montañas de la Sierra del Rosario se cultiva, entre muchas otras, las variedades caturra y Moka. Mientras recolectábamos los cafetos, escuchábamos las historias de un mulato barbudo con acento oriental. Onelio Cardoso debió conocerlo. Nos contó que una vez se puso a afilar su hacha, sentado en un tronco, y cuando terminó, notó que estaba en otro lugar del monte; resultó que el tronco era un majá. Se asustó tanto que la emprendió a hachazos contra el reptil pero el hacha se amelló y el cabo se partió y tuvo que salir corriendo. En aquellos inmensos cafetales conocimos de un lagarto que se comía los dedos de los recolectores y hasta a mí se me ocurrió inventar que una vez vi pararse en dos patas a un ratón de 12 pulgadas y media, sin cola.

Eran los efectos de la montaña, la altura y el café. El mundo se volvía una cosa simple y la imaginación levitaba. Teníamos 13 años. Cosas que suceden cuando el café se mezcla con los ácidos del estómago. Por ejemplo, según el imaginario popular cubano, se considera que la borra del café puesta en los pies afloja el pecho. Así lo cuenta Argelio Santiesteban en su libro Uno y el mismo.

En otro libro, El monte, Lydia Cabrera recoge como testimonio que “el café es un consuelo y una necesidad que Dios le dio a los pobres. Se puede dejar de comer, pero no se puede dejar de tomar café”… “Sin café la vida no sirve”… “Es la medicina del corazón y del estómago. Lo que le da calor”. Y también nos alerta que no debe tomarse en todas partes.

Quizás el más famoso sea el italiano, el más tradicional el turco, el más mezclado el cubano, el más antiguo el árabe, o el más aguado el americano de los Starbucks. Existen cientos de recetas y miles de años de historia legitiman lo que significa tomarlo, degustarlo, ya sea sentado en el occidente, o de pie en el oriente. Como es deseado en todo el mundo, se han dicho de él millones de palabras.

Solo queda permanecer inmóvil ante el recipiente, piensa en cada detalle de lo que he dicho y lo que has oído además. Pruébalo, aunque sea la primera vez. No pienses en nada. Disfruta cada detalle de lo que ocurre.

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Beneficios del Café:

  • Antidepresivo
  • Reduce el riesgo de sufrir diabetes Tipo 2
  • Antioxidante
  • Reduce el riesgo de las piedras en la vesícula
  • Reduce el riesgo de la cirrosis hepática
  • Reduce la posibilidad de la pérdida de la memoria con la edad

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Jolgorio de los cantores para el cantor

Jolgorio para Polo Montañez
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Jolgorio: Regocijo, diversión con ruido y bullicio.

 Cuando todavía Fernando Borrego Linares no había decidido convertirse en cantor, se vio forzado a realizar disímiles trabajos para aprender que la inspiración es más bella mientras más humilde es el hombre.

Allá, en las tierras altas de la Sierra del Rosario, traza el río San Juan una curva fluvial que llega hasta el llano y quizás desemboca en el mar.

En su corriente, el corazón de Polo Montañés está vagando, en sueños. En sus márgenes está su última casa, hoy Museo. Por sus campos bordados de pomarrosas, macurijes, almácigos y majaguas caminaba solo, a veces triste, otras cansado, siempre pensativo. Y, con la melodía del agua inventaba canciones. Por eso, no fue casualidad que el cantor del rosario naciera el 5 de junio, día Mundial del Medio Ambiente. Continuar leyendo